Economía marxista para el Siglo XXI


Diez ideas claves para la reflexión

Yo no soy Charlie, no comparto su estilo eurocéntrico e islamófobo, soy los 12 muertos del 07-E en París y mucho más: soy las miles de víctimas de los bombardeos franceses y de los grupos extremistas de Mali y la República Centroafricana; soy los más de 2.000 palestinos y centenares de niños asesinados en Gaza; soy los miles de cristianos que mueren diariamente en Siria e Irak; soy las más de 3.000 personas fallecidas debido a los ataques de Boko Haram en Nigeria; soy los casi 9.400 iraquíes que murieron a causa de la ofensiva del Estado Islámico; soy las 40.000 personas que han muerto en lo que va de siglo por las políticas anti migratorias de Europa y EEUU (de las cuales el 66% proviene del Medio Oriente y África); soy los 6.000.000 de musulmanes franceses que viven en su mayoría en barrios pobres, que nunca tienen dolientes en las grandes empresas de comunicación ni logran ser trending topic, a menos que parezcan como victimarios, ellos son los que seguirán cobrando más caro las consecuencias del Charlie Hebdo.

Lo ocurrido el 07 de enero (07-E) en París es sin duda alguna y desde toda perspectiva, sin matiz alguno, condenable y repudiable. No puede justificarse de ninguna manera un acto similar. El problema de fondo no es ni la libertad de expresión ni el Islam, el problema es la guerra que beneficia a unos pocos, la búsqueda de chivos expiatorios para justificarla, y las muertes masivas que todo esto genera. A continuación sugiero algunas ideas para reflexionar y tratar de comprender en contexto este fenómeno, que más que causa es consecuencia, y a su vez se constituye potencialmente en detonante de otros hechos también lamentables, peligrosos y expansivos.

1. La construcción del enemigo: Zaffaroni (2006) en su explicación sobre el enemigo en el derecho penal explica como en la Roma imperial el hostis era el ”enemigo público”, respecto al cual se planteaba la guerra. Éste era la negación absoluta del otro ser (hostilidad). Esta categoría serviría para varias subclasificaciones entre las que se encontraría la del hostis alienigena considerado como “el núcleo troncal que abarcará a todos los molestos al poder, por insubordinados, indisciplinados o simples extranjeros”. En fin, el extranjero, el enemigo, el hostis, era el que carecía de derechos, el que estaba fuera de la comunidad. Tanto es así que la pena máxima en muchas sociedades era la expulsión de la comunidad, el exilio, la pérdida de la paz, justamente porque dejaba al sujeto en la situación de extranjero, de extraño, privado de todo derecho. Este desconocimiento del otro lo heredan de cierta manera las tradiciones judeo-cristianas, se expresarán en las cruzadas, en el genocidio americano y también en la inquisición. Esta rémora premoderna ha permeado al pensamiento moderno, a la política y en consecuencia al derecho. No en vano uno de los más importantes ideólogos del nacionalsocialismo, Carl Schmitt, considerará a la distinción entre amigos y enemigos como la “esencia de lo político”. En resumen: el enemigo no es persona y en consecuencia no tiene derechos, es una categoría bélica, no jurídica (Jakobs sería la carátula “jurídica” de este discurso). Por otra lado, la idea de “choque de civilizaciones” de un etnocentrista, xenófobo y racista miembro del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, asesor para bombardear las zonas rurales de Vietnam, llamado Huntington, también ha contribuido en las últimas décadas para abonar el terreno para este tipo planteamientos dicotómicos, pero en su caso, en el escenario geopolítico internacional. Estas retóricas se han venido posicionando tras el 11 de septiembre de 2001 (11-S). En este proceso de construcción de enemigos los estereotipos difundidos por las empresas de comunicación y del espectáculo, junto a la exacerbación de los miedos asociados con los mismos, son fundamentales para la legitimación de políticas bélicas.

2. El amamantamiento de los radicalismos islámicos de los últimos 35 años: Tal como lo afirma Atilio Borón desde 1979 los EEUU, a través de la CIA, han promovido y financiado los radicalismos islámicos, inicialmente para combatir a la “atea” e “infiel” Unión Soviética; luego para mantener y expandir sus intereses geopolíticos sobre el Medio Oriente y su petróleo. Hussein, Al Qaeda, Osama bin Laden, todos fueron sus aliados. De aquellas aguas provienen los actuales lodos. Son éstos los frankesteins que ahora el Imperio y sus cipayos europeos presentan como los hostis, como el enemigo que debe ser exterminado. La segunda etapa del entrenamiento y fortalecimiento de estos grupos vino con Abu Ghraib, Guantánamo y demás cárceles secretas de la CIA, las invasiones, promoción de guerras civiles, golpes de Estado, matanzas y bombardeos en Afganistán (2001), Irak (1991;2006), Egipto (2011), Siria (2014), Libia (2011) y el asesinato de Gadafi (celebrado a carcajadas por Hillary Clinton). El Estado Islámico no es más que el resultado de la independencia de los mercenarios amamantados por las políticas norteamericanas sobre el Medio Oriente. Ahora que el horror cotidiano que se vive en esta parte del mundo toca directamente al corazón de Europa, occidente se escandaliza.

3. Los islamismos extremos son una realidad: han hecho y hacen mucho daño. No son un bloque homogéneo y algunos combaten entre sí por el poder. En modo alguno representan al Islam. Aplican también la doctrina binaria amigo-enemigo, cometen asesinatos y crímenes atroces contra la población civil y generan miles de refugiados. Arabia Saudita y Qatar se encuentran entre sus principales financistas. El cuestionamiento a su origen y a las políticas “anti” terroristas de EEUU y Europa en modo alguno debe entenderse como una apología al islamismo extremo como opción ante el imperialismo. Hay algunos sectores de izquierda que, inadvertida o intencionadamente, en sus críticas no incluyen la condena a las prácticas de estos grupos. Es importante problematizar sobre estas realidades y no invisibilizarlas en el análisis.

4. El 11-S y la cruzada antiterrorista: El 11-S marcó un antes y un después en la política imperial de EEUU. No se inventó el agua tibia a partir de este momento, pero sí se expandieron en dimensiones inconcebibles las lógicas de dominación: racionalidad bélica, discurso conservador y moralizante, y -sobre todo- predominio del manejo de los miedos, y de la aplicación de terrorismo de Estado en distintos matices y formas. Estas lógicas legitiman cualquier razón de Estado (en especial la de EEUU). La guerra en un nuevo formato se presenta como algo cotidiano, normal, en ella sus efectos más devastadores pueden ser totalmente invisibilizados por sectores incluidos quienes son los que terminan detentando el poder de las comunicaciones en el mundo actual. Es una estrategia de ocupación política, económica, administrativa y cultural sin precedentes, impuesta desde la Casa Blanca.

El sustrato de esta guerra antiterrorista es el miedo. Las personas motivadas por las campañas de miedo ceden sus derechos ante políticas de mayores controles, presencia ostensiva de vigilancia, servicios de inteligencia, sospecha ante el “distinto”, ante el “otro”, quién puede ser deshumanizado en muy corto tiempo y por lo tanto, se convierte en el enemigo carente de derechos y garantías.

En el plano interno las campañas de guerra y las de seguridad ciudadana no se distinguen una de otra. Esta ideología influye y determina las políticas de los países, especialmente la de sus sistemas penales y sus políticas en materia criminal. Toda esta concepción bélica se traduce en políticas criminales autoritarias, represivas, que van en desmedro de derechos fundamentales (extradiciones express, legitimación de detenciones arbitrarias, militarización de la seguridad ciudadana y de todos los controles, excesos policiales y militares, etc…).

Ya no se trata con ciudadanos que cometen o pueden cometer delitos, ahora se combate al enemigo de la sociedad. Este enemigo, obviamente, pertenece a sectores comúnmente marginados y estigmatizados.

Esta guerra no tiene fronteras ya que el enemigo se encuentra también dentro del propio país que se intenta proteger, el enemigo puede estar dentro de tu mismo grupo, partido, o hasta dentro de tu propia casa. Esta dimensión interna nos afecta a todos.

5. Francia y el Islam: el imperio colonial francés en las primeras décadas del siglo XX llegó a ocupar un 8,7% del área terrestre del mundo (13.0000.0000 de km. cuadrados), se distribuía por todos los continentes. En éste las colonias Africanas y de Medio Oriente tienen un peso muy importante. El coloniaje francés nunca dejó de lado la imposición cultural, ideológica y religiosa, honrando las campañas medievales “civilizatorias” del fundamentalista cristiano Carlomagno. Claro está, a partir de la Revolución Francesa, el laicismo y la ley de la República sería la religión oficial, que habría de imponerse a sangre, fuego y guillotinas.

El caso más emblemático es el de Argelia, país que sufrió ataques sistemáticos en contra de su población civil: violaciones a los DDHH, torturas y desapariciones (se calculan que hubo unos 3.000 desaparecidos). En este proceso se gestó buena parte de la doctrina de la Seguridad Nacional que tanto daño hizo en Latinoamérica.

Con estos antecedentes se llega al 2013, año en el que Francia inicia el bombardeo a dos de sus antiguas colonias: Mali y la República Centroafricana. En 2014 toma la “delantera europea” en los bombardeos contra Irak. El financiamiento de grupos armados, la invasión y expoliación de estos países por parte de Francia también es terrorismo. Pero las empresas de comunicación en colaboración con las potencias norteamericanas y europeas, distinguen el terrorismo “blanco”, “bueno”, “cristiano” y “civilizador”, del terrorismo “oscuro”, “malo”, “musulmán”, “salvaje, bárbaro e incivilizado”.

6. El slogan de la libertad de expresión: el derecho a la libertad de expresión debe interpretarse armónicamente con el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, así como con el derecho a la igualdad (arts. 18, 19, 1 y 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). A todo lo anterior debe sumarse que también se tienen deberes: “en el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática” (art. 29). Ninguno de estos derechos podrán “interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración” (art. 30). Es decir, la libertad de expresión no es un derecho absoluto que puede emplearse en detrimento de otros derechos. Así se ratifica en los artículos: 19.3 y 20 (prohibición de propaganda a favor de la guerra, el odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia) del Pacto de Derechos Civiles y Políticos; 10.2 y 17 (prohibición del abuso de derecho) de la Convención Europea de Derechos Humanos, en los que se establecen formalidades, condiciones y restricciones a la libertad de expresión en procura de la protección de los derechos y a la reputación de los demás. Finalmente, hay que tomar también en cuenta en su totalidad a la Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial.

Así entonces, la libertad de expresión no puede ser esgrimida para estigmatizar, degradar, ofender, ni discriminar a ningún grupo étnico, racial o religioso, mucho menos cuando éstos se encuentran en condición de vulnerabilidad o en riesgo de exclusión. Los mensajes de los nazis contra los judíos o la tristemente famosa “Radio Televisión Libre de las Mil Colinas” de Ruanda no pueden ampararse en la libertad de expresión.

El humor político y contra el poder debe ser un humor elaborado e inteligente. En ninguno de estos supuestos se encuentra la revista Charlie Hebdo respecto al mundo islámico. Llama mucho la atención como el slogan de la libertad de expresión es usado a conveniencia: cuando se meten con tus adversarios o enemigos no tiene límites, pero cuando se meten contigo o con tus amigos sí los debe tener.

Es importante recordar que no hubo defensa alguna a la libertad de expresión cuando el caricaturista Siné bromeó en las páginas del Charlie Hebdo sobre el hijo de Sarkozy utilizando supuestos argumentos antisemitas. En ese caso el director de la revista declaró que se “prohíbe cualquier declaración racista y antisemita en el diario” y procedió a despedir a Siné. No se conocen decisiones similares de la revista ante las reiteradas protestas de la comunidad musulmana por los mensajes colonialistas, racistas y xenófobos contra el Islam divulgados en sus páginas. Por el contrario, se prestaron para reproducir la estigmatización de los musulmanes como terroristas, promoviendo la islamofobia, siguiendo burdamente el libreto del 11-S. Como bien lo señala Santiago Alba “la islamofobia fascista, en Europa y en las “colonias”, es la gran fábrica de islamistas fascistas y una y otro son incompatibles con el derecho y la democracia”. La condena rotunda y contundente al atentado contra el Charlie Hedbo no puede acallar las críticas hacia los contenidos de su trabajo. La crítica a los contenidos y estilo de Charlie Hebdo no justifica jamás lo sucedido. Las ideas, la tinta y los dibujos deben responderse con ideas, tinta y dibujos, nunca con balas.

7. Charlie y la versión parisina del 11-S: El 11-S en parte se caracterizó por su espectacularidad, por atacar un símbolo, en su caso financiero. Este 07-E es también mediáticamente espectacular, más sobrio pero no por ello de menor impacto. Las víctimas son cualificadas: intelectuales, periodistas, caricaturistas; apuntaron al corazón de la emotividad mediática occidental, generando la solidaridad automática de todas las empresas de comunicación y de las redes sociales. Este es el primer paso para la reedición de la política iniciada hace 14 años con el 11-S. Es el 11-S versión 2.0, más minimalista, más francés.

Pocos hablan de Ahmed, quien era de origen musulmán y uno de los policías fallecidos en el atentado, que protegía a la revista que se burlaba y ofendía de su religión y cultura; nadie habla tampoco de Frédéric Boisseau, el trabajador de mantenimiento que se encontraba también en el lugar del hecho.

Por otra parte, se presenta a Charlie Hebdo como una revista de izquierda, sin embargo, para algunos es una izquierda desteñida, eurocéntrica, islamofóbica y racista que desde hace tiempo dejó de ser referencia para muchos sectores. A pesar que desde el año 2006 viene utilizando a la islamofobia como estrategia de mercadeo, la revista se encontraba al borde de la quiebra y vendía menos de la mitad de su tiraje. A todo evento era un blanco perfecto: atacar a la “antisistémica” y “ crítica ” revista resultaba mucho mejor que atacar a los sectores de la extrema derecha, esto último generaría pocas solidaridades e impacto.

En el plano operativo el cruel ataque y la posterior huida dejan muchos cabos sueltos. Según algunos analistas, el método empleado no coincide del todo con el de grupos fundamentalistas islámicos, que priorizan en la destrucción de los objetos físicos que ofenden a dios antes de acabar con sus autores, su indumentaria tampoco era la más característica, hablaban perfectamente el francés; además, hasta dejaron sus documentos de identidad, panfletos religiosos, armas de guerra y cocteles molotov en el vehículo utilizado en el atentado, todo esto luego de robar una gasolinera. Esto parece muy poco profesional, fueron esparciendo evidencias a la ligera. Algunos testigos incluso afirman que los atacantes hasta se equivocaron inicialmente de dirección antes de llegar a la sede de la revista. Servicios de inteligencia argelinos habían advertido a las autoridades francesas de un posible atentado 24 horas antes de que este ocurriese. Quedan muchas preguntas en el aire, por ejemplo: si lo hermanos Kouachi ya estaban reseñados e identificados desde 2005 por los órganos de seguridad francés ¿qué pasó con sus servicios de inteligencia?. Dos días después del atentado los dos involucrados mueren “abatidos” por la policía, también resulta “abatido” un tercer sujeto que no había sido mencionado antes. Por otra parte, un policía responsable de la investigación del Charlie Hebdo aparece “suicidado”. Con las muertes de estas personas las posibilidades de investigar lo que realmente sucedió se van reduciendo considerablemente. Muchos cabos sueltos que recuerdan el montón que también se dejaron en el 11-S.

8. ¿Quiénes ganan?

Los grandes beneficiarios de este atentado son los mismos que los del 11-S, el militarismo, los extremismos y los conservadurismos –de todo tipo-. Por un lado, los islamismos extremistas reivindicarán lo sucedido, lo utilizarán como propaganda a su favor, para buscar adeptos y ganar músculo. Por el otro, la ultraderecha y la islamofobia están en plena expansión en Francia, España, Alemania, Suecia y Gran Bretaña y este atentado les viene como anillo al dedo. Con esto Francia legitima sus intervenciones militares en países musulmanes (mientras que a la vez apoya al Estado Islámico en Siria).

Ya los halcones norteamericanos se frotan las manos y se apresuran a emitir sus mensajes en francés. Ahora cundirán los discursos nacionalistas y de unidad en contra del mal absoluto, que se encarna en el Islam y todo lo que se asemeje a él, es decir, los hostis, los enemigos. Es la “lucha del bien contra el mal”, de “la civilización contra la barbarie”. Ahora algunos gobiernos “terroristas” con este ataque legitimarán sus cruzadas “antiterroristas”, con independencia de lo que opinen sus pueblos.

Hasta Marine LePen -cuyo padre afirma que el ébola es el remedio para acabar con los migrantes– ya está pidiendo que en Francia se retome la pena de muerte. Ya lo he señalado: los efectos de estas políticas de miedo afectan todos los ámbitos, el enemigo puede ser cualquiera, pero las consecuencias de tales políticas la padecen los sectores más vulnerables.

A menos de 24 horas del atentado ya se reportaban los primeros ataques a mezquitas y otros locales musulmanes.

9. ¿Quiénes pierden?

Las principales víctimas del extremismo islámico es la comunidad musulmana. La condena de este atentado por parte de estos sectores no tiene ni tendrá lugar en la agenda mediática de la guerra. Los migrantes en general y todo el que sufra de melanina en la piel también se verán afectados.

Wallerstein comentaba en 1995 que la cada vez más aguda polarización socioeconómica del mundo va aparejada con una polarización demográfica del mismo; de allí el aumento de la migración Sur-Norte, legal o ilegal. Ante ello afirmaba: “Retornaremos a la situación de la Gran Bretaña y la Francia en la primera mitad del siglo XIX, aquella de proletariados como clases peligrosas. Así se deshacen doscientos años de recuperación liberal y esta vez sin posibilidad de repetir el guión. Preveo que las zonas de conflicto social las más intensas en el siglo XXI, no serán las Somalias y las Bosnias, sino las Francias y los Estados Unidos. ¿Las estructuras estatales ya debilitadas van a sobrevivir ese tipo de guerra civil?”. El autor no había visto aún los efectos del 11-S, que han acelerado los ritmos, con ello creo que podemos retornar más bien a la Edad Media.

10. Yo no soy Charlie, no comparto su estilo eurocéntrico e islamófobo, soy los 12 muertos del 07-E en París y mucho más: soy las miles de víctimas de los bombardeos franceses y de los grupos extremistas de Mali y la República Centroafricana; soy los más de 2.000 palestinos y centenares de niños asesinados en Gaza; soy los miles de cristianos que mueren diariamente en Siria e Irak; soy las más de 3.000 personas fallecidas debido a los ataques de Boko Haram en Nigeria; soy los casi 9.400 iraquíes que murieron a causa de la ofensiva del Estado Islámico; soy las 40.000 personas que han muerto en lo que va de siglo por las políticas anti migratorias de Europa y EEUU (de las cuales el 66% proviene del Medio Oriente y África); soy los 6.000.000 de musulmanes franceses que viven en su mayoría en barrios pobres, que nunca tienen dolientes en las grandes empresas de comunicación ni logran ser trending topic, a menos que parezcan como victimarios, ellos son los que seguirán cobrando más caro las consecuencias del Charlie Hebdo.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194340

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