Economía marxista para el Siglo XXI


Michael Roberts

13/01/2018

 

: Globalización, desigualdad y populismo

ASSA 2018 es la conferencia anual de la American Economic Association, que agrupa a la profesión económica en los EE.UU. para discutir cientos de documentos y debatir los temas e ideas que la economía dominante considera claves. Este año, en una congelada Filadelfia, la obsesión han sido el presidente de Trump, y sus payasadas y Trumpenomics, si podemos llamarlas así. Mientras Trump lanzaba su última diatriba de tweets extraños en contra de un nuevo libro que relata sus inestables travesuras mentales, los  mejores economistas ortodoxos de Estados Unidos analizaban su política económica.

Y estaban preocupados. Tres cosas atrajeron su atención. La primera fue el aparente fracaso de la globalización desde la Gran Recesión; la segunda, el bajo nivel de crecimiento de la productividad en las principales economías capitalistas en los últimos diez años; y la tercera, la eficacia de la política comercial proteccionista proclamada por Trump, que ha combinado con drásticos recortes de impuestos para el sector empresarial de Estados Unidos y sus amigos ricos de la élite.

Parece que los economistas ortodoxos son ahora conscientes de que el libre comercio y la libre circulación de capitales, que se ha acelerado a nivel mundial durante los últimos 30 años, no ha beneficiado a todos – en contra de la teoría de la ventaja comparativa y la competencia de la economía ortodoxa.

Desde el final de la Gran Recesión, el crecimiento del comercio mundial ha disminuido casi hasta el nivel de crecimiento del PIB mundial – algo sin precedentes en el período posterior a 1945. Y los flujos transfronterizos de capital han disminuido drásticamente, en particular los préstamos bancarios. Y hay que añadir a Trump con sus amenazas de que Estados Unidos denunciarán los acuerdos comerciales, para imponer tarifas aduaneras a las importaciones chinas y levantar un muro contra México, etc.

Pero el otro factor de la globalización que ahora se ha hecho evidente para la teoría económica ortodoxa es que ha aumentado la desigualdad de la riqueza y de los ingresos, tanto entre naciones como en sus economías en la medida en que las corporaciones transnacionales deslocalizan sus actividades a zonas con mano de obra más barata y llevan nuevas tecnologías que requieren menos mano de obra. Por supuesto, esta es una de las razones por las que Trump atrae a los que se han ‘quedado atrás’. La Gran Recesión, la débil recuperación en este Larga Depresión, la imposición de ‘austeridad’ en el gasto del sector público y grandes recortes en los impuestos para los ricos han generado el surgimiento del ‘populismo’ es decir, sentimientos contra el ‘libre comercio’, anti-inmigración, anti desregulación, anti-banqueros.

Todo esto preocupa mucho a la teoría económica convencional. Olivier Blanchard, ex economista jefe del FMI y uno de los ‘mejores’, que siempre habla en las reuniones importantes de ASSA, inició su análisis del primer año bajo Trump expresando su preocupación real sobre “el alto grado de incertidumbre sobre que políticas se adoptarán finalmente. Hasta el momento, y sorprendentemente, no parece que esta incertidumbre de las políticas haya afectado a la actividad económica”. Blanchard se sintió aliviado, pero “todavía es pronto para saberlo”. TheEffectsOfPolicyUncertainty_powerpoint

Edmund Phelps, ganador de un premio Nobel y gurú económico de la Universidad de Columbia en Nueva York, también habló. En el pasado ha dicho que las ideas de Trump eran “como la política económica en una época del fascismo”. En ASSA se mostró preocupado de que la economía de Trump no tenga “ninguna conciencia de que las naciones en la frontera necesitan innovación endógena para tener un amplio crecimiento”.  Lo que se necesitaba era que la economía de Estados Unidos estuviese dispuesta a asumir riesgos, no “políticas económicas noqueadas que solo intentan aumentar los salarios de los estadounidenses a través del proteccionismo. Phelps estaba preocupado de que lo que él llamó “el orden económico y político global de la post-Segunda Guerra Mundial” (es decir, el libre mercado, la globalización y el dólar) estaban bajo amenaza en perjuicio de todos.

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En otras sesiones, otro ganador del premio Nobel, Joseph Stiglitz y el profesor de Harvard Dani Rodrik fueron menos optimistas acerca de los beneficios percibidos de los últimos 30 años de globalización.

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Rodrik aseguró en la sesión plenaria de apertura que el problema con el libre comercio sin regulación y la libre circulación de capitales a nivel mundial era inevitablemente aumentarían la desigualdad de los ingresos, ya que a menudo conducen a un aumento de “fallos del mercado” (sinónimo de crisis y depresiones). De hecho, las ‘compensaciones’ no pueden frenar de manera creíble la erosión a largo plazo de la negociación distributiva implícita en los acuerdos comerciales y la globalización financiera.

Stiglitz también argumentó que la globalización y el libre comercio no eran “una ventaja de Pareto”  (no ofrecen beneficios iguales) y por lo tanto era necesaria la intervención del gobierno para corregir los desequilibrios de ingresos.  “Mientras que Trump está equivocado al afirmar que los acuerdos comerciales son injustos para los EE.UU., no hay duda de que la globalización ha contribuido al debilitamiento de los salarios de los trabajadores cualificados en los Estados Unidos. Aprender esta lección, si de hecho lo hacemos, puede ser el único rayo de luz en esta nube oscura que se cierne sobre el horizonte global “.

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Así, parece que, con el ascenso de Trump y otros populistas, la fe ciega de la economía convencional en el ‘libre comercio’ y la libre circulación de capitales como el mantra del éxito capitalista se ha visto cuestionada.

Por supuesto, la economía marxista podría haber previsto este resultado de la globalización. La teoría abstracta de David Ricardo de la ventaja comparativa siempre ha sido demostrablemente falsa. Bajo el capitalismo, con mercados abiertos, las economías más eficientes conquistarán cuotas de comercio a las menos eficientes. Así que los desequilibrios comerciales y de capital no tienden hacia el equilibrio a largo plazo. Por el contrario, los países mantienen enormes déficits y superávits comerciales por períodos largos, tienen recurrentes crisis monetarias y los trabajadores pierden sus trabajos ante la competencia exterior sin conseguir otros nuevos de sectores más competitivos (ver Carchedi, Frontiers of Political Economy, p282).

Los beneficios del comercio no son resultado de ventajas o costes comparativos sino de los costes absolutos (en otras palabras, de la rentabilidad relativa). Si los costes laborales en China son mucho menores que los costes laborales de las empresas estadounidenses, China ganará cuotas de mercado, incluso si Estados Unidos tiene alguna llamada ‘ventaja comparativa’ en el diseño o la innovación (en contra de la opinión de Phelps). Lo realmente decisivo es el nivel de productividad y el crecimiento de una economía y el coste de la mano de obra.

Hasta el momento, lejos de conducir la globalización y el libre comercio a un aumento de los ingresos para todos, bajo la libre circulación de capitales propiedad de las transnacionales y el libre comercio sin aranceles y restricciones, los grandes capitales eficientes triunfan a expensas de los capitales más débiles e ineficaces – y los trabajadores de esos sectores reciben el golpe.

Ahora la corriente principal de la economía convencional se ha caído del guindo ante este hecho, incluso si no ha abandonado la teoría de la ventaja comparativa. Como un papel de una sesión de trabajo resume: “los efectos distributivos de la globalización financiera, a diferencia de los del comercio, han sido en gran parte desconocidos. De hecho, sin embargo, los episodios de liberalización de la cuenta de capital son seguidos por un aumento en el coeficiente de Gini y aumento de la proporción de los ingresos más altos y la disminución de la participación del trabajo en la renta. Estos efectos distributivos se mantienen con un grado de liberalización de jure, y sólo se hacen más acuciantes cuando este nivel aumenta drásticamente por la magnitud de los flujos de capital que resultan como consecuencia de la liberalización. La globalización financiera aparece como una robusta determinante de la desigualdad, incluso teniendo en cuenta los efectos del comercio, la tecnología y otros motores”. (Jeffry Frieden, Universidad de Harvard).

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Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, los gurúes de la desigualdad, demostraron en sus sesiones, que la desigualdad de ingresos y riqueza aumentó considerablemente durante el período neoliberal de globalización y libre comercio. Se presentaron nuevas pruebas de que la desigualdad global y el crecimiento desde el año 1980 se han incrementado en casi todas partes, aunque a velocidades muy diferentes. El crecimiento de los ingresos ha sido explosivo para los perceptores de ingresos globales superiores. TheElephantCurveOfGlobalInequality_powerpoint

Pero lo que realmente preocupa a la corriente ortodoxa en su defensa del modo de producción capitalista son las consecuencias del fin de la globalización y la reversión potencial del libre comercio – a saber, el surgimiento del ‘populismo’ en las economías capitalistas. En Europa, los partidos anti-libre comercio, nacionalistas anti-inmigrantes, obtienen un 25-30% de voto en las elecciones, amenazando el status quo de los partidos de centro-derecha y socialdemócratas pro-capitalistas. En los EEUU, tenemos a Trump y su más del 30% de apoyo y en el Reino Unido, el Brexit. El neoliberalismo amenaza con ser sustituido por una reacción nacionalista, que acabe con la ‘democracia’ (es decir, el orden capitalista existente ‘como de costumbre’). Este es el temor de Rodrik y Stiglitz y los otros gurús de ASSA.

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Pero también se expresó en una de las sesiones de ASSA a cargo de la Unión de Economía Política Radical (URPE). En la conferencia en memoria de David Gordon, el veterano economista marxista John Weeks habló de las “tendencias autoritarias” que experimentan un “salto cuántico” tanto en Europa, a causa de la “austeridad”, como en China y Vietnam, donde la planificación central ha sido sustituida por el “autoritarismo de mercado”.

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¿Por qué ha sucedido? Según Weeks, “es el resultado de los excesos generados por la competencia capitalista, desatados y justificados ahora no por el fascismo, sino por el neoliberalismo.”  Porque, las reglas del comercio y la competencia fueron alterados bajo el neoliberalismo en beneficio de las finanzas y los oligopolios a expensas de la mano de obra y el resto.  “El propósito de destruir el consenso normativo de la posguerra era liberar al capital financiero de restricciones. La macroeconomía de Keynes y sobre todo la de Kalecki proporcionaron la explicación teórica de por qué se necesitaban estas regulaciones y las herramientas normativas prácticas para gestionar una economía dentro de esos límites. La “revolución keynesiana” institucionalizó brevemente el principio razonable de que los gobiernos representativos tienen herramientas de política que pueden utilizar para perseguir el bienestar de las poblaciones que les eligió para servirles”.

Pero, ¿la razón del aumento del nacionalismo reaccionario semi-fascista son ‘los excesos’ del neoliberalismo, del capital financiero (pero ¿no del capital industrial?) ¿Y la austeridad? ¿O por el cambio de los buenos “principios sensibles” de la gestión de gobierno de la economía que aparentemente se inició con el New Deal y continuó (“brevemente”) con las políticas keynesianas de consenso de la posguerra?

No creo que esto sea una explicación convincente. Las políticas keynesianas o las del New Deal de gestión fiscal y monetaria de la economía capitalista, en la medida en que se aplicaron (y no fue así siempre, de hecho), se derrumbaron en la década de 1970 y fueron sustituidas por las políticas neoliberales de desregulación financiera, la globalización y la reducción del Estado de Bienestar. Pero eso no ocurrió porque los políticos decidieron ‘cambiar las reglas’ y las políticas keynesianas ‘racionales’ fueron marginadas como consecuencia de la avaricia del 1%.

Este es el argumento de los economistas liberales convencionales, como Joseph Stiglitz, que escribió un libro exactamente con ese argumento. Pero no fue un cambio de ideología solo: fue el resultado de forzar las circunstancias a favor del capitalismo desde finales de 1960. El modo de producción capitalista comenzó a tener serios problemas en la medida en que la rentabilidad del capital cayó en todas partes. Una reversión drástica de la política económica era necesaria. Se echó por la borda la ‘revolución’ keynesiana y se comenzó a aplicar el monetarismo, los mercados libres de Hayek, el aplastamiento de los sindicatos y el final de las barreras comerciales y de la intervención gubernamental.

El capitalismo funcionó toda una generación y recuperó su rentabilidad (al menos un poco) a expensas de los trabajadores, sobre todo a través de un aumento progresivo de la tasa de explotación (así como la globalización). Pero, como la ley de la rentabilidad de Marx explica, los factores que se contraponen a la tendencia decreciente de la rentabilidad del capital a largo plazo no funcionan siempre. La crisis financiera global, la consiguiente Gran Recesión y la posterior Larga Depresión han confirmado que la era de la globalización y de las políticas neoliberales ya no funciona. Y ahora el consenso entre los economistas convencionales se rompe.  La consigna es ahora repensar la teoría económica.

No fueron los ‘excesos’ del neoliberalismo y la globalización los que provocaron el ascenso del nacionalismo y de Trump, sino el hecho de que el modo de producción capitalista no funcionó. Los Stiglitz, Phelps, DeLong, Krugman, etc quieren ‘cambiar las reglas’ para que el capitalismo pueda ser ‘gestionado’. Pero es un objetivo ilusorio, a menos que la rentabilidad del capital vuelve a recuperarse de una manera estable.

En su discurso, el marxista John Weeks, naturalmente, fue más allá de Joseph Stiglitz en sus políticas de cambio. Pero, en mi opinión, no bastará con “reformar los mercados“ para “evitar que el poder del capital financiero aliente un fascismo para el siglo XXI y poder reconstruir la ‘social-democracia del siglo XXI”. Si los trabajadores son los que deben recoger los beneficios y evitarse nuevas crisis, el modo de producción capitalista debe ser reemplazado por completo. Y eso implica una economía planificada mundialmente para movilizar los recursos, la innovación y las capacidades de los trabajadores, para no hablar de frenar el calentamiento global y el cambio climático.

II: Valor, rentabilidad y crisis

En ASSA 2018, lejos de las grandes sesiones donde miles escucharon a los economistas ortodoxos que son los gurús de los millonarios, hubo también una serie de sesiones patrocinadas por la Unión de Economía Política Radical (URPE), en las que unos pocos escucharon los papeles de una serie de economistas heterodoxos y radicales . Estas sesiones fueron una mezcla de debate sobre la teoría del valor de Marx (entre los marxistas) y su rechazo por parte de los seguidores de Piero Sraffa. Pero también hubo investigaciones muy interesantes sobre la naturaleza de los ciclos económicos capitalistas y las causas de las crisis, incluyendo la crisis de 2008 y la Gran Recesión.

Los partidarios del teórico ‘neo-ricardiano’ Piero Sraffa tuvieron una sesión con el objetivo de comparar el análisis de Marx del capitalismo con el de su propio héroe. En su comparación ‘punto por punto’ de Marx y Sraffa, Robin Hahnel explicó que Marx fue el “abuelo” de la crítica del capitalismo, pero que “muchas cosas han sucedido desde que Marx murió en 1883” y que era hora de reconocer que los “intentos de Marx de elaborar una teoría económica formal de determinación de los precios y de los ingresos en el capitalismo basado en una teoría del valor-trabajo, y elaborar una crítica hegeliana del capitalismo, pueden ser ahora superados”.   Porque, “una serie de distinguidos economistas sraffianos han utilizado herramientas matemáticas modernas para elaborar una versión intelectualmente rigurosa de la teoría sraffiana, que supera a la teoría económica formal de Marx en todos los aspectos”.

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Para justificar esta afirmación, Harnel a continuación ofreció el arsenal habitual de argumentos neo-ricardianos contra de la teoría del valor de Marx (planteada por primera vez por Ian Steedman en 1977): Los valores no son necesarios para explicar los precios o beneficios bajo el capitalismo, de hecho, son redundantes; Las teorías del valor y la rentabilidad de Marx han sido empíricamente refutadas; y de todos modos, Okishio ha refutado por completo la teoría de las crisis basada en la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancias de Marx.

No tengo espacio en este artículo para responder adecuadamente a estos argumentos tradicionales de los sraffianos. En lugar de ello, refiero a los lectores a la batería de trabajos realizados por los economistas marxistas en los últimos 40 años que muestran la lógica de la teoría de Marx, demuestran los supuestos poco realistas del enfoque de Sraffa y proporcionan apoyo empírico a las leyes de Marx del funcionamiento del capitalismo. Sólo tengo que mencionar algunos de ellos: Husson, Carchedi, Freeman, Kliman y Moseley, entre muchos otros.

De hecho, en otras sesiones de ASSA la teoría del valor marxista fue expuesta de manera convincente. Riccardo Bellofiore nos llevó cuidadosamente en un recorrido por la teoría del valor de Marx desde varios ángulosY lean la crítica de Sraffa de Bellofiore en otra sesión.

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Fred Moseley hizo un resumen de la teoría del valor y de las leyes del movimiento de Marx desarrolladas en su importante  libro del año pasado, Dinero y Totalidad. Su libro ofrece una crítica firme de la teoría sraffiana, así como una interpretación convincente del llamado problema de la transformación, la ‘conversión’ del valor-trabajo en precios de producción, un tema al que los sraffianos y todos los críticos de la teoría del valor de Marx se agarran.

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En ASSA, el enfoque ‘macro-monetario’ de Moseley de la teoría del valor de Marx fue criticada por David Laibman y Gilbert Skillman.

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Pero Moseley se mantuvo firme en su opinión de que “la teoría del capitalismo de Marx es consistente lógicamente. La vieja y conocida crítica de que Marx “fracaso a la hora de transformar los inputs” en su teoría de los precios de producción en el Volumen III no es una crítica válida. Marx no fracasó a la hora de transformar los inputs porque no tienen por qué ser transformados. Los inputs de capital constante y capital variable son las mismas cantidades reales de capital dinero adelantado al comienzo del ciclo del capital dinero para comprar medios de producción y fuerza de trabajo que se toman como dadas”. Así que los precios de producción se pueden derivar de la plusvalía total y la tasa general de ganancia de una manera lógicamente consistente. La teoría del valor de Marx es a la vez necesaria y suficiente para explicar los precios de mercado, de hecho mejor que la teoría marginalista neoclásica convencional o las ecuaciones de producción ”fisicalistas” de Sraffa.

Como ya he dicho, el debate entre los marxistas y los neoricardianos / sraffianos tiene más de 40 años. Todo se reduce a si cree que la teoría del valor de Marx y su crítica del capitalismo es lógicamente válida. Los marxistas han ganado, en mi opinión, de manera concluyente el debate.

Sin embargo, para la economía marxista en los últimos 15 años, y desde luego desde la Gran Recesión, el tema ha pasado de ser si la teoría del valor y la teoría de las crisis de Marx son demostrables empíricamente. Ha habido un montón de estudios sobre ello – con trabajos de Freeman, Kliman, Moseley, Carchedi (y yo mismo). Y este año, Carchedi y yo publicaremos una colección de las investigaciones de jóvenes economistas marxistas de todos los rincones del mundo que ayudan a verificar empíricamente ley de la rentabilidad y la teoría de las crisis de Marx.

Y en ASSA, se presentó un trabajo empírico aún más convincente. En particular, David Brennan presentó un análisis basado, según dijo, en la ley de la rentabilidad de Marx y las identidades macro de Michal Kalecki. Brennan ofreció “una nueva metodología basada en la obra de Kalecki para proporcionar estimaciones empíricas de los beneficios y los diversos componentes de la realización, las tasas de ganancia, y la composición orgánica del capital. Estas estimaciones proporcionan nuevos conocimientos sobre la Gran Recesión y la “recuperación”.

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Como mis lectores saben, tengo serias críticas a las identidades macro de Keynes / Kalecki como una herramienta útil para explicar las crisis en el capitalismo. En esencia, como Brennan muestra también cuando repasa las categorías macro, el impulsor de la economía capitalista puede reducirse a las ganancias = identidad de inversión.

¿Por qué? Porque si asumimos que los trabajadores en general consumen todo lo que obtienen y los capitalistas ahorran todo lo que obtienen, al tiempo que los gobiernos equilibran sus presupuestos y el comercio exterior está en equilibrio, entonces todo lo que queda es ganancias = inversión. La conclusión keynesiano / kaleckiana es que la inversión impulsa o crea beneficios en base a la ‘demanda efectiva’ de los capitalistas. Pero esto es ir de atrás hacia delante. El punto de vista marxista es que los beneficios son los que impulsan o crean la inversión, y no viceversa . Y hay un montón de pruebas empíricas para confirmar el punto de vista marxista.

Pero Brennan quiso dejar claro que las crisis no pueden ser causados sólo por una caída en la tasa de ganancia; las depresiones también dependen de la realización de la masa de ganancia.  “La teoría marxista no estaba equivocado acerca de las causas de la Gran Recesión, aunque varias teorías marxistas hicieron hincapié en diferentes aspectos de la crisis. Al final, la tasa de ganancia es fundamental para la evolución de la economía. Pero para entender las crisis como la Gran Recesión, las tasas de ganancia por sí solas no son suficientes. Las crisis, a diferencia de las recesiones típicas, son súbitas y a menudo imprevistas. La Gran Recesión ha sido a la vez una crisis de tasa de ganancia y una crisis de realización de beneficios“.

Brennan cree que esta es la contribución de Kalecki.  En realidad, la teoría marxista de las crisis siempre lo ha tenido en cuenta.  De hecho, cuando la tasa de ganancia cae y ya no se ve compensada por un aumento en la masa de ganancia, es inevitable una depresión.  El economista marxista, Henryk Grossman , hizo especial hincapié en este aspecto de la teoría de la crisis de Marx.

Como dijo Marx:  “la llamada plétora (sobreacumulación) del capital siempre se aplica a una gran cantidad de capital para el que la caída de la tasa de ganancia no se ve compensada por la masa de ganancias … y la “sobreproducción de mercancías es simplemente la sobreacumulación de capital”.  Fue precisamente cuando la masa de ganancias dejó de crecer cuando estalló  la Gran Recesión.

Y esto es lo que Brennan encuentra en los datos de Estados Unidos mediante su combinación de la tasa de ganancia marxista y las ganancias de Kalecki. La tasa de ganancia se redujo en el período de 1964 a 1980 y luego aumentó en el periodo neoliberal de 1980-2006, cayó durante la Gran Recesión y se recuperó posteriormente. Estos resultados reproducen lo que una gran cantidad de estudios ya han demostrado.

Brennan ahora añade el impacto del movimiento de la masa de ganancia ( a la Kalecki) y encuentra que la tasa de ganancia de Marx cayó mucho antes de la crisis financiera global y luego fue seguida de una caída en la masa de ganancia y la inversión. “Fue la caída significativa de los flujos de beneficios totales, junto con las bajas tasas de ganancia, de acumulación y de explotación lo que desencadenó la Gran Recesión.” Exacto: a continuación mi versión.

Brennan añade una interpretación ligeramente diferente: “La tasa de explotación alcanzó su punto máximo durante el T1 de 2006. Sin embargo, los flujos de ganancias siguieron aumentando hasta el T3 de 2008. Por lo tanto, el sector financiero trató esencialmente de realizar unas ganancias que no estaban en la producción real. Esta es una de las razones por las que el boom de la vivienda no podía continuar mucho más allá del final de 2005. Mientras que la crisis estalló de hecho por el colapso del sector vivienda, el colapso fue provocado tanto por las dificultades de la producción de ganancias como de su realización”. Sin embargo, el análisis kaleckiano de Brennan confirma el análisis marxista ya presentado por Carchedi, Freeman, Kliman, (yo mismo) y muchos otros.

La teoría de la crisis de Marx se sostiene mientras que las teorías económicas convencionales se desmoronan, incapaces de prever o explicar la crisis financiera global, la consiguiente Gran Recesión y la Larga Depresión que ha seguido.

 Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com  

Traducción: G. Buster

 

Fuente: Sin Permiso

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