Economía marxista para el Siglo XXI


Reseña de Marx, El capital y la demencia del pensamiento económico– una crítica devastadora de cómo vivimos hoy. David Harvey, Marx, Capital, and the Madness of Economic Reason Oxford University Press, Nueva York, 2017 [1]

Stuart Jeffries

Noviembre 1 de 2017

A vision of high-speed growth … a billboard features a magnetic levitation train in Shanghai.

Ilustración 1: Una visión del crecimiento a alta velocidad … una valla publicitaria muestra un tren de levitación magnética en Shanghai. Fotografía: Liu Jin / AFP

 

El renombrado crítico del capitalismo, David Harvey explora la creciente conciencia de que el libre mercado no puede dar a las personas las cosas que ellas quieren y necesitan.

Un tercio de los niños de Estados Unidos, todavía el país más rico en el mundo de acuerdo a David Harvey, vive en la pobreza. Los pobres frecuentemente, comenta Harvey, viven en “lugares contaminados, sufren de hambre y de envenenamiento de plomo al mismo tiempo que no tienen acceso a servicios públicos elementales y a oportunidades de educación.” Tal situación es la “locura del pensamiento económico”

Dos ejemplos contradictorios son los siguientes. Aborrecemos la desunión de la sociedad, la injusticia, el abuso y la desigualdad, afirmó el manifiesto del partido Tory[2] en mayo. Sin embargo, el mes siguiente, todo lo que el gobierno mencionó y aborreció quedó sepultado en el incendio del Royal Borough de Kensington y Chelsea. En tal incendio de la Torre Grenfell murieron cerca 80 personas, sin importar que a poca distancia de la tragedia se encuentran unidades habitacionales de lo más costosas del mundo.

Sin tener en cuenta está locura, Theresa M. May[3] afirmó ante el Banco de Inglaterra en un discurso en septiembre: “Una economía de mercado libre, que opera bajo las reglas y regulaciones adecuadas, es la fuente más importante del progreso social que jamás se haya creado.” Pero lo que demostró el acontecimiento de Grenfell fue que, bajo el capitalismo de libre mercado, ciertamente del tipo que se ha desarrollado en Gran Bretaña desde hace años, las reglas y regulaciones son discrecionales: las normas de seguridad contra incendios estaban desreguladas bajo el Nuevo Laborismo.[4] Bajo el gobierno conservador, el número de bomberos se ha reducido y los recortes presupuestales han disminuido la efectividad de las inspecciones de seguridad e inducido a los constructores a bajar costos comprando revestimientos baratos contra incendios para edificios como Grenfell.

Sin embargo, muchas personas creen todavía en las cosas que T.M. May dijo en su discurso en el en banco de Inglaterra: que la economía de mercado es “sin lugar a dudas la mejor, y la única que puede llevar a incrementar los niveles de vida de todos los países de manera duradera.” Después de Greenfell, posteriormente a una década de construcción desenfrenada en una era de austeridad fiscal que dio oportunidades a los especuladores inmobiliarios de obtener ganancias en lugar de crear lugares para vivir, al mismo tiempo que el Reino Unido tiene dificultades para invertir en viviendas asequibles, ¿Qué podría ser más insano que eso?

             Continuemos con otro ejemplo igual de insano. Harvey argumenta que la elite comunista de Beijing no tenía el objetivo de salvar al capitalismo después de la crisis de 2007-08 pero fue lo que hizo. En 2008, debido al desplome del consumo de la población de Estados Unidos causado por la burbuja especulativa inmobiliaria, China tuvo una reducción del 30 por ciento de sus exportaciones y una pérdida de entre 20 millones y 30 millones de empleos. “Las personas que están en un juicio hipotecario and desempleados no compran cosas.” Comenta Harvey irónicamente.

La respuesta de China a la crisis fue financiar el sector inmobiliario por medio de deuda excesiva. En 2007, no había tren de alta velocidad en China, en 2015, el país tenía una red de 12 000 millas. Pero el boom del sector inmobiliario término eventualmente dejando a China con un exceso de deuda pública y de capacidad productiva en sectores como el acero y el cemento. Por consecuencia, China exporta tanto acero a precios bajos como puede, llevando a las fábricas de acero a una crisis. Por tal motivo China lleva la ruina a los trabajadores industriales de otros países del mundo más que contribuir a la solidaridad entre el proletariado mundial. Sin importarle que la producción de Gales permaneció en crisis y que los trabajadores tuvieron malos momentos– muestra de que el capitalismo puede recomponerse de sus propias crisis –y resurgir- más fuerte.

Signs of social division … Grenfell Tower block is seen behind town houses in affluent Notting Hill, west London.

Ilustración 2: Brecha social … Grenfell Tower se ve detrás de las casas de la ciudad de Notting Hill en el Oeste de Londres. Fotografía: Tolga Akmen / AFP / Getty Images

¿Cuál es la moraleja del milagro económico chino? “Los espacios de la economía global están siendo modificados aceleradamente (¡Otra vez!) No porque sea una buena idea o porque se deseen y necesiten, sino porque es la mejor manera de evitar la depresión y la depreciación”.  Si lo piensas un poco, lo anterior es un hecho bastante insano.

Harvey ha sido durante mucho tiempo crítico de la inhumanidad del capitalismo. En su libro de 2014 Seventeen Contradictions and the End of Capitalism, plantea ansiosamente que el mundo está bajo amenaza como nunca antes, igualmente a como lo han señalado Paul Mason y Slavoj Žižek. El calentamiento global, la destrucción de hábitats y especies, la escasez de agua y el daño ambiental dan sustento de que hay problemas al Igual que el hecho de que es cada vez más difícil encontrar rentabilidad alta para las inversiones productivas.

Sin embargo, lo más importante al anunciar la desaparición del capitalismo es una contradicción que es explicada en el libro: el fenómeno de una nueva enajenación. Marx expuso en su explicación sobre la enajenación (el trabajador que crea valor es separado o enajenado del producto que realiza igualmente como del plusvalor creado, el cual es apropiado por el capitalista). En estos días, no son solamente los pobres quienes están protestando, sino también algunos pudientes, al menos en países como Brasil y Turquía, donde las clases medias urbanas y educadas rechazan el régimen del que se han beneficiado materialmente. Lo que estos sectores pudientes desean, sugiere Harvey, no es la capacidad de comprar, no un consumismo compensatorio el cual “limita y somete en lugar de llevar a la auto-realización”, lo que estos sectores pudientes quieren es dignidad humana.               Piensen en la ciudad de São Paulo, sugiere Harvey, una ciudad que “produce automóviles para pasar horas estacionados en embotellamientos, obstruyendo las calles de la ciudad y llenándola de contaminantes e impidiendo la movilidad social. ¿Qué locura es esta?” Leer a Harvey es dudar de que el capitalismo de libre mercado es el mejor medio de incrementar los niveles de vida en todo el mundo.

Casi un siglo atrás György Lukács argumentó que el capitalismo era todavía dominante debido a que las personas no conocían sus verdaderas necesidades: de ahí la diferencia entre lo que es un individuo cosificado y otro que adquiere conciencia de sí mismo en el capitalismo. La idea con que uno se queda después de leer a Harvey es que la brecha entre los dos tipos de conciencia mencionados puede estar disminuyendo, aunque desafortunadamente sea a través de una creciente sensación de repugnancia por la forma en que se organizan nuestras sociedades y economías.    Desde 2008, las ventas de Das Kapital han aumentado, tal vez esperando encontrar en sus páginas respuestas a nuestros problemas actuales. Posiblemente, las copias permanezcan sin ser leídas, frenando las buenas intenciones. El libro de Harvey, al igual que el viejo Reading Capital de Louis Althusser y otros, exponen los principales argumentos de Marx e insisten en la relevancia de este autor para un capitalismo global muy diferente del que analizó éste último durante la era victoriana.

El libro de Harvey, sin embargo, se aleja de Marx de forma creativa cuando es necesario. Por ejemplo, Marx imaginó (al parecer seriamente) que la creación de nuevos necesidades y deseos era parte de la misión civilizadora del capitalismo. Harvey considera que el incesante consumismo es nuestra degradación espiritual coincidiendo con los neomarxistas heréticos de la Escuela de Frankfurt.               Harvey lleva a cabo un modo de vida no consumista (todavía usa los cuchillos y tenedores de sus abuelos), mientras que el resto de nosotros contribuimos al crecimiento del mercado al consumir productos efímeros para la satisfacción inmediata. Dentro de estos productos de los que es muy difícil aparatarse Harvey comenta está Netflix, pero también están  Amazon, Apple y Facebook: “Las transformaciones rápidas en los estilos de vida, las tecnologías y las expectativas sociales multiplican las inseguridades sociales y aumentan las tensiones entre generaciones, así como entre grupos sociales diversificados”.               Todos nosotros debemos estar familiarizados con lo siguiente, ¿Verdad?  Con el mareo provocado por cambios tan rápidos en la forma en que vivimos, cambios que parecen no tener nada que ver con nosotros, pero a los que nos vemos obligados a ajustarnos, incluso con el dolor de perder lo que tardíamente nos damos cuenta no es una mercancía prescindible, nuestra dignidad. O como Žižek comenta en Less Than Nothing: la “lógica del valor de cambio sigue su propio camino, su propias movimientos sin sentido, independientemente de las necesidades reales de la gente.”               Leer la devastadora critica de Harvey de cómo vivimos hoy es dudar como nunca antes de la creencia de nuestra primera ministra de que el capitalismo de libre mercado es sin dudas el mejor medio para aumentar el nivel de vida de todos. De hecho, siento por la idea de May del “progreso humano social” lo mismo que Gandhi sobre la civilización occidental: sería una buena idea.

 

[1] Publicado originalmente en The Guardian, 1-xi-2017, traducción de Victor Isidro Luna

[2] Partido político conservador en el Reino Unido (RU) n. del t.

[3] Primera ministra del RU desde 2016 n. del t.

[4] Período de gobierno del Partido del Trabajo (Labour Party) de mediados de 1990 a aproximadamente 2010 n. del t.

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