Economía marxista para el Siglo XXI

Archivo para junio, 2011

Una herramienta muy valiosa: la revista argentina Herramienta

Herramienta web 8.

Mayo de 2011
ISSN 1852-4729
Mariano Pacheco,  Juan Rey y Diana Hernández
Ana Lucía Serrano
Laura Alvarez y Claudia Composto
Hernán Ouviña
 
Fabio Luis Barbosa dos Santos
 
Valerio Arcary
Esperanza Aguilera Horta
Amaël François
 
Henrique Amorim

Teoría Política Latinoamericana, de Cicero Araujo y Javier Amadeo, compiladores

Christina W. Andrews

Una crítica marxista del análisis keynesiano sobre la crisis económica

Keynes trató de encontrar un camino para evitar el caos, sin tener que recurrir al socialismo. Pero todo indica que su teoría, aún más compleja que la teoría neolcásica de los ciclos, no ha logrado lo que su autor esperaba. Incluso con Keynes, el capitalismo marcha hacia el caos y la guerra.

Henri Houben (Instituto de Estudios Marxistas, Bruselas)

30-05-2011

http://www.marx.be

inem@marx.be

Contribución a la Sexta Conferencia de la Asociación Mundial de Economía

Política (Wape): “Las respuestas a la crisis capitalista: el neoliberalismo y más

allá”

Amherst, mayo, 28-29 de 2011

Traducción: www.jaimelago.org

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El papel imperial de Estados Unidos

Claudio Katz1, 2

El principal sostén del imperialismo contemporáneo es la intervención militar norteamericana. El gendarme estadounidense desenvuelve sus acciones a través de un sistema de bases militares (entre 700 y 1000), distribuidas en 130 países. Desde estas instalaciones resulta posible desplegar acciones bélicas coordinadas, en todos los rincones del planeta. La presencia global que asegura este dispositivo no tiene precedentes en la historia.

El sheriff del planeta

A pesar de contar con el 5 % de la población mundial, Estados Unidos maneja el 40% del gasto militar planetario. Este control indisputado de las fuerzas militares occidentales surgió del desenlace de la segunda guerra. El país emergió como una superpotencia vencedora, encargada de garantizar la supremacía capitalista sobre el adversario soviético. Desde ese momento todos los gobiernos norteamericanos han propiciado algún tipo de tensiones bélicas, frente a cada desafío de algún competidor.

Con esta finalidad priorizan el uso militar de las innovaciones tecnológicas y desarrollan una política de amenazas en el terreno atómico. Mediante estas presiones mantienen la superioridad bélica sobre sus viejos enemigos de la guerra fría y sobre cualquier contendiente potencial.

El militarismo norteamericano es amedrentador y se basa en una cultura de la violencia interna que se proyecta hacia el exterior. La tradición de conquistas fronterizas, el uso habitual de las armas, la privatización de la seguridad y la brutalidad del complejo carcelario signaron la historia de un país, que actúa como sheriff internacional.

Esta supremacía militar constituye un rasgo distintivo del imperialismo contemporáneo, en comparación al precedente clásico. Explica en gran medida la ausencia de conflagraciones inter-imperiales y el grado de asociación mundial de capitales.

La principal función del arsenal norteamericano es garantizar la reproducción capitalista en todo el orbe. Cumple una función de protección, que cuenta con el visto bueno de todas las clases dominantes. Estos sectores observan al garante estadounidense como un respaldo de última instancia, frente a la insurgencia popular o la inestabilidad geopolítica.

Este sostén se materializa en una red de alianzas, que le permite al Pentágono ejecutar sus acciones internacionales a través de organismos formalmente asociados (OTAN). Esas instituciones disfrazan el control norteamericano de las decisiones militares, mediante despliegues de efectivos con máscaras de neutralidad (Cascos Azules).

Este arrollador liderazgo bélico determina la influencia gravitante que ejerce Estados Unidos en los principales organismos internacionales (Consejo de Seguridad de la ONU). Otras instancias más informales (G 20) dependen también de las convocatorias y agendas, que establece la primera potencia.

El Pentágono y Wall Street

El sostenimiento financiero de la estructura militar norteamericana se internacionalizó en las últimas décadas. A diferencia de la posguerra, el complejo industrial-militar ya no cubre sus gastos mediante la recolección de impuestos internos. Como el resto de la actividad estatal, depende de la continuada absorción de los capitales externos, que solventan un déficit fiscal monumental.

La primera potencia socorre militarmente a sus aliados y garantiza la reproducción global del capital. Pero solventa su actividad con préstamos externos y necesita, por lo tanto, exhibir solidez bélica. Esta combinación de exigencias conduce a un reforzamiento constante de la apuesta armamentista, como única forma de asegurar la afluencia de capitales foráneos a la economía norteamericana. La colocación exitosa de bonos del tesoro exige una persistente sucesión de agresiones, que a su vez aceitan la financiación de nuevas matanzas.

1

Este artículo forma parte de un libro sobre el imperialismo contemporáneo de próxima aparición.

2

Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su página web es www.lahaine.org/katz

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