Economía marxista para el Siglo XXI

Archivo para enero, 2012

Recordando a Howard Zinn

Howard Zinn 1922-2010

El historiador y activista dedicó su vida a las “innumerables pequeñas acciones de personas desconocidas”

Al-Jazeera
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Nota del editor: Hoy, 27 de enero, es el segundo aniversario de la muerte de Howard Zinn. Activo participante en el movimiento en favor de los derechos civiles, fue despedido en 1963 de su puesto como profesor titular en el Spelman College de Atlanta después de ponerse de lado de los estudiantes negros en su lucha en contra de la segregación. En 1967 escribió el primer y más influyente de los libros que pedía acabar con la guerra de Vietnam. Veterano de las fuerzas aéreas estadounidenses, editó The Pentagon Papers, filtrado desde dentro de esta organización por Daniel Ellsberg y más tarde fue considerado por el FBI un “riego extremo para la seguridad”.

Su éxito de ventas, La otra historia de Estados Unidos*, generó un nuevo campo de estudio histórico: las historias de las personas. Este enfoque contrarrestaba el examen triunfalista tradicional de la “historia escrita por los vencedores” y se concentraba en cambio en las personas pobres y aparentemente sin poder, aquellas que resistieron a la hegemonía imperialista, cultural y corporativa. Zinn fue un activista social, escritor e historiador laureado con varios premios, por consiguiente, ¿quién mejor para compartir su recuerdo que su buen amigo e intelectual de enorme talla como él, Noam Chomsky?

Cambridge, Mass – No me resulta fácil escribir sobre Howard Zinn, el gran activista e historiador estadounidense. Fue un amigo muy cercano durante 45 años. Nuestras familias también fueron muy cercanas. Su mujer Roz, que había muerto de cáncer no mucho antes, fue una persona maravillosa y una gran amiga. También resulta sombrío darse cuenta de que toda una generación parece estar desapareciendo, incluyendo varios viejos amigos: Edward Said, Eqbal Ahmed y otros, que fueron no solo perspicaces y productivos estudiosos sino también militantes entregados y valientes, siempre dispuestos cuando se les necesitaba, lo que era constante. Una combinación que es esencial si se espera una supervivencia decente.

Las notables vida y obra de Howard se resumen mejor en sus propias palabras. Explicaba que su preocupación fundamental era “las innumerables pequeñas acciones de personas desconocidas” que están en el origen de “aquellos grandes momentos” que entran en el registro histórico, un registro que será profundamente engañoso y carecerá gravemente de poder si se le separa de estas raíces mientras pasa por los filtros de la doctrina y el dogma. Su vida siempre estuvo estrechamente entrelazada con sus escritos y con innumerables charlas y entrevistas. Estaba entregado desinteresadamente a otorgar poder a las personas desconocidas que provocaron grandes momentos. Esto era cierto cuando era un trabajador industrial y activista obrero, y desde los días, hace 50 años, en que era profesor del Spelman College en Atlanta, Georgia, un facultad negra que en gran parte estaba abierto a la pequeña elite blanca.

Cuando enseñaba en Spelman, Howard apoyó a los alumnos y alumnas que estaba a la vanguardia del movimiento en favor de los derechos civiles en sus primeros y más peligrosos días, muchos de los cuales llegaron a ser muy conocidos años después (Alice Walker, Julian Bond y otros) y que le querían y veneraban, como le ocurría a cualquier persona que le conociera bien. Y, como siempre, no se limitó a apoyarlos, lo cual ya era bastante raro, sino que también participó directamente con ellos y ellas en las campañas más arriesgadas, que no eran fáciles de emprender en aquella época, antes de que hubiera ningún movimiento popular organizado y ante la hostilidad del gobierno durante varios años. Finalmente, se inflamó el apoyo popular, en gran parte gracias a las valientes acciones de los jóvenes que hacían sentadas ante los mostradores de lugares donde se servían comidas, conducían autobuses de la libertad, organizaban manifestaciones, se enfrentaban al amargo racismo y a la brutalidad, y a veces a la muerte**.

Para principios de la década de 1960 estaba tomando forma un movimiento popular de masas, con Martin Luther King en un papel de dirigente, y el gobierno tuvo que responder. Como recompensa a su valor y honestidad, Howard fue expulsado inmediatamente del college en el que enseñaba. Unos pocos años más tarde escribió de forma regular en el Comité de Coordinación de los Estudiantes No Violentos SNCC (por sus siglas en inglés), la principal organización de aquellas “personas desconocidas” cuyas “innumerables pequeñas acciones” desempeñaron un papel tan importante en la creación de la corriente de opinión que permitió a Martin Luther King ganar una influencia significativa (como estoy seguro que él habría sido el primero en decir) y llevar al país a cumplir las enmiendas constitucionales de un siglo antes que teóricamente concedían derechos civiles elementales a los antiguos esclavos; al menos hacerlo parcialmente, pues no hay ni que insistir en que queda mucho camino por hacer.

Una influencia civilizadora

En el ámbito personal, llegué a conocer bien a Howard cuando fuimos juntos a una manifestación en favor de los derechos civiles en Jackson Mississippi (creo que) en 1964, que incluso en una fecha tan tardía fue una escena de un violento antagonismo público, de brutalidad policial e indiferencia, o incluso cooperación, con las fuerzas de seguridad por parte de las autoridades federales, a veces de un modo un tanto chocante.

Después de ser expulsado del college de Atlanta en el que enseñaba, Howard vino a Boston y pasó el resto de su carrera académica en la universidad de Boston, donde fue, estoy seguro, el miembro del campus universitario más admirado y querido, y el blanco de un amargo antagonismo y de una crueldad mezquina por parte de la administración. Sin embargo, en los últimos años, después de su jubilación, obtuvo el honor y el respeto públicos, que siempre habían sido abrumadores entre los alumnos, el personal de la universidad, gran parte de la facultad y la comunidad en general. Mientras estuvo ahí, Howard escribió los libros que le dieron una bien merecida fama. Su libro Logic of Withdrawal, de 1967, fue el primero que expresó clara y firmemente lo que muchos apenas empezaban a contemplar: que Estados Unidos no tenía derecho siquiera a pedir un acuerdo negociado en Vietnam, lo que dejaría a Watshington con el poder y un control sustancial del país que había invadido y que para entonces ya había destruido en gran parte.

En vez de ello Estados Unidos tenía que hacer lo que todo agresor debería hacer, retirarse y permitir que en cierto modo la población reconstruyera como pudiera a partir de las ruina y si fuera posible llegar a un mínimo de honestidad, pagar unas reparaciones masivas por los crímenes que habían cometido los ejércitos invasores, unos vastos crímenes en este caso. El libro tuvo una enorme influencia entre el público aunque a día de hoy los círculos cultivados apenas pueden comprender siquiera su mensaje, lo que indica el trabajo tan necesario que tenemos ante nosotros.

Es muy significativo que entre el público general de la época del final de la guerra, un 70% considerara la guerra “fundamentalmente equivocada e inmoral”, no un “error”, lo cual es una cifra notable considerando el hecho de que apenas se podía expresar una insinuación de este pensamiento en la opinión dominante. Los escritos de Howard (y, como siempre, su destacada presencia en protestas y en la resistencia directa) fueron un factor fundamental en la educación de gran parte del país.

En aquellos mismos años Howard también se convirtió en uno de los más destacados partidarios del movimiento de resistencia que se estaba desarrollando. Fue uno de los primeros signatarios del Llamamiento a Resistir a la Autoridad Ilegítima (Call to Resist Illegitimate Authority) y estuvo tan cercano de las actividades de [la organización] Resistir que fue prácticamente uno de los organizadores. También participó enseguida en las acciones de asilo que tuvieron un notable impacto para impulsar la protesta en contra de la guerra. Howard siempre estaba ahí donde se le necesitara (charlas, participación en desobediencia civil, apoyo a personas resistentes, dar testimonio en juicios).

“La historia desde abajo”

Aún más influyente a largo plazo que los escritos y acciones de Howard en contra de la guerra fue su imperecedera obra de arte, La otra historia de Estados Unidos, un libro que literalmente cambió la conciencia de una generación. En ella desarrolló con cuidado, lucidez y de forma exhaustiva su mensaje fundamental acerca del papel crucial de personas que siguen siendo desconocidas en llevar adelante la interminable lucha por la paz y la justicia, y acerca de las víctimas del sistema de poder que crea su propia versión de la historia y trata de imponerla. Posteriormente, sus “Voces” de la Historia del Pueblo, ahora una aclamada producción teatral y de televisión, ha llevado a muchas personas la palabras reales de aquellas personas olvidadas o ignoradas que desempeñaron un papel tan valioso en crear un mundo mejor.

El logro único de Howard en sacar las acciones y voces de personas desconocidas de las profundidades a las que habían sido confinadas mayoritariamente ha generado una enorme investigación histórica que sigue un camino similar, centrada en periodos críticos de la historia de Estados Unidos y que se vuelve también a otros países, lo que es muy bienvenido. No es algo completamente novedoso (anteriormente hubo investigaciones eruditas sobre temas particulares) pero no son en absoluto comparables a la amplia e incisiva evocación que hace Howard de la “historia desde abajo”, que compensa las omisiones críticas en cómo se ha interpretado y transmitido la historia de Estados Unidos.

El entregado activismo de Howard siguió, literalmente sin descanso, hasta el mismo final, incluso en sus últimos años, cuando padecía graves dolencias y una pérdida personal (aunque a duras penas se supiera cuando uno se encontraba con él o lo veía hablar incansable ante audiencias cautivadas por todo el país). Ahí donde había una lucha por la paz y la justicia, Howard estaba ahí, en primera línea, inagotable en su entusiasmo e inspirador en su integridad, compromiso, elocuencia y decencia pura. Resulta difícil calcular cuántas vidas de personas jóvenes y en qué grado se vieron afectadas por sus logros, tanto en su trabajo como en su vida.

Hay lugares en los que la vida y obra de Howard tuvieron una resonancia especial. Uno de ellos, que debería ser mucho más conocido, es Turquía. No conozco otro país en el que destacados escritores, artistas, periodistas, académicos y otros intelectuales hayan reunido un récord tan impresionante de valor e integridad en condenar crímenes de Estado e ir más allá para emprender la desobediencia civil para acabar con la opresión y la violencia, haciendo frente a una fuerte represión y a veces padeciéndola, para volver enseguida a la tarea.

Es un récord honroso, único que yo sepa, un récord del que el país debería estar orgulloso. Y uno que debería ser un modelo para otros, del mismo modo que la vida y obra de Howard Zinn son un modelo inolvidable, que con toda seguridad deja una huella permanente en la forma de enternder la historia y en cómo se debería vivir una vida decente y honorable.

* A People’s History of the United States , traducción al castellano de Toni Strubel, La otra historia de Estados Unidos, Hondarribia, Hiru, 2005, edición revisada y corregida por el autor.

** Howard Zinn habla de estos años y estas luchas en su libro Nadie es neutral en un tren en marcha, Hondarribia, Hiru, 2001

Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Es autor de varios libros políticos de gran éxito, incluyendo 9-11: Was There an Alternative? (Seven Stories Press), una versión actualizada de este clásico, que se acaba de publicar esta semana con un nuevo ensayo (del que este artículo es una adaptación) en conmemoración del décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre.

Una versión de este artículo se publicó originariamente en TomDispatch.com.

Los puntos de vista expresados en este artículo son los del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de al Jazeera.

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/01/201212382259755885.html

“Reading Marx’s Capital Vol II – Class 1, Introduction”: David Harvey

This is the first class of a free semester-long open course consisting of a close reading of the text of Marx’s Capital Volume II (plus parts of Volume III) in 12 video lectures by Professor David Harvey. David Harvey is a Distinguished Professor at the CUNY Graduate Center in the Anthropology and Geography PhD programs. This course was taught at Union Theological Seminaryin Spring 2011, and was attended by graduate students and activists from across New York City.

Subsequent videos will be available every one to two weeks. Initially the videos will be available only on YouTube. Additional file formats and podcasts will be available soon.

The page numbers Professor Harvey refers to are valid for the Penguin Classics editions of Capital Volumes II and III.

Thanks to the over 300 small donors who made this project possible.

Some reflections on the dependence of prices on Labour-Values

Diego Guerrero Jiménez. “Some reflections on the dependence of prices on Labour-Values”. Ensayos de Economía. v. 20 (37), jun-dic.  2010, pp. 13-43

Con frecuencia se cree, de una manera bastante esquizofrénica, que una teoría del valor solo debe resolver la cuestión de los “precios relativos” (un problema microeconómico), siendo principalmente la teoría del dinero de la pieza necesaria para la determinación monetaria o del nivel absoluto de los precios (un problema macroeconómico).
Por una parte, la determinación del nivel de precios se encuentra teóricamente antes de cualquier consideración del mercado de dinero, mientras que por otro lado ninguna teoría del valor puede aspirar a ser completa sin la determinación del nivel absoluto de los valores. Se verá en este trabajo que sólo la teoría del valor trabajo (TVL) puede realizar ambas tareas, produciendo así la integridad y la unidad de la teoría económica.

Descargue el artículo

La dinámica salarial en la economía española (1954-2003): Una aproximación desde la teoría del valor-trabajo

Nieto Ferrandez Maximiliano

Ensayos de Economía. Vol 20, No 36 (2010), pp. 97-120

Resumen

En este artículo se presenta una aproximación desde la teoría del valor-trabajo (TVT) a la dinámica salarial en el capitalismo español durante la segunda mitad del siglo XX (1954-2003). En la primera sección, de carácter teórico, se exponen los argumentos relativos a la existencia de una pauta salarial propia de la dinámica capitalista basada en un reparto crecientemente desigual del ingreso entre las clases. Esta tendencia estructural está a su vez sobredeterminada por el movimiento de la rentabilidad y la acumulación de capital en el largo plazo, que impondrá fases distintas en la evolución tanto del salario real como del salario relativo. En la segunda sección, que incluye un breve apartado de discusión teórico-metodológica, se muestra la concreción de todas estas relaciones y tendencias para el caso español en el último medio siglo de acumulación a partir de los datos de la Contabilidad Nacional (CNE) y del IVIE-BBV.

Texto completo: PDF

El sitio web de Angus Maddison

Angus Maddison 1926 – 2010

 

Angus Maddison was a world scholar on quantitative macroeconomic history, including the measurement and analysis of economic growth and development. He was professor at the University of Groningen from 1978 to 1997, and a founder of the Groningen Growth and Development Center.
This website provides access to major parts of Angus’ work as well as to new work that is being conducted in his spirit.

 

Original Homepage Angus Maddison‘– this page was kept up to date until Angus passed away in April 2010. It provides access to his latest writings and data series.

The Maddison Project‘ – in March 2010, was launched by a group of close colleagues of Angus Maddison, with the aim to support an effective way of cooperation between scholars to continue Maddison’s work on measuring economic performance for different regions, time periods and subtopics.

Memorial Conference for Angus Maddison‘, 6-7 November, Amsterdam – about 70 close colleagues, friends and family of Angus gathered in Amsterdam to celebrate Angus’ work and life.

Los peligros de 2012


Joseph E. Stiglitz

El año 2011 será recordado como la época en que muchos estadounidenses que siempre habían sido optimistas comenzaron a renunciar a la esperanza. El presidente John F. Kennedy dijo una vez que la marea alta eleva todos los botes. Pero ahora, con la marea baja, los estadounidenses no solo comienzan a ver que quienes tienen mástiles más altos han sido elevados mucho más, sino que muchos de los botes más pequeños han sido destrozados por el agua.

En ese breve momento en que la marea creciente estaba, efectivamente, subiendo, millones de personas creyeron que tenían buenas probabilidades de cumplir su «sueño americano». Ahora también esos sueños están retirándose. En 2011, los ahorros de quienes habían perdido sus empleos en 2008 o 2009 ya se habían gastado. El seguro de desempleo se había terminado. Los titulares que anunciaban nuevas contrataciones –aún insuficientes para incorporar a quienes habitualmente se suman a la fuerza laboral– significaban poco para cincuentones con pocas ilusiones de volver a tener un empleo.

De hecho, las personas de mediana edad que pensaron que estarían desempleadas por unos pocos meses, se han dado cuenta a esta altura de que, en realidad, fueron jubiladas a la fuerza. Los jóvenes graduados universitarios con decenas de miles de dólares de deuda en créditos educativos no podían encontrar ningún empleo. La gente se mudó a las casas de sus amigos y los parientes se han convertido en sin techo. Las casas compradas durante la burbuja inmobiliaria aún están en el mercado, o han sido vendidas con pérdidas. Más de 7 millones de familias estadounidenses han perdido sus hogares.

El oscuro punto vulnerable de la burbuja financiera de las décadas anteriores también ha quedado completamente expuesto en Europa. Los titubeos por Grecia y la devoción de los gobiernos nacionales clave por la austeridad comenzaron a implicar una pesada carga el año pasado. Italia se contagió. El desempleo español, que se había mantenido cerca del 20% desde el comienzo de la recesión, trepó aún más. Lo impensable –el fin del euro– comenzó a verse como una posibilidad real.

Este año parece encaminado a ser aún peor. Es posible, por supuesto, que Estados Unidos solucione sus problemas políticos y adopte finalmente las medidas de estímulo que necesita para reducir el desempleo al seis o siete por ciento (el nivel previo a la crisis de cuatro o cinco por ciento es demasiado pedir). Pero esto es tan poco probable como que Europa se dé cuenta de que la austeridad por sí misma no resolverá sus problemas. Por el contrario, la austeridad solo exacerbará la desaceleración económica. Sin crecimiento, la crisis de la deuda –y la crisis del euro– solo empeorarán. Y la larga crisis que comenzó con el colapso de la burbuja inmobiliaria en 2007 y la recesión que la siguió, continuarán.

Además, es posible que los países con los mercados emergentes más importantes, que capearon exitosamente las tormentas de 2008 y 2009, no sobrelleven tan bien los problemas que se perciben en el horizonte. El crecimiento brasileño ya se ha detenido y eso genera ansiedad entre sus vecinos latinoamericanos.

Mientras tanto, los problemas de largo plazo –incluido el cambio climático y otras amenazas ambientales, y la creciente desigualdad en la mayoría de los países del mundo– continúan allí. Algunos incluso han empeorado. Por ejemplo, el alto desempleo ha deprimido los salarios y aumentado la pobreza.

La buena noticia es que solucionar estos problemas de largo plazo ayudaría a resolver los de corto plazo. Una mayor inversión para adaptar la economía al calentamiento global ayudaría estimular la actividad económica, el crecimiento y la creación de empleo. Impuestos más progresivos, que redistribuyan desde los ingresos altos hacia los medios y bajos, simultáneamente reducirían la desigualdad y aumentarían el empleo al impulsar la demanda total. Los impuestos más elevados a los ricos podrían generar ingresos para financiar la necesaria inversión pública, y proporcionar cierta protección social para quienes menos tienen, incluidos los desempleados.

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Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx

Estela Fernández de Nadal*

Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx
Michael Heinrich. Traducción y prólogo de César Ruiz Sanjuán

Escolar y Mayo Editores, Madrid, 2008, 240 págs.

 

El libro de Michael Heinrich tiene el doble mérito de presentar una mediación de la obra cumbre de Karl Marx, redactada en un lenguaje claro y accesible, y de proponer, al mismo tiempo, una interpretación densa y erudita del famoso texto. El autor no sólo evita las simplificaciones y los esquematismos, sino que incluso se interna por las complejidades y paradojas del pensamiento marxiano, que han dado origen a discusiones y polémicas nunca saldadas, y nos ofrece siempre una posición argumentativamente solvente y cimentada en un profundo conocimiento de los textos de Marx.

La obra está precedida por un prólogo excelente, escrito por César Ruiz Sanjuán, quien es además el traductor de la edición española. Allí se nos advierte que, para una cabal comprensión de los objetivos del libro, conviene situarlo en el marco de un programa colectivo emprendido por un conjunto de estudiosos alemanes, que busca producir una “nueva lectura de Marx”; esto es, una lectura que sea capaz de recuperar los fundamentales aportes marxianos para la comprensión de la estructura y funcionamiento del modo de producción capitalista, sin confundir su proyecto teórico-crítico con las versiones vulgares del “marxismo ideológico”, difundidas a lo largo del siglo XX al calor de las luchas políticas.

Dentro de ese vasto programa resulta decisivo entender el concepto de “crítica de la economía política”. La expresión, utilizada por Marx como subtítulo de El Capital, designa precisamente el núcleo de su proyecto teórico: someter a crítica la economía política en tanto sistema científico que provee los insumos teóricos a través de los cuales la sociedad capitalista se autocomprende y justifica. Esa crítica a la racionalidad capitalista expresada como “ciencia” de sí misma, apunta a la esencia de la sociedad en la cual el proceso social está mediado por el intercambio generalizado de mercancías, resultando de ello que los hombres sólo se relacionan entre sí a través de las relaciones de las cosas. La consecuencia inevitable, espontáneamente producida a las espaldas de los actores, es que éstos quedan de hecho sometidos a procesos objetivos, independientes de su voluntad, que adquieren la consistencia de una estructura “natural” y, por tanto, inmodificable.

El fenómeno del “fetichismo” (de la mercancía, del dinero, del capital) es el objeto fundamental de la “crítica” que formula Marx a la economía política en tanto ciencia que reproduce, naturaliza y justifica teóricamente tanto la percepción espontánea de los sujetos que viven en una sociedad tal, como la inversión objetivamente producida a nivel práctico, por la cual los hombres han devenido apéndice del mundo cósico.

Esta comprensión del concepto marxiano de “crítica” cuestiona su interpretación restringida como una crítica económica a la ciencia burguesa, cuyo resultado sería una “economía política marxista”. Esta, a diferencia de la ciencia criticada, desnudaría la explotación capitalista y el carácter estructural de las crisis, pero se desarrollaría en el mismo nivel teórico.

En continuidad con esa “nueva lectura de Marx”, Heinrich entiende la empresa teórica de Marx como un cuestionamiento metadiscursivo a todo el campo teórico que genera el modo de producción capitalista, sobre el que se levanta la economía política en tanto ciencia y todas las formas de pensamiento objetivas que la sociedad capitalista hace posibles. Si lo propio del capitalismo es la generación a espaldas de los sujetos de un poder autónomo que los somete y destruye, la comprensión del modo en que esto ocurre sirve al propósito práctico de la emancipación humana por la vía de la reapropiación humana del control sobre el mundo “objetivo” producido por la propia actividad.

En la medida en que la empresa crítica de Marx apunta a la esencia de la sociedad capitalista, esto es a “descubrir la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna”, resulta claro que El Capital no representa un análisis del modo en que funcionaba el capitalismo en el siglo XIX o de cualquiera de sus manifestaciones empíricas. Por el contrario, se trata de develar, a nivel de la teoría, la estructura invariable y común a la diversidad de configuraciones históricas del capitalismo como modo de producción.

Entendido así el objeto de El Capital, Heinrich desarrolla una explicación de las categorías fundamentales presentadas por Marx. Entiende que esta obra configura, por la dificultad de la tarea encarada, un complejo entramado de aproximaciones teóricas, de diverso nivel de abstracción, que sólo deviene claramente comprensible a partir de la lectura de la totalidad de la obra. En función de ello, dedica los dos primeros capítulos a la exposición de los supuestos teóricos y metodológicos ya referidos.

A partir del tercer capítulo, Heinrich desarrolla una explicación ordenada y sumamente esclarecedora de la argumentación de Marx en los tres libros de El Capital. Del capítulo III al V se abordan los contenidos del libro primero. “Valor de uso”, “valor de cambio”; “trabajo abstracto”, “abstracción real” y “relación de validez” entre trabajo concreto y abstracto, “objetividad espectral” del valor; “forma del valor” como relación social, función del “dinero”; son algunos de los conceptos fundamentales por los que avanza la exposición en el capítulo III. A partir de allí, Heinrich plantea su interpretación de la teoría del valor de Marx como una teoría no sustancialist.: en contra de la idea habitual, el valor no está directamente determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía individual ; no es una “substancia” que se instala al interior de cada mercancía aislada. El valor resulta determinado por la relación entre “trabajo individual” concreto y el trabajo social global; por tanto, sólo se presenta en la relación entre las mercancías en el procedo de intercambio. Fuera de éste, los productos del trabajo no son mercancías, no tienen valor. Aunque el proceso de intercambio no genera en sí mismo valor, es la condición que hace posible la mediación de entre los trabajos concretos individuales de los productores de mercancías. El valor se genera en la unidad de las dos esferas. De allí se sigue que la teoría de Marx, es una teoría monetaria del valor: el dinero no es sólo un medio técnico auxiliar que facilita el intercambio, sino el medio necesario a través del cual se constituye la forma social de los productos del trabajo individual.

Descubierta la conexión interna entre mercancía y dinero, Heinrich se ocupa en el capítulo IV de develar la misma relación entre dinero y capital; su objetivo es mostrar que la pretendida neutralidad del mercado como institución eficiente para la distribución de bienes y la satisfacción de las necesidades es otra de las mistificaciones propias de la sociedad capitalista. La autonomía y permanencia del valor sólo está garantizada si el dinero se interna en el movimiento del capital, en la producción de plusvalor. El análisis del valor de la mercancía-fuerza de trabajo y de los conceptos de plusvalor y explotación, conducen a la demostración de que la idea de “valor del trabajo” (esto es, de que el salario es la paga del valor producido por el trabajador) es también una representación invertida, una mistificación más, que oculta la explotación y la existencia de trabajo no pagado. El trabajo produce valor, pero él mismo no lo tiene: lo que el capitalista paga no es el valor del producto del trabajo realizado por el trabajador (en tal caso no habría explotación), sino el valor de la fuerza de trabajo como mercancía.

El análisis del proceso de producción capitalista (capítulo V) supone el repaso de una serie de conceptos fundamentales para la comprensión de la esencia del modo de producción capitalista: “capital constante” y “variable”, “tasa de plusvalor”, “plusvalor absoluto” y “relativo”. Todo conduce a poner de relieve el potencial destructivo del desarrollo capitalista como algo inherente al sistema: a diferencia de la circulación simple de mercancías (M-D-M), que encuentra su medida en las necesidades humanas, el movimiento del capital como valor que se valoriza (D-M-D’) tiene en sí mismo su propio fin: nada puede limitarlo, no se subordina a ningún objetivo fuera de su propio acrecentamiento sin fin y, en su despliegue infinito, arrasa con todo, incluidas la humanidad y la naturaleza.

Este -y no la tesis de que El Capital tiende a producir un ejército industrial de reserva cada vez mayor, que ha sido erróneamente atribuida a Marx- es el núcleo de la crítica marxiana al capitalismo. La amenaza que encierra el capitalismo no se reduce a un problema de desigual distribución de ingresos; por el contrario, lo que está en juego es algo mucho más grave y profundo: es la posibilidad de supervivencia de la vida en el planeta.

El capítulo VI está dedicado a la explicación del libro segundo de El Capital , donde Marx se ocupa del proceso de circulación. El autor pasa revista a las distinciones entre “capital dinerario” y “productivo”, “comercial” e “industrial”, “fijo” y “circulante”, “reproducción simple” y “ampliada”.

Los temas tratados por Marx en el libro tercero de El Capital , concernientes a la exposición del funcionamiento de las relaciones capitalistas en un nivel empírico, son objeto de la consideración de Heinrich en los capítulos VII al X. En el primero de ellos, luego de revisar los conceptos de “beneficio”, “tasa de beneficio”, “beneficio medio”, “precio de coste” y “precio de producción”, el autor aborda la discusión sobre la “ley de la caída tendencial del beneficio”, que Marx atribuyó al modo de producción capitalista. Heinrich demuestra técnicamente que tal caída no es un efecto necesario del capitalismo, pero le resta importancia a la equivocación de Marx: en contra de lo que ha sostenido la interpretación vulgar de la teoría marxista, esta pretendida “ley” no está vinculada a la “teoría de las crisis”, y su descalificación no cuestiona en absoluto las consideraciones sobre la capacidad destructiva inherente a la lógica del capital.

En el capítulo VIII, Heinrich examina de cerca al capital financiero, máxima expresión del fetichismo denunciado por Marx. Explica además el funcionamiento del sistema crediticio (bancos y mercados de capitales), al que considera como una instancia directiva estructural de la economía capitalista. En efecto, esta debe recurrir a masas enormes de capital, sólo disponibles en el sistema de crédito, para producir las inversiones que exige la búsqueda constante de beneficios mayores.

El capítulo IX está dedicado a explicar la concepción de Marx sobre las crisis. Si bien las considera inherentes al sistema capitalista (que restablece su equilibrio precisamente gracias a la destructividad de las crisis), Heinrich aclara que de ello no se sigue una posición de Marx sobre la necesidad del colapso definitivo del sistema. Nada asegura que el capitalismo vaya a desaparecer algún día, pero si tal sucede, no será a causa de su propia evolución interna, sino por la acción de quienes están sometidos a su dominio y su destructividad.

En el capítulo X, reaparece el tema del fetichismo para mostrar la conexión de todas las mistificaciones generadas por la sociedad capitalista, en lo que Marx llama “la fórmula trinitaria”. La expresión designa la ilusión de que el capital, la propiedad del suelo y el trabajo son fuentes del valor producido en una sociedad, y no como meras fuentes de ingreso para sus poseedores. El plusvalor producido por los trabajadores en el tiempo de trabajo extra, no necesario para cubrir los costes de la reproducción, es repartido como beneficio empresario y como pago de la renta de la tierra. Pero, para el hombre común, al igual que para la mayoría de las teorías económicas, la situación se presenta invertida: a la ilusión de que el trabajo genera valor bajo la forma de salario (cuando en realidad este es el pago de la fuerza de trabajo, no del trabajo), se suma la misma idea sobre la capacidad del capital y la propiedad de generar valor, el uno bajo la forma del beneficio y la otra bajo la forma de la renta.

El capítulo XI está dedicado a la discusión del papel del Estado en la sociedad capitalista: ni mero instrumento de la clase dominante, ni esfera autónoma y neutral respecto de los diversos intereses en pugna, Heinrich señala su función activa en la regulación de las relaciones capitalistas de producción: reproducción de la fuerza de trabajo asalariadas acumulación permanente del plusvalor (sin excluir que, en algunos casos, sea necesario afectar los intereses inmediatos de algunos capitalistas). Finalmente, en el último capítulo (XII), el autor analiza la concepción marxiana del comunismo como “asociación de hombres libres”.

Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx constituye una herramienta valiosa tanto para quienes se aproximan por primera vez a la lectura del célebre texto, como para quienes son asiduos visitantes de él. No suple su lectura, sino que, más bien al contrario, suministra un conjunto de elementos para afrontar su estudio sistemático, al tiempo que provee de un marco teórico-interpretativo en el que se destaca lo fundamental de lo accesorio, lo anecdótico del aporte sustancial de Marx: en la sociedad basada en la producción y el intercambio de mercancías, tiene lugar, a espalda de los sujetos y como producto involuntario de su propia práctica, una inversión, una “objetividad espectral”, que invisibiliza, bajo la apariencia de naturalidad, la subordinación de los seres humanos al poder cósico del mercado y su sujeción al movimiento infinito de valorización del capital. Sin embargo, es posible sustraerse al fetichismo y poner bajo el control humano ese poder autónomo del mundo cósico. No es seguro que eso suceda, pero de su posibilidad depende que el potencial devastador del capital sea detenido y que los productos de la actividad humana sean puestos al servicio de la vida.

Notas

 * Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina. Email: esfer@speedy.com.ar

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