Economía marxista para el Siglo XXI

Ensartados


Entrevista a Miren Etxezarreta*


Natalia Aruguete

–¿Por qué asistimos a una sucesión de crisis?

–Esto es algo que sucede regularmente en el capitalismo. La crisis más importante fue la de 1929, pero lo cierto es que, desde los años ’70, hubo sucesivas crisis. Mi argumento es que, si hay capitalismo, es imposible que no haya crisis. En el período que va del ’45 al ’75 se creyó que habíamos aprendido a resolver el tema de las crisis, pero en los años ’70 se demostró que no había sucedido tal cosa, y desde entonces no ha dejado de haber crisis.

–La crisis que estalla en 2007/2008 fue objeto de distintas interpretaciones y, consecuentemente, tomó distintos nombres. ¿Usted cómo la definiría?

–Lo que se inicia en 2008 es la explosión de la burbuja financiera, con muchos otros elementos: una disminución de los salarios de la población activa –aspecto que generalmente se olvida– y una relación importante de exceso de capital financiero en relación con la economía real. La explosión de la burbuja financiera dio lugar, más tarde, a la crisis de la deuda. En Europa, lo que se considera “crisis de la deuda” está referido a una parte importante de la deuda pública y de la deuda financiera. La crisis de la deuda se inicia en una segunda etapa, a finales de 2009, porque las medidas de política económica que se toman para intentar salir al paso de la crisis causan un aumento de las deudas públicas. Ese se sumó a las deudas privadas que ya existían. A mí no me parece correcto sumar todas las deudas por igual.

–¿Por qué?

–Porque una deuda pública correspondería a todo el país. En cambio, las deudas privadas pertenecen a instituciones privadas: empresas o bancos. No me parece ni correcto ni legítimo igualar las dos deudas, creo que eso se hace para justificar las medidas destinadas a resolver el problema de la deuda privada, cuando eso lo tendrían que resolver las propias instituciones privadas.

–¿Cómo analiza la relación entre lo público y lo privado, en el marco de esta crisis de la deuda?

–La crisis financiera se plasma en una crisis económica, afectando también al sector real de la economía. Para intentar palear esta crisis (y pagar la deuda privada), los Estados incurren en una deuda importante. Para que esto pase más desapercibido y la opinión pública lo acepte, se presenta la deuda como un bloque. Entonces, la deuda pública es consecuencia de la crisis financiera y de la crisis económica anterior.

–Usted afirmó estar de acuerdo con salvar al sistema financiero, pero aclaró que ello no significa necesariamente salvar a los bancos. ¿Por qué?

–Este no es un salvataje dirigido a resolver el problema de la financiación de la economía, que se hubiera podido hacer de otra manera, a través de una banca pública, por ejemplo. Todo el salvataje se ha hecho orientado a potenciar y favorecer los intereses del capital financiero, capital dominante en esta etapa del capitalismo. Por eso, creo que es ilegítimo decir que hay que salvar al sistema financiero y recurrir, para ello, a medidas que favorecen a los propietarios del capital.

–¿Cuál cree usted que debería ser la función de la banca pública frente a la crisis?

–Una función sana de las finanzas sería financiar la operación de la economía real. La función de una banca pública sería servir de transmisor de los ahorros de una parte de la población a las necesidades financieras de otra parte de la población que quiere producir los bienes y servicios que esa población desea o necesita. Ahora estamos en una situación completamente distinta en la que el capital financiero, a través de nuevas arquitecturas de ese capital, se ha expandido de manera exponencial y brutal. Actualmente, se calcula que el volumen del capital financiero que circula por el mundo es más de setenta veces mayor que la riqueza mundial real. Esto vuelve imposible que se pueda salir con una cierta coherencia. Además, el sistema real no puede crecer cuanto necesita para generar empleo y formas de vida para la población.

–Las estimaciones que circulan indican que, en el mediano plazo, la recesión en España será mayor a la que se había calculado. A eso se agregan índices record de desocupación. ¿Cómo se conjuga este escenario con los objetivos de déficit a los que se comprometió el gobierno español con la Unión Europea?

–No es posible conjugar esas dos variables. Se intenta alcanzar el objetivo de déficit, impuesto por los grandes agentes económicos y por la Unión Europea, pero aceptado gozosamente por los gobiernos españoles (no tenemos que pensar que viene todo de Bruselas) a través de unas políticas que están asfixiando a la economía y a la población del país: nuestra tasa de paro (desocupación) es mayor al 24 por ciento, mientras que la de los jóvenes es superior al 50. Nosotros estamos en el caos. Las políticas de ajuste que se están impulsando suponen un estrangulamiento mayor para la población. Si la población no tiene recursos no hay demanda, si no hay demanda no se genera actividad económica y no hay empleo. Algunos economistas dirán “lo que hay que hacer es exportar”.

–Y usted ¿cuál cree que es la salida?

–España exporta bastante pero no puede exportar tanto como le haría falta, necesitamos una demanda interna. Además, las exportaciones no alcanzan para cubrir la demanda de empleo. Aunque el verano haya hecho aumentar un poco la demanda de empleo, tenemos medio millón más de desempleados que el año pasado. Y me temo que el año próximo tendremos más de medio millón de desempleados más con estas políticas.

–¿Existe la posibilidad de que el Estado impulse políticas contracíclicas, orientadas a fortalecer el mercado interno?

–Las políticas deberían estar orientadas a recuperar la demanda y la confianza de la población en las posibilidades de futuro. Pero ninguna de las políticas existentes va en esta dirección. Por ejemplo, el mercado laboral es una auténtica catástrofe, no solamente en términos de paro, sino de salario y precariedad en el trabajo. La gente que tiene empleo teme quedarse sin él y, además, los salarios están disminuyendo. Habiendo cinco millones de parados, las medidas de ajuste contemplan la disminución del salario público. Como ve, en este caso, las medidas no son contracíclicas sino procíclicas. Pero, por supuesto que se podrían dar medidas contracíclicas.

*Catedrática emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona,

Lea completo el artículo en Cash suplemento de Página 12

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