Economía marxista para el Siglo XXI


DA
César Sánchez Pérez.
¿Son iguales las manzanas a las peras?, desde luego que no. Estas líneas reflexionan sobre el análisis dimensional en la economía y particularmente en la economía de los trabajadores. Su aplicación deja en evidencia la inconsistencia de las recetas neoclásicas al desempleo y a su política de salarios.
 

¿Qué implicaciones puede tener el AD en la economía?

Las implicaciones de este análisis son muy importantes, para verlas imagínese el lector la siguiente situación: socialmente se somete a los trabajadores a que ‘si el salario real de un país se reduce, en esa medida, se incrementará su nivel de empleo’. Una aparente verdad muy atractiva en estos días que, a fuerza de retórica mediática, de verborrea gubernamental y de sofismas en la academia, se orilla a la población a pensar que es cierta. Otra ‘verdad’ económica del mainstream es que ‘el salario es igual a la productividad marginal del trabajo’, de esta premisa se desprende una secuela perniciosa con tintes inflacionarios amenazantes, ‘los salarios pueden incrementarse si —y solo si— se incrementa la productividad marginal del trabajo’ (un criterio dictatorial incumplido, al trabajador no se le suele dar el incremento de la productividad social, a lo sumo se le somete antes al criterio de la inflación y ni siquiera a este). Como estas afirmaciones se podrían ir encadenando otras. Hay, sin embargo, una estructura lógica común, pero falsa en estas anteriores aseveraciones neoclásicas: la teoría del valor y distribución neoclásica, basada en las funciones de producción. Dada la importancia social de estas afirmaciones se realizará un breve AD de ellas.

La función de producción puede verse como la relación entre los insumos y el producto que originan estos. Ya desde John B. Clark y Wicksteed se planteaba esta relación en la teoría neoclásica de la producción y distribución, y aún más, construía su propia teoría del valor. Simplificando, esta función puede asumirse sin cambio técnico como: Y = Ka Lb donde Y es el Producto Interno Bruto, K es el capital como acervo y L es la cantidad de trabajo. Con rendimientos constantes además a+b=1. Veamos ahora el AD, Brody (1970) ya glosaba que, si el PIB y el capital se miden en dólares [$] y el trabajo en horas [hrs], aplicando a la ecuación anterior las leyes elementales de las potencias se tiene que si a=1 y por tanto b=0, entonces [$]=[$] lo cual es consistente dimensionalmente, pero si a=0 y b=1 se obtiene el sin sentido de que [$] = [hrs], peor aún, en la situación en que a y b son mayores que cero, pero su suma es la unidad, el caso general, se tiene que [$]=[$]a[hrs]b una inconsistencia igualmente. En pocas palabras, la función de producción tipo Cobb-Douglas (o CES) en economía es del todo una inconsistencia dimensional.

Pero ahí no termina la crítica y el potencial del AD, hagamos un breve ejercicio meramente discursivo de la teoría de la producción y distribución neoclásica para determinar los precios. Según estas teorías, para determinar los diferentes precios solo necesitamos saber la cantidad de insumos primarios: capital y trabajo que implica un determinado bien; la teoría determina los dos precios fundamentales (la tasa de beneficio y salarial). Teniendo estos datos podría determinarse el precio de cualquier mercancía. Pero, ¿cómo determina la teoría neoclásica la tasa de beneficio o el salario? Aquí hay que remitirse precisamente a las funciones de producción. Si asumimos eventualmente (y esto es muy importante, solo eventualmente) que el capital lo podemos aglutinar como si fuera uno solo, podríamos calcular el incremento del producto por una unidad marginal de capital y lo mismo puede hacerse con el trabajo; entonces, estas productividades marginales son iguales a la tasa de beneficio y al salario, ingresos del factor de producción capital y trabajo respectivamente. Por ello, y bajo ciertos supuestos en esta teoría, no existe lugar para la explotación, pues cada factor recibe el producto de sus esfuerzos; de  hecho, la contribución de todos suma el valor agregado (teorema de Euler).

Los trabajadores, para esta teoría, no pueden más que aceptar lo que impone la “ciencia”. Pero mientras los trabajadores miran vacilantes a los neoclásicos, la historia económica recuerda a Sraffa (1960), Garegnani (1960), Benetti (1975), quienes plantean de manera clara que el mecanismo anterior para determinar la tasa de beneficio es insostenible, y es que al alzar el supuesto de que el capital está compuesto por una sola mercancía, se hace necesario agregar, y eso solo se consigue mediante los precios; el monto total de capital puede determinarse únicamente mediante la suma de los productos del precio unitario de cada bien por sus cantidades utilizadas. Y es aquí donde entra nuevamente el AD. Si existe una maquinaria, materias primas, servicios diversos, energía, etc., solo pueden agregarse si se conocen los precios, de esta manera, no se puede hablar de   ‘una’ variable y por tanto no se puede derivar (calcular su productividad marginal). Es una cuestión lógica que nos permite ver el AD.
En el mundo real existen múltiples bienes que componen el concepto de capital, y para obtener su productividad marginal es necesario agregarlos. En el mundo irreal neoclásico solo puede derivarse en rigor la tasa de beneficio y salarial si se asume únicamente un tipo de capital, solo con ello pueden arribar al concepto de factor de producción, derivarlo para obtener su productividad marginal en una función de producción dada y con ello determinar la tasa de ganancia y de salario, dado un nivel de producción determinado. Pero asumiendo la heterogeneidad del capital, no se puede formar el concepto de factor de producción, no sin antes necesitar el concepto de precio. Entonces, sin precios, queda indeterminada la productividad marginal del capital y con ella también queda indeterminada la tasa de ganancia y el salario. El objetivo de determinar los dos precios fundamentales es pues inalcanzable, ya que para determinarlos precisa conocerlos antes. Este es el círculo vicioso en el cual está atorada la teoría neoclásica desde la década de los sesenta. Pero entonces, dada la indeterminación de la productividad marginal de cada factor, muchas de las recetas neoclásicas quedan sembradas de dudas, entre ellas las recetas para el desempleo (basada en la función de demanda de empleo) y la forma y criterio capitalista de incrementar salarios (basado en la productividad marginal).
A estas alturas, el colectivo de trabajadores se muestra totalmente impaciente e incomprensivo, ¿cómo le piden aceptar nuevas reformas laborales, que en el fondo reducen el salario anual, en aras de incrementar el empleo?, ¿cómo pueden seguirle insistiendo por todo el orbe la mayoría de los medios, políticos y economistas, que solo si aceptan rebajar su sueldo podrán esperar que el empleo crezca?, ¿bajo qué argumentos les obligan a someter su salario al criterio de productividad? Al escuchar azorados los trabajadores la forma de razonar formal y discursivamente de los neoclásicos, dudarían de sus recetas (un físico serio lo haría).

El análisis dimensional es solo una herramienta más para razonar formal y discursivamente en cualquier área de la ciencia, pero es necesaria. Una teoría que arroja que dólares son igual a horas es una teoría en la que hay dudar. No obstante debe advertirse que, una aseveración científica, por ser consistente dimensionalmente no tiene por qué ser correcta, pero cualquier aseveración inconsistente dimensionalmente es un paralogismo, un engaño lógico.

En la física, el descuido del AD tuvo y tiene sus costos, por ejemplo, el proyecto del Mars Orbite Climate terminó destrozando el satélite en Marte en 1999 por combinar unidades métricas-decimales y anglosajonas. En economía el AD está aún por instaurarse en la práctica profesional (Okishio 1982, Valle 2010 y Frolich 2011, son de los pocos ejemplos que se pueden encontrar). A pesar de las inconsistencias señaladas, la teoría neoclásica, fundamento teórico económico del llamado neoliberalismo, sigue insistiendo en sus recetas económicas, en sus reformas laborales que destrozan empleo y creando y justificando salarios de infrasubsistencia.

Fuente: Economía Hoy, nº 58

Bibliografía:

·        Benetti, C. (1975), Valor y Distribución, España: Saltés.

·        Brody, A. (1970) Proportion, prices and planning. A mathematical restatement of the labor theory of value. Bp., Amsterdam : Akadémiai K., North-Holland Publishing.
·        Frölich, N. (2011) Dimensional Analysis of price-value deviations. Draft, Chemnitz University of Technology. Recuperado el [1 diciembre de 2012 de: http://www.tu-chemnitz.de/wirtschaft/vwl2/downloads/paper/froehlich/da-value.pdf
·        Garegnani, P. (1960) Il capitale nelle teorie della distribuzione. Giuffre.
·        Okishio, N. (1982) “Dimensional analysis in economics”. Kobe University Economic Review.  28. Japan: Kobe.
·        Sraffa, Piero. (1960): Producción de mercancías por medio de mercancías. Ed. 1983, España: Oikos-Tau.
·        Valle, Al. (2010) “Dimensional analysis of price-value correspondence: a spurious case of spurious correlation”, Investigación Económica, 69 (274), México: UNAM.

Comentarios en: "Inconsistencia de la teoría neoclásica: aplicación del análisis dimensional a la economía" (2)

  1. Muy bueno , Excelente , Argentina va a exponer el primer modelo social en base a software, por lo menos es mi intención.

  2. Tienes razón sobre el comentario al documento de César, quien además viene trabajando la problemática desde hace varios años. Puedes consultar también su tesis de licenciatura y maestría, de excelente nivel ambas.

    Saludos

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