Economía marxista para el Siglo XXI


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Portadas del ultraderechista sitio web que regenteó Bannon el principal asesor de Trump cuya cara aparece

Maciek Wisniewski *

 

Mientras una legión de publicistas observa la política en el viejo continente –la actual campaña presidencial en Francia incluida– en alusión a aquel inmortal pasaje de Marx (y Engels) ve y habla –en general de manera bastante correcta– de los espectros de extrema derecha que recorren Europa (goo.gl/RNPnc3), yo veo puros espectros de Marx (sobre todo falsos).

Podría parecer un problema con la visión, pero al final quizás ambas miradas no están tan alejadas de sí mismas. Permitan que me explique.

Desde hace tiempo –al menos desde la victoria de Trump– se puede observar, ahora ya de ambos lados del océano, un extraño fenómeno identificado magistralmente por A. Levine: “una suerte del ‘marxismo vulgar’ que rezuma del ‘análisis’ político mainstream” (goo.gl/VOfQe8).

“Cuando Marx famosamente dijo que no era ‘marxista’ –recuerda Levine– tenía en mente que para él, contrario a los autodenominados ‘marxistas’ no todo tenía una ‘explicación económica’ y no todo ‘estaba dado’, sino dependía de la lucha de clases.”

Curiosamente hoy este tipo de reduccionismo marxista (pero no marxiano), parece reinar entre los comentaristas liberales.

Los que antes negaban vínculos entre política y economía pregonando el fin de la historia y el evangelio que ya no hacía falta la política sólo manejo técnico (“todos ya estábamos en el common ground de la democracia liberal”), de repente descubrieron que todo lo económico (la crisis, la austeridad) tiene sus consecuencias políticas.

Los que antes negaban la sola existencia de la clase trabajadora (la clase ya dejó de ser un concepto viable y el trabajo llegó a su fin) de repente descubrieron que ésta existe y necesariamente vota por la extrema derecha.

Una, dos votaciones y de la imposibilidad pasamos a la inevitabilidad.

“Pero los que ven a Trump y al auge de la extrema derecha en Europa –sigue otra vez Levine– como ineludibles consecuencias del actual momento económico deberían leer El 18 brumario [donde Marx analiza como la lucha de clases y conflictos entre diferentes fracciones de la burguesía abren el camino al golpe de L. Bonaparte] o sus escritos sobre la Comuna de París”.

Y por último: “Trump, Brexit, el voto contra Renzi en Italia [o las elecciones en Austria u Holanda, donde las ‘fuerzas del bien’ se impusieron por un pelo] y la próxima votación en Francia, donde puede ganar Frente Nacional (FN), no son meros epifenómenos de las perturbaciones en el capitalismo. Son insurgencias políticas, enraizadas en lo económico, pero sujetas a sus propias lógicas y particularidades”.

¿ Cui bono? Más simple imposible: el objetivo de la narrativa de la inevitabilidad es cerrar las vías a la izquierda. Si bien ésta desde 2008 se mostró incapaz de imponer su narrativa sobre la crisis, no es verdad que la ola de extrema derecha es su única consecuencia posible y que no hay alternativas.

Los indignados, Occupy, Syriza, Podemos, Corbyn, Sanders, protestas contra TTIP/CETA o el mismo movimiento Nuit Debout francés eran poderosas respuestas desde la izquierda y si algunas de ellas fracasaron no era (sólo) por su propia debilidad, sino porque tenían un poderoso enemigo: la burguesía (neo) liberal.

Para ella la principal amenaza no es el fascismo, sino la izquierda democrática y es su resistencia y sus políticas calculadas a sofocarla, por ejemplo desde la UE, lo que está detrás de los fantasmas pardos, no la inevitabilidad (goo.gl/lpdddI).

En Francia se nos dice que aún hay alternativa a Le Pen –incluso opciones (¡sic!): Macron, el neoliberal simpático (progresista), o Fillon, el neoliberal serio (conservador)–, pero si gana, ya nos enteraremos cómo su victoria era ineludible (y si pierde, pues habrá más de lo mismo).

Claramente también hay un otro elemento.

Desde el gobierno reaccionario de Hollande/Valls (goo.gl/Cbtnz9) y la candidatura oficial de Hamon (ex-ministro de ala izquierda del Partido Socialista que devuelve la esperanza pero promete algunas cosas iguales que su ex jefe en 2012, por ejemplo civilizar a la UE…)– abandonado al final por la dirigencia de su propio partido, que se volcó por Macron (otro ex ministro, hoy “candidato ‘independiente’”, o sea del capital), pasando por Mélenchon (un marxista de YouTube que en vez de organizar un partido prefiere hacerlo todo por Internet) con sus mil y una ambigüedades (goo.gl/fjKQke), hasta la importante, pero al final testimonial, candidatura de Poutou (goo.gl/GRQXGI), obrero de una fábrica automotriz, la izquierda francesa parece determinada a cerrarse las vías solita.

A este punto la historia ya es farsa y tragedia a la vez. Hamon y Mélenchon, que de por sí se van neutralizando mutuamente, organizaron –cada uno por separado– sus principales actos de campaña… el mismo día. El día del aniversario de la Comuna de París (18 de marzo). No muy comunista de su parte que digamos.

Y si algo faltaba todavía era… Toni Negri. Famoso por tener visiones del Imperio sin imperialismo hoy de repente –todo excitado y entusiasmado– vio a Marx en el proyecto del ingreso universal presentado por Hamon (goo.gl/0qFnGX).

Analizando el contexto político –en general de manera bastante correcta respecto a las amenazas de la derecha– y subrayando lo beneficioso [según él] de aquella idea, detalló una visión como con el ingreso universal en la mano: estamos ante parecidos episodios de lucha de clases los de Francia en el siglo XIX narrados por Marx.

Ahora sí que me quedé deslumbrado.

Tanto que mejor me quedo con M. Husson (goo.gl/bVpnNG) y M. Roberts (goo.gl/ch3hqw), economistas marxistas que rechazan aquella idea por partir de postulados erróneos (el fin del trabajo) o por dejar intacta la estructura del capitalismo (la propiedad de los medios de producción).

Espectros de Marx (1993) –en la misma alusión al pasaje inicial del Manifiesto Comunista– es el título de un libro de J. Derrida que en un momento menos propicio (definido por el fin de la historia) se propuso rescatar a Marx.

Su contribución fue importante y a la vez debatible: Derrida lo recuperaba para el pensamiento crítico, pero dejaba de lado –por obsoletos…– su política y su comunismo (A. Badiou dice que no está de acuerdo).

En tiempos en que los espectros de extrema derecha y los (falsos) espectros de Marx recorren Europa éstos son precisamente los puntos para rescatar.

Fuente: La Jornada

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