Economía marxista para el Siglo XXI


Rolando Astarita

Recientemente, en su presentación ante el Congreso del proyecto de presupuesto 2013, el doctor Kicillof explicó que la emisión monetaria en Argentina no es inflacionaria, y citó el caso de EEUU, donde la fuerte expansión monetaria, con la crisis, no provocó una suba de precios importante (a julio de 2012, la inflación anual es del 1,7%). El argumento de Kicillof fue: “Para los que piensan que la emisión es la causa exclusiva del aumento de precios, les recuerdo que vivimos en un laboratorio de expansión monetaria. EEUU cuadruplicó su base monetaria, la Unión Europea la duplicó, y el Banco de Inglaterra la cuadruplicó. ¿Y en estos países hay riesgo de inflación? No, hay riesgo de deflación”. Por eso, en Argentina habría margen para emitir billetes, sin temer consecuencias inflacionarias. De acuerdo a los datos presentados por el doctor Kicillof, el agregado monetario M2 equivale a solo el 20% del PBI, un porcentaje mucho más bajo que en otros países (Brasil, Chile, EEUU, Francia, Corea del Sur). Según Kicillof, pensar que la emisión monetaria genera inflación, es propia de la ortodoxia neoliberal. También explicó que la inflación solo le preocupa a los financieros, ya que el movimiento obrero está en condiciones de actualizar su salario por encima de la tasa inflacionaria, y citó a Keynes como respaldo de su afirmación.

Errores, uno tras otro

En todo esto hay, por supuesto, muchísimos problemas, que en buena medida he discutido en otras notas, referidas la teoría cuantitativa del dinero (inspiración del monetarismo), y a la crítica de Marx a la misma. En este apartado, resumo los puntos más destacados y remito a las entradas correspondientes, porque en esta nota quiero centrarme en lo que dijo Kicillof sobre Keynes y la inflación (el lector que no desee entrar en las complejidades de la discusión con el monetarismo, puede pasar al siguiente punto).

En primer lugar, es paradójico que pretendiendo ser crítico de la teoría cuantitativa, el doctor Kicillof razone acerca de las presiones (o peligros) inflacionarios en términos de comparación entre el PBI y los agregados monetarios. Se trata de una problemática estrictamente monetarista, que ya hace mucho fue criticada por Marx. Lo central es que no tiene sentido comparar masa monetaria con masa de mercancías, para deducir de aquí que el aumento de precios deriva del aumento de la primera con respecto a la segunda (ver aquí para la crítica de Marx a la teoría cuantitativa).

En segundo término, es un grave error pensar que el financiamiento monetario del déficit fiscal no es inflacionario. Mientras que la emisión por entrada de divisas no tiene por qué ser inflacionaria, la emisión contra “pagadios” del Tesoro, sí es inflacionaria. Y esto no es caer en la teoría monetarista, como piensan algunos economistas K, que tampoco parecen entender ni jota de lo que es la teoría monetarista, ni su crítica. Marx, que fue muy crítico de la teoría cuantitativa, explicó sin embargo que la emisión sin respaldo es inflacionaria (ver aquí y aquí).

En tercer lugar, y de nuevo paradójicamente, mientras Kicillof sostiene que el financiamiento del déficit con emisión no es inflacionario, el Banco Central, dirigido por la “productivista” Marcó del Pont, aplicó durante mucho tiempo políticas de esterilización (de nuevo remito aquí). Lo que permitió muy buenos negocios a los bancos (ver aquí). ¿A esto llama el doctor Kicillof “lucha contra la patria financiera”?

En cuarto lugar, el caso de la emisión monetaria de EEUU e Inglaterra no es aplicable a la situación argentina. En esos países, y en Europa, hay fuertes riesgos de deflación, algo que no sucede en Argentina. Además, es un hecho que de todas formas la inyección monetaria tuvo efectos inflacionarios, ya que frenó una posible deflación. Tengamos en cuenta que la emisión fue acompañada, en EEUU, por una fuerte entrada de capitales, que agravó los peligros deflacionarios. ¿Qué tiene que ver esto con la situación en Argentina? Agreguemos todavía que la emisión en EEUU tuvo efectos negativos sobre los activos de muchos países (ver aquí y aquí). Es imposible sostener que tuvo efectos neutros.

Keynes, inflación y salarios

Antes de examinar lo que dijo el doctor Kicillof sobre Keynes y la inflación, señalo que en otra nota expliqué por qué el punto central de su tesis doctoral, dedicada a Keynes, está equivocada (ver aquí). Puede ser útil para aquellos que quieran ubicar las apreciaciones de Kicillof sobre Keynes en un contexto más general.

Recordemos que en su exposición ante el Congreso, Kicillof explicó que la inflación no es un problema para los trabajadores, ni para los sectores medios, ni para la burguesía “nacional y productivista”, porque Keynes dijo que solo era un problema para los financieros, y que los trabajadores consiguen aumentos de salarios que emparejan la inflación. En otras palabras, el argumento del doctor Kicillof es “tengo razón porque lo dijo Keynes”. Punto. No hace falta pensar más. Lo dijo Keynes. Punto. ¿Y si alguien hubiera contrapuesto una cita de Platón, o de Séneca, o de Shakespeare? Pues habríamos tenido una divertida guerra escolástica. Por eso, ¿no sería mejor reflexionar un poquito sobre si se verifica lo que dicta tal o cual cita? Como reza el dicho, “gris es toda teoría, y verde el árbol de la vida”. Yendo al grano, y al margen de lo que dijo Keynes, ¿es cierto que la inflación solo perjudica a los financistas? Con poco que se sepa de historia económica, la respuesta es claramente no. Para citar solo un ejemplo, los trabajadores de este país sufrieron una colosal caída del salario en los años 1980 y en los principios de la década siguiente, a través de la “carrera inflacionaria”. También padecieron una fuerte caída de sus ingresos en 2002, cuando la inflación fue del 42% y los salarios se estancaron. Esto por no hablar de los efectos distributivos que puede tener la inflación entre otras clases sociales, y fracciones de clase; como cualquiera conoce, no siempre ni necesariamente esas variaciones de precios relativos, vía inflación, perjudican solo a los financistas. Por ejemplo, con tipo de cambio fijo, o retrasado, la inflación erosiona la rentabilidad de los exportadores; y hay otros ejemplos. ¿Cómo se puede sostener entonces que la inflación solo afecta al sector financiero? Al margen de lo que pudo haber dicho Keynes, hay que tener un poco de criterio; existe la historia, existen los datos empíricos (por más que el Indec y Kicillof los quieran desconocer).

Dicho esto, vayamos ahora a Keynes. Empecemos aclarando que en la Teoría General Keynes polemiza principalmente con la “ortodoxia” que buscaba salir de la depresión mediante la deflación y la caída de los salarios. En el marco de esa polémica, Keynes explica que hay dos tipos de inflación: la que existe cuando la economía todavía no ha llegado al pleno empleo; y la inflación que llama “verdadera” o “auténtica”, que es la que se alcanza cuando “cualquier intento de aumentar la inversión pondrá en movimiento una mayor tendencia de los precios a subir sin limitación…” (p. 112, edición FCE). Este segundo tipo de inflación, se alcanza cuando ya la producción no puede aumentar (estamos en el pleno uso de recursos) y toda expansión monetaria se traduce en alza de costos. En estas condiciones, dice Keynes, los trabajadores resisten cualquier baja “en sus remuneraciones monetarias y no hay motivo correspondiente para oponerse a un aumento de éstas” (p. 269). Esto es, solo en esas condiciones se puede asegurar, siempre según Keynes, que los aumentos salariales van a producirse al mismo ritmo en que avanzan los precios, y por lo tanto no habría caída de los salarios reales. Aclaremos que, seguramente por el contexto de la época (década del 30, deflación) Keynes no considera la eventualidad de que esta carrera termine en alta inflación. Tampoco incorpora los efectos sobre el tipo de cambio.

De todas maneras, lo relevante para lo que nos ocupa es que Keynes está considerando que los salarios no son afectados si hay una situación de pleno uso de recursos, porque en ese caso la elasticidad producto (o demanda) de los salarios es igual a la unidad. Se puede estar a favor o en contra de lo que sostiene Keynes, pero la primera condición en cualquier debate es el rigor. Está muy claro que por fuera de esa situación tan particular, Keynes consideraba que la inflación sí podía afectar, y mucho, a los salarios reales. No solo planteaba que los trabajadores podían verse afectados, sino sostenía que en el caso general (que no es de ocupación plena, estamos en Keynes, doctor Kicillof!!!) la suba de precios sí afectaba a los salarios reales porque los trabajadores no pueden defenderse apropiadamente de esa suba. Leemos en el capítulo 2 del principal libro de Keynes: “Desde el momento que existe movilidad imperfecta del trabajo y que los salarios tienden a producir igualdad precisa de ventajas netas para diferentes ocupaciones, cualquier individuo o grupo de individuos que consienta una reducción de sus salarios nominales en relación con otros, sufrirá una disminución relativa de sus salarios reales, cosa que basta para justificar su resistencia a ella. Por el contrario, sería impracticable oponerse a toda reducción de los salarios reales debida a un cambio en el poder adquisitivo del dinero, que afecta a todos los trabajadores por igual; y, de hecho, por lo general no se opone resistencia a esta clase de fenómenos, a menos que sean extremos” (p. 24). ¿Cómo se puede afirmar que Keynes consideraba que la inflación nunca afectaba a los salarios de los trabajadores?

Preguntas político-prácticas para un doctor en Keynes

Alguna vez, refiriéndose a la burguesía francesa, Trotsky dijo que estaba dividida en torno a si bajaba los salarios vía deflación, o inflación. En cualquier caso, había que bajarlos. Con esto, el viejo revolucionario ponía el foco en el punto crucial: la inflación puede ser una vía para reducir el salario. Desde su perspectiva burguesa, Keynes dice lo mismo. Incluso sostiene que los trabajadores, de conjunto, no se oponen a bajas de sus salarios, por vía inflacionaria, si las mismas no son “extremas”. Al menos, no pueden hacerlo hasta que no se llegue al escenario de pleno uso de recursos (cuando todo estímulo ya no se traduce en aumento de inversión, sino de precios). A la luz de esto, y para seguir jugando el juego keynesiano, cabe preguntarse: ¿qué capacidad de “emparejar” la suba de salarios con la suba de precios tienen hoy los millones de trabajadores que están precarizados o en negro? ¿Qué capacidad han tenido los trabajadores estatales en los últimos tiempos? ¿Qué capacidad han tenido los jubilados? ¿Qué capacidad los que reciben planes sociales? ¿Podría el doctor en Teoría General responder estas sencillas preguntas? ¿O nos va a lanzar otra temible cita de Keynes para solucionar los problemas?

Rolando Astarita es profesor de ciencia económica en la Universidad de Buenos Aires.

Fuentehttp://www.sinpermiso.info/

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