Economía marxista para el Siglo XXI


Diego Guerrero

Febrero 2007
1. Intro 1
2. La libre competencia de los capitales 5
3. El Monopolio, según los marxistas 9
4. La competencia, según Marx 19. Bib 25-26.
I. Introducción
En el análisis de las relaciones económicas internacionales, hay tres enemigos principales del correcto entendimiento de las causas y consecuencias de las desigualdades entre países: las ideas convencionales de “monopolio”, “imperialismo” y “globalización”. Como es claro que, sin una adecuada concepción teórica global, es poco aconsejable descender a análisis más específicos, nos proponemos contribuir a estos de forma indirecta, intentando una clarificación de ideas esenciales como las de competencia y monopolio, su relación mutua y el tratamiento dado a la misma en la tradición marxista del pensamiento económico.
Entre los enemigos viscerales del monopolio –donde sorprendentemente se cuentan desde Adam Smith a Milton Friedman, pasando por Lenin, Sweezy o los economistas cubanos contemporáneos– circula la idea (simple y simplista) de que todo iría mucho mejor si no existieran monopolios. Adam Smith imputaba a los monopolios del “sistema mercantil” el origen de la inferioridad de la economía precapitalista respecto de la “actual”, basada en la Mano Invisible del mercado. Igualmente, Milton Friedman y los ultraliberales actuales imputan al monopolio buena parte de los males de la economía actual. Por una parte, y en defensa de las bonanzas del capitalismo, los liberales no tienen inconveniente en acusar de ineficiente al monopolio con tal de ensalzar, como en el negativo de una fotografía, las bondades de la competencia perfecta, a la que tanto se parecería la economía actual si no existieran ese y otros pequeños “fallos de mercado”(i). Por otra parte, su odio al gobierno los lleva a convertirse en enemigos del monopolio y la gran empresa, a los que identifican con el primero (ii). Pero entre ambos extremos, y lamentablemente, autores como Lenin, Sweezy y tantos otros marxistas se han dejado seducir por la idea de que el autor de buena parte de los males de la sociedad moderna es esa forma potenciada de monopolio que es la gran empresa trasnacional actual.(iii)

Notas

i Según el enfoque tradicional, la empresa monopolista produce una cantidad inferior, y lo hace a un precio superior, que en competencia perfecta. Pero según el enfoque dinámico de la competencia, esto no es necesariamente así: si la empresa monopolista no tiene los mismos costes que la de competencia perfecta –y no hay razón alguna para que sean idénticos–, la situación puede ser la contraria, con lo que se
derrumbaría de un golpe la enorme cantidad de literatura sobre los efectos perniciosos del monopolio en términos de Economía del bienestar.
ii En una larga entrevista publicada dos meses después del 11–S en el diario El País (domingo, 11 de noviembre de 2001, pp. 10–11 del Suplemento Negocios), Milton Friedman mostraba claramente la concepción liberal del monopolio, junto a las diferencias que, en torno a la cuestión más general de la intervención del Estado en la economía, existe entre el (ultra)liberalismo dogmático que él representa y el
(ultra)liberalismo pragmático del líder de su partido, el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush. La coherencia liberal de Friedman lo llevaba a declarar que “la guerra no debe ser un pretexto para la intervención del Estado”, y por eso criticaba que Bush hubiera ayudado con fondos públicos a las compañías de aviación y de seguros tras el 11-S. Pero asimismo, ante la pregunta de la periodista –“Su desconfianza hacia los políticos es grande, pero ¿no desconfía de las grandes empresas?”–, responde: “¡Por supuesto que sí! Los empresarios son los enemigos de una sociedad libre, toda empresa supone un gran peligro para los Gobiernos. Al fin y el cabo se sirven de los Gobiernos para sus propios fines (…) Por esa razón también estoy a favor de que el Gobierno sea más débil, más reducido, con objeto de reducir el poder de las grandes empresas.”
iii ¿Cómo se explica esta coincidencia entre un liberal procapitalista tan importante y esos autor marxistas anticapitalistas tan relevantes? Sin duda por razones políticas de varios tipos. Por una parte, todos ellos, a diferencia de lo que le sucedió a Marx, se dejaron atraer (unos más, otros menos) hacia el centro de la órbita teórica del liberalismo. Ninguno vio, como Marx, que el problema ya estaba en la pequeña empresa
individual, y aun en la propia mercancía y la contradicción que ésta encierra entre su valor de uso y su valor. En vez de eso, estos marxistas pensaban que el problema es que la gran empresa contradice la libertad de la pequeña empresa y su libre competencia. Se entiende bien que los liberales sean contrarios al monopolio. La razón es simple: al criticar lo que presentan como una deformación e hipertrofia de los
rasgos “buenos” del sistema, en el fondo están argumentando implícitamente a favor del sistema competitivo (al que se opone la actuación de los monopolios, en su opinión). En cuanto a los marxistas “antimonopolistas”, su error teórico parece residir en otro error de cálculo político: el de insistir en la consigna de “Todos contra los monopolistas: unámonos los asalariados y las clases medias en su contra, incluidos los pequeños empresarios”. Marx, por el contrario, prefería pensar que más valía una oposición cualitativamente consistente y consciente, aunque en principio fuera minoritaria, que una oposición cuantitativamente numerosa pero completamente heterogénea y ecléctica.

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