Economía marxista para el Siglo XXI

Archivo para diciembre, 2011

Revitalizing Marxist Theory for Today’s Capitalism

Research in Political Economy, v. 27, 2011

Part I: Growth and Finance: Mainstream Limitations and Marxist Insights

A Critique of Mainstream Growth Theory: Ways Out of the Neoclassical Science (-Fiction) and Toward Marxism
Rémy Herrera (pp. 3 – 63)

From Growth Stagnation to Financial Crisis: Unproductive Labor as a Missing Link in Mainstream Theory
Robert Chernomas, Fletcher Baragar (pp. 65 – 80)

Crisis Theory and the Great Recession: A Personal Journey, from Marx to Minsky
Riccardo Bellofiore (pp. 81 – 120)

“Financial” vs. “Real”: An Overview of the Contradictory Role of Finance
Özgür Orhangazi (pp. 121 – 148)

Part II: Discovering and Renewing Marxist Theory

Nikolai Sieber: An Introduction to a Political Economist Approved by Marx
James D. White (pp. 151 – 154)

Marx’s Economic Theory
Nikolai Ivanovich Sieber (pp. 155 – 190)

The Value and Price of Information Commodities: An Assessment of the South Korean Controversy
Heesang Jeon (pp. 191 – 222)

Lenin’s Economics: A Marxian Critique
Seongjin Jeong (pp. 223 – 254)

Class Struggle in Production and Devalorization of Capital
A.D. Magaline (pp. 255 – 268)

Part III: Debating Positivist Marxism

Marxism, Crisis, and Economic Laws: A Comment
Gary Mongiovi (pp. 271 – 284)
Crisis, Marxism, and Economic Laws: A Response to Gary Mongiovi
Alan Freeman (pp. 285 – 296)

Una revista japonesa interesante

Los artículos en inglés de la The Kyoto University Economic Review se encuentran en el enlace. Van desde los publicados en los años veinte del siglo XX hasta los de los años noventa. Algunos de ellos son de autores marxistas.

Entrevista a David Harvey

En esta entrevista Harvey señala que: 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=141885&titular=%93las-crisis-son-necesarias-en-el-capitalismo-como-una-forma-de-reorganizar-el-sistema%94-
Entrevista a David Harvey

“Las crisis son necesarias en el capitalismo como una forma de reorganizar el sistema”

 

Bárbara Schijman

librered.net

 

 

David Harvey es uno de los geógrafos académicos más citados, así como también un referente indiscutido a la hora de desentrañar la naturaleza cambiante que subyace a las crisis del sistema capitalista y el modo en que ellas despliegan sus alas para moverse geográficamente. En una entrevista con Debate, Harvey explicó el origen de la crisis financiera actual, sus consecuencias, los distintos modos de afrontarla, y los beneficios ocultos de la misma para sectores minoritarios del poder global. Asimismo, Harvey advierte sobre la posibilidad de haber previsto el devenir de los acontecimientos y reivindica la necesidad de buscar alternativas al sistema capitalista tal cual opera hoy. Para ello, propone “mudarnos a una economía de crecimiento cero”, y echar mano a la imaginación humana para lograr el “desarrollo de las capacidades y los poderes humanos”, cuestiones estas últimas “ignoradas por la dinámica del capital”.

 

¿Cuáles son los rasgos centrales de la crisis financiera mundial?

En toda crisis, lo interesante es observar el modo en que ella se mueve. Cuando parece que un problema se resuelve, otro surge enseguida. Por ejemplo, pareciera que se ha resuelto el problema de los bancos, pero entonces apareció la crisis fiscal. Al mismo tiempo, la crisis se mueve de otro modo. Las tendencias a las crisis circulan también geográficamente. Esta es la naturaleza de las crisis. La crisis previa a la actual se resolvió de diversas formas. Una de las soluciones que se desarrolló, durante los años noventa en particular, tuvo que ver con localizar la procedencia de la demanda. Así fue que se comenzaron a impulsar préstamos y se alentó a la gente para que pidiera tarjetas de crédito. De este modo, los préstamos financieros comenzaron a utilizarse para hacer frente a los problemas que se derivaban del hecho de que la gente no ganaba lo suficiente y, por consiguiente, no había poder de consumo. Ahora, nos encontramos con el problema del consumo masivo, pero también con el problema de la deuda.

 

¿Es factible identificar el comienzo de la crisis?

En este caso puntual, el origen de la crisis se localizó en los mercados de vivienda, sobre todo en algunos lugares de los Estados Unidos, como California, Arizona, Nevada, Florida y Georgia; los centros principales de la crisis. Esta última se manifestó también en España, Portugal, Irlanda; lo que evidenciaba que la crisis contenía una dimensión urbana. Por ello, se debería considerar a las relaciones existentes entre la urbanización, la formación de la crisis y la resolución de la crisis. En lineras generales, la crisis se trasladó al mundo a través de actividades financieras. China salió rápidamente de la crisis, lo mismo India. Es claro que una parte del mundo está creciendo rápidamente mientras que Europa, Estados Unidos y Japón están bloqueados. La cuestión geográfica es muy complicada; hoy el mundo está dividido entre quienes orientan sus relaciones hacia China, que está creciendo a pasos rápidos, y quienes lo hacen mirando a Estados Unidos y Europa, que están completamente estancados.

 

¿Hubiera sido posible anticiparla?

Sí, fácilmente. Podría haber sido prevista por quienes miran el funcionamiento de la economía. En Estados Unidos, por ejemplo, estaba claro que algo andaba muy mal al final de los noventa: quebraron Enron y WoldCom, y creo que cualquier persona que estuviera algo atenta podía notar que algo estaba yendo mal, pero fue disimulado y tapado con este boom en el mercado de la vivienda. En 2003, uno podía encontrar gente que decía que esto no podía ser cierto, que no podía durar, gente proveniente de las corrientes principales del poder y con influencia. Pero nadie escuchó.

 

Porque no era conveniente…

Exactamente, no convenía escuchar. Algunos estaban percibiendo mucho dinero a raíz de lo que estaba sucediendo.

 

¿Está ocurriendo lo mismo hoy?

Sí. Hubo un increíble aumento en el número de multimillonarios en el mundo en los últimos tres años. La crisis es un buen momento para concentrar grandes riquezas. Por ejemplo, en la Argentina de diciembre de 2001, quienes tenían su dinero en dólares eran muy ricos. Tres meses después, ese pequeño sector que tenía todo su dinero en dólares en alguna cuenta en Miami, se volvió extremadamente rico. Esa gente tenía información, puso su dinero en Miami y salió muy favorecida. En India, un país muy pobre, tres años atrás el número de millonarios era algo así como de 35, en este momento es de 69.

 

¿Cree que el surgimiento de cada nueva crisis tiene consecuencias más alarmantes que su predecesora?

Sin duda. El capital permite mantener activa la crisis y transformar su naturaleza. Entre otras cosas, en este momento se está tratando de volver la crisis a una cuestión laboral. Por eso, ahora también se vivencia en Europa y Estados Unidos un gran conflicto con el empleo, sobre todo en el sector sindical y el poder del trabajo en el sector público. En los setenta, esto ocurría en el sector privado, pero ahora están tratando de salir atacando nuevamente al trabajo, implementando lo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo a todos los países en el mundo, esto es, diciendo que los sacarán de sus problemas de deuda siempre y cuando reduzcan la calidad de vida de sus trabajadores. Esto le ocurrió a México y a la Argentina, entre otros países. Por eso, la complicación en todo esto tiene que ver con que las crisis están acostumbradas a moverse geográficamente.

 

¿Puede ampliar la idea respecto de la naturaleza cambiante de la crisis?

El capital puede atravesar dificultades de diferente índole. Por ejemplo, dificultades relacionadas con la escasez y el suministro de recursos. Por otro lado, aparecen problemas en torno al empleo, que pueden surgir por la escasez de mano de obra. Se presentan también dificultades con la organización misma del capital. Luego, hay cuestiones relacionadas con la demanda final, y surgen dificultades que tienen que ver con si hay o no mercados a los cuales vender y dónde están. Y luego hay una cantidad de cuestiones geopolíticas que entran también a jugar, como la rivalidad entre Estados Unidos y China, o entre Estados Unidos y Japón. Existe un gran abanico de bloqueos posibles y en un momento dado, por lo general, uno de ellos se vuelve dominante. Por ejemplo, en la década del setenta, el mundo del capital el trabajo era muy poderoso. La crisis de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta fue de trabajo. Más tarde, en la década de 1980 y 1990, el problema era el mercado y su localización. Ahora, el problema es a quién vender.

 

¿Qué opina de las políticas de estímulo?

En Estados Unidos nunca fueron suficientes, y en Europa tampoco. En cambio, en China sí funcionaron, y logró reimpulsar su economía.

 

¿Qué tipo de medidas deberían tomarse?

Si uno observa lo que está haciendo China, ve que al menos intenta mantenerse a salvo. Tiene mejores condiciones que otros países, fundamentalmente porque posee grandes reservas de divisas, un gran superávit; a diferencia de Estados Unidos, que tiene un gran déficit. Al mismo tiempo, es cierto que China se está topando con otro problema, que se registra también en América Latina. Si se toma una vía expansionista, se suele generar inflación, por lo que la inflación se convierte en el problema. La inflación es una ruta muy interesante; la gente le teme pero, en realidad, representa una de las formas para deshacerse de la deuda.

 

¿Cómo es eso?

Una de las formas de deshacerse de la deuda es “inflarla”, pero nadie quiere ser lo suficientemente honesto y decir que eso es lo que se podría hacer. Hay un problema de inflación unido a lo que está haciendo China, grave, pero que sería un mejor camino a tomar si el capitalismo quiere sobrevivir como sistema.

 

Y la ampliación de la expectativa de vida complica la situación…

Claro, los cambios demográficos, el envejecimiento de las poblaciones, etcétera, ejercen una presión enorme sobre los servicios médicos, las pensiones, existen algunos problemas reales allí. Pero se nos dice que ya no lo pueden afrontar. Por supuesto que lo pueden afrontar, si se está preparado a cobrar impuestos a las clases altas.

 

¿Qué efectos cree que pueda tener la crisis sobre América Latina?

Depende de dos cuestiones. Por un lado, de la orientación externa que un país determinado le dé a su economía. En función de cómo y hacia dónde reoriente su economía va depender de lo que sucede en esa parte del mundo, sea China, Estados Unidos o Europa. Por el otro, depende también de su política interna, esto es, en qué medida se escuchan las ideas del FMI o las ideas sobre austeridad y la necesidad de aplicarlas. En general, América Latina es una región con una fuerte oposición a las políticas neoliberales del FMI y tiende a ser expansionista de varias maneras.

 

Entre las diversas formas de encarar la crisis, ¿cree que existe una suerte de manejo cultural de la crisis?

No creo que se pueda argumentar a través de simples explicaciones culturales. Sí creo que existen preferencias culturales respaldadas por fuerzas económicas y que están muy involucradas en ello. Sin ir más lejos, los argentinos están acostumbrados a la crisis; tuvieron una crisis inflacionaria, una crisis de desempleo. En Estados Unidos, en cambio, la gente no está preparada. En este momento, la gente está muy enojada y no sabe cómo manejar su realidad. La primera respuesta que aparece es: “esto no nos debería suceder a nosotros; esta es la clase de cosas que le suceden a la Argentina, Brasil o México, pero no a nosotros”. Creo que la suposición acá, en la Argentina, es que se pueden tener años buenos, pero casi seguro que habrá algún otro “ya hemos pasado por esto”.

 

¿Estas crisis son inherentes al capitalismo?

El capitalismo fue siempre propenso a las crisis y, de hecho, las crisis son necesarias en la historia del capitalismo como una forma de reorganizar el sistema para que pueda sobrevivir.

 

En este sentido, ¿qué diría acerca de las alternativas al capitalismo?

Habría que entender primero la necesidad de encontrar una alternativa. El capitalismo empezó siendo muy creativo y constructor. Podemos decir que lo queremos cambiar por las grandes desigualdades que provoca. Sin embargo, existieron períodos en la historia del capitalismo en los cuales la sociedad se volvió mucho más igualitaria. Así que no hay razón para pensar que el capitalismo no pueda ser más igualitario. De hecho, a nivel mundial lo es cada vez más.

 

¿Entonces?

Entonces, ¿por qué queremos cambiar eso? ¿Por qué no proponer, simplemente, reformarlo? A este respecto, mi respuesta es que el capitalismo se trata de crecimiento, y siempre fue sobre crecimiento. Por lo tanto, cuando el crecimiento es bajo cero -y en este momento está cercano a cero en Europa y Estados Unidos-, la gente define la situación como crisis del sistema, porque no está creciendo como se supone que debe suceder con el capitalismo. La posibilidad de crecimiento real es cada vez más difícil de mantener y una de las consecuencias de ello es que se empiezan a crear estos mercados ficticios, con inversiones en renta, y con una creciente especulación. Empezamos a crear un mundo ficticio donde no hay crecimiento real en absoluto.

 

Y ahí aparece otro problema, el de la especulación…

Se especula con la propiedad; se les da dinero a los capitalistas, pero, ¿lo destinan a producir o compran tierras con ese dinero? Si se observa lo que estuvo ocurriendo en América Latina y África, muchos de los capitalistas están comprando tierras. Entonces, ¿qué está pasando con la crisis de la tierra? Ahora, ¿eso es productivo? Las cosas están yendo muy mal desde todas estas perspectivas. Por eso, quisiera tratar de diseñar una razón por la que tenemos que pensar en mudarnos a una economía de crecimiento cero. Y si se habla de una economía de crecimiento cero, eso significa que se trata de una economía no capitalista; no es posible tener capitalismo con un crecimiento cero, porque el capitalismo es crecimiento, y debe incrementarse para sobrevivir. Entonces, si no aumenta, hay crisis.

 

¿Y cuál podría ser esa alternativa?

Hay que notar la gran diferencia entre crecimiento y desarrollo; distingo y separo ambas cuestiones. Creo que el desarrollo de las capacidades humanas no requiere crecimiento. Siempre se nos dijo que sí, pero no es cierto. Y creo que el proyecto global debe apuntar al desarrollo de las capacidades humanas sin crecimiento económico. Lo que vemos ahora es que en realidad el desarrollo de las capacidades y los poderes humanos -lo que Marx llamó la prosperidad humana-está siendo, en efecto, negado por el capitalismo, aunque parezca increíble. Esta es otra razón de peso para buscar alternativas. La dinámica del capital ignora estas cuestiones, aún cuando produce bienes y materiales ligados a la riqueza que bien podrían contribuir a ello. Y nos llevó a una posición en la que podríamos utilizar esas capacidades que el capital genera para promover y apoyar un proyecto global completamente diferente. Es muy importante tener un poco de imaginación acerca de lo que el mundo podría ser, y el desarrollo humano siempre tuvo que ver con un mundo imaginario.

 

Pensar sobre lo que no existe.

Exacto. Creo que es elemental pensar sobre aquello que hoy no existe para trabajar en la creación de alternativas. La imaginación humana fue tremendamente significativa en esto. Sin ir más lejos, en la literatura suele aparecer una enorme galería acerca de los anhelos humanos de un mundo diferente. Si hicimos del mundo lo que es, hicimos de Buenos Aires lo que es, entonces podemos rehacerlo. Y rehacerlo en torno a un imaginario diferente, donde las relaciones sociales sean más igualitarias, más ecológicamente sensibles; podemos imaginar la reconstrucción de una ciudad, por ejemplo, como un proyecto político, en función de la creación de un mundo a partir de nuestros fuertes deseos.

Las medidas de austeridad¿Qué piensa de las medidas de austeridad que se están implementando en Estados Unidos y Europa?No creo que sean la salida a la crisis, al contrario, creo que la profundizan aún más. Si la crisis es fundamentalmente un problema derivado de la falta de demanda en el mercado afectado, la austeridad reduce la demanda efectiva, y ahonda la crisis. La dificultad radica en estimular la demanda efectiva sin aumentar la deuda. La austeridad no es una política sensata en estos momentos, a no ser desde la perspectiva excepcional de las clases altas. Es decir… En síntesis, la austeridad es una opción totalmente equivocada. Antes que nada, porque el impacto sobre las clases sociales es muy distinto. Las clases más vulnerables suelen ser las más perjudicadas, como en este caso. Pero más allá de esta última cuestión, lo cierto es que las clases más bajas gastan su dinero; y las clases altas, en cambio, lo utilizan para generar más dinero, y no siempre con fines productivos. A través de estas medidas los costos de la crisis se cargan, no sobre las clases altas, sino sobre quienes consumen servicios del Estado. Ocurre lo que siempre ocurrió, y de aquello sobre lo que se trata el FMI -y ha tratado siempre-, esto es, salvar a las instituciones financieras y destruir la calidad de vida de la gente.

 

¿Qué piensa de las medidas de austeridad que se están implementando en Estados Unidos y Europa?

No creo que sean la salida a la crisis, al contrario, creo que la profundizan aún más. Si la crisis es fundamentalmente un problema derivado de la falta de demanda en el mercado afectado, la austeridad reduce la demanda efectiva, y ahonda la crisis. La dificultad radica en estimular la demanda efectiva sin aumentar la deuda. La austeridad no es una política sensata en estos momentos, a no ser desde la perspectiva excepcional de las clases altas.

 

Es decir…

En síntesis, la austeridad es una opción totalmente equivocada. Antes que nada, porque el impacto sobre las clases sociales es muy distinto. Las clases más vulnerables suelen ser las más perjudicadas, como en este caso. Pero más allá de esta última cuestión, lo cierto es que las clases más bajas gastan su dinero; y las clases altas, en cambio, lo utilizan para generar más dinero, y no siempre con fines productivos. A través de estas medidas los costos de la crisis se cargan, no sobre las clases altas, sino sobre quienes consumen servicios del Estado. Ocurre lo que siempre ocurrió, y de aquello sobre lo que se trata el FMI -y ha tratado siempre-, esto es, salvar a las instituciones financieras y destruir la calidad de vida de la gente.

 

Fuente: http://www.librered.net/?p=13756

 

¿Interesante? y ¿Polémico?

Video: La doctrina del shock de Naomi Klein

Basada en el libro de Naomi Klein, La doctrina del shock trata del auge del llamado ‘capitalismo del desastre’. Éste insta a los gobiernos a aprovechar períodos de crisis económicas, guerras, desastres naturales, ataques terroristas y epidemias, para saquear los intereses públicos y llevar a cabo todo tipo de reformas a favor del libre mercado. Medidas tan despiadadas que sólo han podido imponerse mediante el miedo, la fuerza y la represión. La película rastrea los orígenes de este capitalismo salvaje en las teorías radicales el Premio Nobel de Economía Milton Friedman y su posterior implementación en todo el mundo, desde las dictaduras en Chile o Argentina de los años 70, a la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, la Rusia de Yeltsin, o las no tan lejanas invasiones neoconservadoras en Afganistán e Irak.

Aparecido en http://solidaridad-tv.blogspot.com/

México, otro capitalismo fallido

Gloria Martínez González y

Alejandro Valle Baeza

Ediciones Razón y Revolución (Biblioteca Militante) , Argentina 2011, 148 pag.

El libro se vende en los punto de distribución de Razón y Revolución en Buenos Aires y en la libreria de la Facultad de Economía de la UNAM en México

Índice del libro

Prologo por Juan Korblihtt  7

Introducción. 23

I Sociedad y política. 27

Movimiento Revolucionario del Magisterio 1956-60.

El Movimiento Ferrocarrilero de 1958-59.

El Movimiento Estudiantil de 1968.

El auge de los movimientos guerrilleros 1969-1975.

La insurgencia obrera de los años setenta.

La lucha electoral

Los feminismos en movimiento.

Luchas campesinas e indígenas.

II La economía. 51

Dónde está México.

El desarrollo hacia adentro.

La apertura al comercio y al capital foráneo.

Apéndice al capítulo II: Sobre el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones.

Las explicaciones ortodoxas.

Las explicaciones marxistas.

Indisponibilidad de capital dinero nacional

Desproporcionalidad entre el valor sustituido y el valor importado o estrangulamiento externo del crecimiento

III Las crisis del período neoliberal 1976-2008. 87

La crisis de 1976.

La crisis de 1982.

Crisis en 1986.

La crisis de 1994-1995.

La crisis de 2001.

La crisis de 2008-2009.

IV Trabajadores y capitalistas.  103

Trabajadores.

Salarios.

Se deterioran no sólo los salarios.

Desempleo y emigración.

Las perspectivas para los trabajadores.

Ejemplos de las luchas de los trabajadores mexicanos.

Capitalistas.

Organizaciones de capitalistas.

Neoliberalismo y capitalistas.

Una nueva burguesía trasnacional

V Conclusiones. 131

Violencia.

Estancamiento y ganancia.

Y sin embargo hay y habrá resistencia.

“¿Qué hace falta para salir de la crisis?”: J. A. Tapia Granados

Las turbulencias que se han producido en la economía mundial en los últimos meses hacen muy previsible una nueva crisis financiera como la del 2008. La deuda acumulada en los balances de los bancos y de los Estados y las escasas perspectivas de una reactivación de la economía mundial que pudiera echar tierra sobre esas deudas y “tirar el balón fuera del área” no parecen dejar mucho espacio para la duda.

Las masas astronómicas de dinero que hasta el comienzo de la crisis del 2007 circulaban en los mercados financieros internacionales buscando inversiones que rindieran “algo decente” y que después del 2009 volvieron en cierta medida a los mercados de valores haciendo que subieran las bolsas han sido cada vez más reticentes en meses recientes. La subida de los precios del oro, “inversión” que no solo no rinde nada sino que conlleva gastos asociados (de custodia, etc.) indica que muchos inversores tienen miedo de otra caída catastrófica de los mercados financieros y prefieren apostar al metal dorado. El dinero sigue afluyendo a los bonos del Tesoro de EEUU, considerados al menos como un activo “seguro”, a pesar de haber sido devaluados de categoría AAA a AA+ por la agencia Standard & Poors. Pero las agencias de calificación también han devaluado la deuda de varios pases europeos y la crisis de la deuda griega sigue creciendo como una bola de nieve, con la perspectiva de crisis financieras importantes en otros países europeos frente a las cuales ni el Banco Central Europeo ni los que mandan en la Unión Europea (Alemania y Francia) saben qué hacer.

Desde la crisis financiera del 2008 la demanda agregada ha sido débil en casi todos los países y en algunos como España la recuperación nunca se produjo. Pero la demanda agregada tiene dos componentes básicos, consumo e inversión, y ambos han estado deprimidos en años recientes. La inversión, que no es otra cosa que el uso de dinero líquido para adquirir bienes de capital o pagar salarios, se ha recuperado muy débilmente desde la recesión del 2007-2009. En general hoy resulta evidente que en la economía mundial las oportunidades de inversión son escasas, no hay buenas opciones que prometan rendimientos aceptables. Como indica el New York Times en primera página (25-10-2011) las cuentas corrientes de los bancos rebosan dinero, que ni sus propietarios ni los gerentes de los bancos saben cómo invertir. Todo parece indicar que la rentabilidad del capital está baja en general. Por otra parte, en Norteamérica, en Europa occidental y en general en los países de alto ingreso el consumo está en gran parte congelado por el endeudamiento de los hogares y por el altísimo volumen de desempleo, mientras que en los países de bajo ingreso los salarios son tan bajos que de ellos poca demanda agregada de consumo cabe esperar.

¿Qué hace falta entonces para que se reactive la economía mundial?

La solución keynesiana es básicamente el aumento del gasto público y, en alguna medida, medidas directas para favorecer el consumo reduciendo la deuda de los hogares. De la misma forma que el que tiene una hemorragia necesita un torniquete o una intervención quirúrgica y no buenos consejos sobre cómo evitar la obesidad y llegar sano a la senectud, dicen los keynesianos, la economía necesita un arreglo a corto plazo y de nada sirven los sermones sobre la sostenibilidad fiscal y sobre la necesidad de moderar el gasto público para reducir la deuda nacional. Según los keynesianos hay que aumentar el gasto, tomar medidas “agresivas” para reducir la deuda de los hogares mediante condonación y refinanciamiento de las deudas hipotecarias y las autoridades monetarias (la Reserva Federal estadounidense, el Banco Central Europeo, etc.) deben iniciar una ofensiva en todos los frentes para hacer que la economía “se mueva” y así disminuya el desempleo. En esta línea, en el Reino Unido se ha propuesto que se cree un Banco Nacional de Inversión a partir de bancos como Lloyds-TSB y RBS en los que hoy el Estado tiene una participación mayoritaria como consecuencia del salvamento de esos bancos en la crisis del 2008.

Lo que proponen los keynesianos parece tener serios problemas de factibilidad. En EEUU aumentar el gasto público se da de bruces con la oposición no solo de los republicanos sino de gran parte de los demócratas y del mismo presidente Obama. Por otra parte, la condonación y el refinanciamiento de las deudas hipotecarias no serían de ninguna manera bien vistas por quienes son acreedores de esas deudas. Dada la enorme cantidad de deudas incobrables o de dudosa cobrabilidad (sean hipotecas ninja, préstamos a empresas en apuros, o empréstitos al Estado griego, al Estado de California, o a algún otro Estado) que hoy pesan como plomo en los balances de los “agentes financieros” que poseen los títulos de esos préstamos (bancos, fondos de inversión o inversores privados), los acreedores no quieren ni oír hablar de tales medidas. Como, además, los bancos y los representantes del capital financiero en general tienen muy buena comunicación con los gobiernos, es poco previsible que se vayan a aceptar ahora medidas que puedan reducir sus utilidades después de haber pasado el huracán del 2008 gracias a las ayudas públicas. En Europa la solución propuesta por los keynesianos requeriría además una coordinación fiscal de los Estados parte de la Unión Europea, coordinación que no existe y sin la cual parece impensable que un gobierno (como el español, el italiano, o el griego) pueda lanzarse a “aventuras” keynesianas. No hay dinero disponible, a no ser que se lo imprima. Y no hay voluntad política de imprimirlo.

¿Dónde está el dinero, pues?

Cualquier examen superficial de las noticias financieras indica que hay enormes masas de dinero que no saben adónde ir. El dinero está “escondido” en las cajas fuertes de los bancos, “invertido” en lingotes de oro, en francos suizos o en bonos del Tesoro de este o aquel país todavía considerado “seguro”. Puede ser que los bancos sean reacios a dar créditos, pero la realidad es que no son muchos quienes buscan créditos para la inversión cuando no hay buenas opciones para invertir. Incluso, en más de un caso, quienes poseen ese dinero y no saben qué hacer con él, deciden gastárselo. ¿Quizá por miedo a perderlo? Según informaba la prensa recientemente, las tiendas de moda de la Quinta Avenida neoyorquina tienen listas de espera para adquirir zapatos de hasta 1000 y 1500 dólares el par y vestidos diez veces más caros. 

“¡Qué escándalo, con tanta gente desempleada y que en vez de invertir en actividades productivas los ricos se lo gasten en lujo!” Este podría ser el comentario moralista de quien no entienda que para producir esos zapatos o esos vestidos han hecho falta procesos productivos para los que se han adquirido insumos y por los que se han pagado salarios. No es menos generador de actividad económica la adquisición de diamantes para lucirlos en el cuello que el consumo de pan y cebollas para nutrirse. Pero lo que sí es evidente es que el que grandes masas de dinero se queden en forma liquida o semilíquida sin invertirse directamente en actividades generadoras de producción hace que no se creen puestos de trabajo. Cada caída de la bolsa refleja la decisión de miles de propietarios que deciden hacer líquida su participación en la propiedad de empresas.

Y entonces, ¿qué haría falta para que ese dinero se invirtiera en actividades productivas y pusiera “la economía” a trabajar? Lo que hacen falta son “oportunidades de inversión”, nos dirán los economistas y los empresarios. Pero, ¿cómo se crean esas oportunidades?

La respuesta de los economistas conservadores es siempre la misma, recórtense impuestos y dense facilidades a las empresas para que sea más fácil producir. Pero, inclusive con impuestos reducidos o nulos, o incluso con subvenciones (y no son pocas las que tienen las empresas, en todo el mundo), las inversiones tienen poco sentido cuando la rentabilidad esperada es escasa o dudosa. Esa rentabilidad esperada, que Keynes llamaba eficiencia marginal del capital, puede ser baja porque hay poca demanda; o porque hay exceso de capacidad; o porque los salarios son “demasiado altos”; o por alguna combinación de todas estas cosas. ¿Quién invertiría en microchips ahora que la capacidad para producirlos es mucho mayor que la capacidad del mercado para absorberlos? ¿Para qué construir viviendas cuando las hay disponibles a miles esperando la ejecución de la hipoteca? ¿Y, además, por qué invertir en España, en Grecia o en EEUU cuando los salarios son mucho más bajos en la India, en China o en Rumania?

Todo esto, de todas formas, está en vías de solución. Veamos la cuestión de los salarios. Desde que comenzó la crisis en el 2008 los salarios han estado bajando prácticamente en todos los países. En el caso del Reino Unido la intensa contracción salarial que está teniendo lugar solo tiene precedentes en las grandes recesiones que ocurrieron en Gran Bretaña en los años siguientes a la primera guerra mundial. En cuestión de meses el “ajuste salarial” que piden muchos economistas se habrá producido. Y, de hecho, será tanto más rápido cuanto más desempleo haya y menos prestaciones se den a los desempleados: la letra con sangre entra.

El otro problema, también en vías de solución, si no se le ponen trabas, es el exceso de capacidad productiva. ¿Para qué invertir en un mercado de productos X que puede absorber 80 cuando actualmente se producen 79 y hay capacidad para producir 120? Esto se resolvería, sin embargo, si de las empresas que producen X quebraran unas cuantas, de tal forma que la capacidad se reduzca a 60 o, incluso, mejor, a 40. Las empresas quebradas (sean bancos, empresas automovilísticas, hoteleras, inmobiliarias o de cualquier otro tipo) serán además excelentes oportunidades de inversión. El inversor que llegue en el momento oportuno podrá adquirir los bienes de capital de alguna de estas empresas “a buen precio” y muchas veces no tendrá que hacer frente a compromisos salariales. Podría así poner en marcha la empresa en las mejores condiciones de rentabilidad. Todo ello está en camino, las inversiones árabes en las cajas de ahorros españolas son un ejemplo de eso. A medida que se profundice la crisis, más empresas quebrarán, más bajarán los salarios, más deudas se liquidarán y mejores condiciones habrá para que los inversionistas que sobrevivan (otros quebrarán) reinicien la actividad y se abra así un nuevo periodo de expansión. Pero, eso sí, hay que dejar que el mercado funcione y que quiebren quienes tengan que quebrar. ¿Querrán quienes son propietarios de empresas del tipo que sea que se deje que este proceso llegue a su fin? Eso no está ni mucho menos claro, como lo prueba el respaldo general de los gobiernos a los bancos de sus países y los rescates del 2008-2009, con dinero público, no solo de bancos y empresas del sector financiero, sino de empresas industriales como General Motors y Chrysler. Mucho más probable es que si la crisis financiera vuelve a poner a muchas grandes empresas al borde de la quiebra, los empresarios en masa reclamen medidas para proteger sus entidades. Pero mientras haya exceso de capital, no habrá recuperación.

La alternativa es dejar que el mercado obre por sí mismo y que unos cuantos cientos o quizá miles de empresas en todo el mundo quiebren, haciendo que el volumen de desempleo mundial se eleve de los cientos de millones actuales a miles de millones. Ello liquidaría las deudas, eliminaría el exceso de capital y generaría nivel salariales “ajustados”, probablemente a niveles chinos. Y, finalmente, llegaría la ansiada recuperación.

El problema es, sin embargo, que ese proceso, que muy probablemente ocurrirá, creará un enorme estrés social que no se sabe dónde puede llevar. En los países del Norte de África ha llevado a la caída de Ben Ali, de Mubarak y de Gadafi; en España ya ha llevado al movimiento de los indignados que ha ocupado la Puerta del Sol y el centro de la atención pública de todo el país; en Israel, a las manifestaciones y protestas masivas de meses recientes. En Bahrain, Siria, Yemen y Marruecos a protestas cada vez más airadas contra las élites gobernantes y el autoritarismo. En Grecia, a huelgas generales contra el gobierno recientemente electo. En EEUU al movimiento de ocupación que ha creado focos de protesta permanente en Nueva York y otras muchas ciudades. Quizá puede pensarse que todos estos son fenómenos distintos que no están relacionados entre sí. Ciertamente Mubarak no es Mister Cameron, ni Rodríguez Zapatero “tiene nada que ver” con Netanyahu, ni con Ben Ali, ni con Gadafi. Pero, ¿no es demasiada coincidencia que ocurran a la vez todas estas cosas?

Desde la crisis del 2008 la especulación financiera en productos alimentarios ha provocado enormes oscilaciones de precios que han puesto a grandes sectores de la población de los países pobres al borde del hambre. Se ha dicho que las revueltas del mundo árabe se han debido en buena parte al encarecimiento de los alimentos. Pero en décadas recientes la obesidad por exceso de ingreso calórico y falta de ejercicio físico se ha convertido en un mal endémico en gran parte del mundo.¿Qué sistema económico mundial es este en el que la escasez nace de la abundancia?

En una información sobre la huelga general contra las medidas de austeridad del gobierno del PASOK —el Partido Socialista Panhelénico de George Papandreou, que tantos parecidos tiene con el gobierno del PSOE— el New York Times (20-X-2011) recoge la opinión de Anastasia Dotsi, empleada de banca jubilada, de 70 años, que asistía a una de las manifestaciones motivada por su indignación contra el gobierno. “No hay precedentes de lo que está ocurriendo”, dijo la jubilada. “Son ya dos años de políticas de austeridad, nos están aplastando como pueblo”. Anastasia dijo que su hijo y su hija, que trabajan en el sector privado, no habían recibido su salario este mes y estaban teniendo dificultades para pagar sus hipotecas y mantener a sus familias. “Nunca he sido izquierdista, siempre voté al PASOK. Me considero una persona de clase media. Pero nos están empujado a convertirnos en extremistas”.

La ortodoxia económica dice que nuestro sistema económico tiende al equilibrio y que dejado a sí mismo, se recupera y vuelve a crecer, produciendo riqueza para todos. Por una parte, es cierto, porque el sistema, como vieron Karl Marx, Joseph Schumpeter y Wesley Mitchell, tiene mecanismos intrínsecos para resolver las crisis. Por otra parte, es falso, porque los mismos mecanismos que hacen que las crisis se resuelvan hacen que de forma recurrente haya crisis que generan un enorme sufrimiento social y que, de esa forma, ponen en riesgo la existencia misma del sistema. Porque, además, cuando el sistema “está sano” y “hay prosperidad”, son los privilegiados quienes más se benefician. Que el crecimiento económico crea prosperidad para todos no está tan claro, cuando los empleos precarios y los contratos-basura son cada vez más frecuentes. Y cuando se aumenta la edad de jubilación. Y se reducen los impuestos a los ricos. Cada vez hay menos simpatía por personas como Bill Gates, Paco el pocero u otros banqueros o empresarios de esos que “crean riqueza”.

Si la gente de a pie está dispuesta a aguantar esa dinámica, solo los próximos años lo dirán.

http://www.rebelion.org

Fred Goldstein.El capitalismo en punto muerto

(Presentación en el Encuentro Nacional sobre Política Social de la
Universidad Federal de Espirito Santo celebrado del 28 al 30 Septiembre
2011)
“El ser determina la conciencia, pero no de una manera
automática ni necesariamente a corto plazo. De hecho, la
conciencia va detrás de los acontecimientos. Sin embargo,
ésta los alcanza cuando ya no se puede vivir en las mismas
condiciones” (Fred Goldstein).

Es un trabajo que analiza la evolución de la actual crisis económica, su impacto sobre los trabajadores, los jóvenes. Formula las diferencias entre la actual crisis y las anteriores.

 

Tomado de http://www.rebelion.org/docs/141393.pdf

Fred Goldstein es autor de Low-Wage Capitalism, miembro del
secretariado del Workers World Party y coeditor del periódico de
éste.
Fuente: http://www.workers.org/ebooks/CapitalismDeadEnd.pdf

Nube de etiquetas