Economía marxista para el Siglo XXI

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Erik Olin Wright: la persistencia de las clases

Erik Olin Wright

Erik Olin Wright

Maciek Wisniewski*
I. Aunque las últimas clases que impartió –ya desde la cama y mediante un blog: bit.ly/2Ddfryl– diferían de sus cursos habituales, transmitían el mismo optimismo y compromiso moral (#EOWtaughtMe). Erik Olin Wright (EOW) (1947-2019) un destacado sociólogo marxista estadunidense fallecido hace dos semanas, una vez radicalizado e introducido a Marx en los 60 (bit.ly/2BjNfKk), siguió fiel a su camino (bit.ly/2ReKdfq). Si bien la huella del marxismo analítico (G. A. Cohen et al.) al que se adjudicó, muchas veces ambiguo y/o estéril, se percibe a lo largo de su obra (bit.ly/2TqFpW9) –al hacerlo, entre otros, desechar la dialéctica y abrazar la explicación científica (sic)–, su compromiso con el ideal emancipatorio, la crítica del capitalismo y la búsqueda de alternativas a éste junto con sus reformulaciones y rescate del concepto de la clase – Class, crisis and the state (1983), Classes (1997), Class counts (1997)– justo cuando otros lo abandonaban por demodé, hacían su postura bastante única. Tratando de reinventar –con M. Burawoy (bit.ly/2HUPxoG)– la sociología como una disciplina marxista, a pesar de la histórica incompatibilidad de ambos enfoques (bit.ly/2UC9Jxd), prefiguró por años el debate sobre desigualdades (Interrogating inequality, 1995).

II. Recentrando la clase en el –igualmente demodé proceso de la explotación (y a contrapelo de la tendencia bourdieana de anteponer la dominación), polemizando en el seno del marxismo con Poulantzas sobre su enfoque de clase que según él carecía de un rigor científico (bit.ly/2CWAYLN), refinó la incompleta formulación marxiana de la clase –siempre relacional no gradacional, entendiendo la estructura de clase como conjunto de relaciones establecidas en función del control de recursos productivos– abriéndola a los enfoques weberiano y durkheimiano (bit.ly/2t3C43J). Su más grande contribución fueron las localizaciones de clase contradictorias (contradictory class locations) en referencia a la clase media, no clase en sí misma, sino una cuyos miembros se sitúan en diferentes clases –en posición explotadora y explotada– resultando esto en sus intereses encontrados (The debate on clases, 1989). Se oponía a ver en el precariado una clase nueva (G. Standing) tratándolo sólo como un segmento de la clase trabajadora (Understanding class, 2015).

III. Anticapitalismo no es sólo una postura moral en contra de la injusticia; se trata de construir alternativas subrayaba en el espíritu de Marx (bit.ly/1WcfpJk). Estudiar las clases –el meollo que convierte al capitalismo en un sistema tan dañino– era entender las condiciones de su transformación. Si bien Marx desarrolló una intelectualmente brillante teoría de la imposibilidad del capitalismo a la larga, sus análisis sobre la sistémica tendencia a las crisis (y el remplazamiento del capitalismo por algún otro sistema) y la necesaria homogenización de su estructura de clase (la proletarianización) resultaron –para EOW– fallidas: el sistema vuelve a encontrar nuevas maneras de reproducirse y la clase media creció (bit.ly/2HTkGcc). Identificando cuatro tipos de estrategias para superar al capitalismo –destrozar, domar, escapar y erosionar– y moviéndose más allá de la vieja dicotomía reforma/revolución, optaba por una combinación de segunda y cuarta (véase su libro póstumo por aparecer: How to be an anti-capitalist for the twenty-first century, 2019).

IV. En tiempos en que el fantasma del socialismo recorre la política estadunidense fortaleciéndose en los márgenes del Partido Demócrata –¡Trump acaba de arremeter en contra de él en su discurso del Estado de la Unión! (bit.ly/2Tzwlyk)– el pensamiento de EOW y su búsqueda de alternativas “con la ‘brújula socialista’ en la mano” (bit.ly/2SjQMBK) parecería más actual que nunca. No obstante –bien apuntaba D. Riley (bit.ly/2CYBYif)– su desdeño a la tradición revolucionaria marxista, su concepto incompleto del socialismo y visión política más cercana a Tocqueville o Durkheim que… al propio Marx –“su proyecto es una suerte del ‘marxismo tocquevililano’” (sic)– junto con una mirada fija al capitalismo (sin ver sus particularidades históricas) y falta de apreciar lo suficientemente su… dinámica de la clase (insistiendo en el aumento del poder social en la búsqueda del socialismo sin especificar qué clase lo estaría ejerciendo…) resultaban problemáticas (bit.ly/2NVNUJi).

V. Ningún proyecto reflejaba tanto el característico entusiasmo de EOW por el futuro mejor –le gustaba repetir, en referencia a Gramsci, que también creía en el optimismo del intelecto– que el de utopías reales (Envisioning real utopías, 2009). Un oxímoron adrede (bit.ly/2UpA7tV) –y al margen de la alergia marxista al pensamiento utópico– fue acuñado para denotar un proyecto de construcción de mecanismos e instituciones reales regidos por principios socialistas (renta básica, etcétera) –siempre en conexión con su análisis de clase– que puestas en práctica empujarían transformaciones intersticiales (a diferencia de las rupturales o simbióticas) –al final el capitalismo emergió en las sociedades que seguían siendo feudales– llenando espacios del capital con potencialidades emancipatorias y acelerando irracionalidades productivas en su seno.

* Periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

Fuente: La Jornada

¿Gobierna la burocracia capitalista en lugar de los capitalistas?: reseña crítica de libro de Duménil y Lévy

The capitalist mode of production is coming to an end. But it is not being replaced by socialism. Instead, there is a new mode of production, based on a managerial class that has been forming in the last hundred years. This managerial class does not exploit the working class for surplus value and its accumulation […]

a través de Managers rule, not capitalists? — Michael Roberts Blog

Nunca la sociedad capitalista fue tan destructiva, tan brutal, tan peligrosa, tan antihumana

El investigador participó junto a académicos y militantes de distintos países del Congreso Internacional sobre la Revolución Rusa, organizado por escuelas y centros de estudios de las facultades de Humanidades, Psicología y Ciencia Política de la UNR, la revista Herramienta y la agrupación “20 de Diciembre” de la Coad.

En ese ámbito, las intervenciones trascendieron el debate historiográfico y abordaron una cuestión urgente para los sindicatos: cómo enfrentar la ola flexibilizadora global que amenaza con barrer el andamiaje de derechos laborales construido en el último siglo.

En diálogo con La Capital, Antunes, profesor de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) de Brasil y autor de libros clave para entender las transformaciones en el mundo del trabajo, alerta sobre la “uberización” del empleo, califica como una tarea “complejísima” la articulación entre los distintos sectores de una cada vez más fragmentada clase trabajadora y analiza los desafíos de las izquierdas en un contexto de crisis de los partidos y los sindicatos como instrumentos de expresión política de los sectores populares. (más…)

La clase obrera no va al paraíso. Crónica de una desaparición forzada

La clase obrera no va al paraíso. Crónica de una desaparición forzada, de Ricardo Romero y Arantxa Tirado (Akal, Barcelona, 2016)

CHAVS es un libro espléndido. Coloca a la clase en el primer plano partiendo del discurso hegemónico de la burguesía británica, de sus representantes políticos y mediáticos sobre las clases en general -que dicen que han dejado de existir- y sobre la clase obrera en particular. Remite al thatcherismo, como momento germinal de ese discurso, justo cuando la clase trabajadora resultó abrumadoramente derrotada. A lo largo de sus páginas analiza igualmente las comunidades obreras, golpeadas por las políticas neoliberales, de un modo que nos recuerda a EP Thompson, un historiador al que admira Owen Jones. Asimismo, plantea que la vuelta de la izquierda a la clase trabajadora es requisito para derrotar a los tories y sus políticas. La grandeza del libro es que sus análisis y reflexiones trascienden el caso británico. De hecho, puede decirse que CHAVS ha convertido a Owen Jones en uno de los intelectuales más influyentes de la izquierda europea. Jones es, además, un hombre muy joven, lo que constituye otra buena noticia.

(más…)

Trump, finanzas y la izquierda nacional — Rolando Astarita [Blog]

El triunfo de Trump impulsó a muchos intelectuales y políticos del campo nacional y popular, o de la izquierda nacional, a interpretarlo como una derrota de “la financiarización del capital”. Según este enfoque, y aun con los reparos que genera su discurso racista, machista y xenófobo, Trump representaría una alternativa “al modelo especulativo financiero” (Ricardo […]

a través de Trump, finanzas y la izquierda nacional — Rolando Astarita [Blog]

¿Existe la clase trabajadora? / Vicenç Navarro — Sociología crítica

Chavs ingleses

¿Existe la clase trabajadora? / Vicenç Navarro / Público Uno de los libros escritos en el Reino Unido que sería de desear que fuera ampliamente leído en España (al ser especialmente relevante para este país) es el excelente libro de Owen Jones Chavs. La demonización de la clase obrera. En este libro, el autor detalla cómo en […]

a través de ¿Existe la clase trabajadora? / Vicenç Navarro — Sociología crítica

Sinceramente, ¿tiene arreglo el Brasil actual? — Leonardo Boff

Quien observa la escena político-social-económica se pregunta: ¿Tiene arreglo Brasil? Una banda de ladrones, travestidos de senadores-jueces intenta, contra todos los argumentos en contra, condenar a una mujer inocente, la presidenta Dilma Rousseff, a la cual no se acusa de ninguna apropiación de bienes públicos ni de corrupción personal. Con las recientes delaciones premiadas, ha […]

a través de Sinceramente, ¿tiene arreglo el Brasil actual? — Leonardo Boff

Francia: ¡bienvenida la lucha de clases!

Maciek Wisniewski *
En Las luchas de clases en Francia (1850) –una serie de artículos publicados luego como panfleto separado (1895)–, Carlos Marx, analizando las grandes transformaciones políticas por las que a mitad del siglo XIX pasa este país, describe la lucha de clases como “política ejercida en ‘terreno ideológico’ y en ‘disfraces ideológicos’”. Hoy, desde luego, seguimos en el terreno ideológico e incluso –por la contraofensiva del neoliberalismo– quizás más que nunca.

Seguimos, también, en el teatro de los disfraces. En la escena política francesa destacan las patéticas figuras de François Hollande y Manuel Valls, que sólo andan de socialistas para representar mejor los intereses clasistas de la patronal y del gran capital. Pero después de varios años deaburrimiento y tras oscuros meses de desmovilización por las amenazas del terror y miedo inducido desde el Estado, finalmente se caen las máscaras.

Las intensas movilizaciones sindicales –huelgas, piquetes, bloqueos, hasta luchas en las barricadas– y el surgimiento del movimiento Nuit debout en respuesta a la neoliberal reforma laboral que aumenta horas de trabajo, facilita despidos, anula la negociación colectiva y contratos por rama gremial, arrastrando a los trabajadores de vuelta al siglo XIX y tiempos de Marx, constituyen un nuevo capítulo en las luchas de clases en Francia.

Tras dos meses y medio del estallido de Nuit debout son otra vez los sindicatos los que tienen la iniciativa. Hace unas semanas, Stathis Kouvelakis hizo una observación crucial: hay que ver qué sector será la locomotora de las movilizaciones actuales, el papel que en otros ciclos de protesta cumplían trabajadores de refinerías y ferrocarrileros ( The Jacobin, 16/5/16).

¿La locomotora?

Curioso: es justamente en Las luchas… donde Marx incluye la famosa aseveración las revoluciones son las locomotoras de la historia, que casi 100 años más tarde Walter Benjamin encuentra tan problemática.

Tal vez la frase –acorde con eldictum benjaminiano– debería ser entonces: “hay que ver qué sector será capaz de ‘jalar el freno de emergencia’”; sea como sea, en la cabeza están otra vez los refineros y los ferrocarrileros. Los primeros paralizando el suministro de combustible en todo el país y los segundos –en la huelga abierta desde hace dos semanas– deteniendo la mitad de conexiones locales y 80 por ciento de trenes rápidos (TGV). Detienen incluso el tren especial en que viaja el trofeo de la Eurocopa 2016, una pasajera bocanada de aireque el gobierno aprovecha para desviar la atención interna e internacional de las protestas.

Tiene razón David Fernbach, aunque en varios aspectos se queda corto: Las luchas… es un documento formidable. Allí Marx por primera vez trata de explicar el presente usando sumétodo materialista y empieza a desarrollar de manera sistemática conceptos para analizar el fenómeno de la lucha de clases: una lucha de grupos cuya existencia e intereses son determinados por las relaciones de producción (en: Karl Marx, Surveys from exile, 2010, p. 9).

Afina su argumento.

Hasta ahora –incluso recién enManifiesto comunista (1848)– habla sólo de dos clases (la burguesía y el proletariado), pero estudiando a Francia descubre una rica variedad de ellas y de sus fracciones, sobre todo las que conforman el bloque de poder. Al final resultará que la lucha de clases es posible precisamente porque no hay solo dos clases, sino más elementos que no encajan, y que el conflicto se da porque luchan por encajar o porque otros luchan por apropiarse de ellos.

Hablando de la democracia representativa –y tratando de responder a una pregunta: ¿cómo es posible que una minoría de clase propietaria logra gobernar a los demás?– enfatiza que ésta nace como un producto de la lucha de clases y que en ella tendrá su fin. Negar esto o tener ilusiones de lo contrario es para él un ‘“cretinismo parlamentario’: una epidemia que se propagó ampliamente por Europa a partir de 1848”. Si bien Marx no desecha la democracia parlamentaria (sic), tampoco defiende mucho el sufragio universal (sic) –un fenómeno marginal en su tiempo (p. 13-14)–, prefiriendo criticar el poder mágicoque le atribuyen los sectores dominantes que acostumbran contraponer reglas abstractas de justicia a los resultados inmediatos de la lucha de clases.

Cuando en 1848 el gobierno de Lamartine niega al pueblo de las barricadas parisinas el derecho dedeclarar una (nueva) república, diciendo que sólo la mayoría de los franceses tiene esta facultad, que hay que esperar su voto y que todo esto es una usurpación, Marx responde con una amarga ironía: La burguesía permite al proletariado sólo un tipo de usurpación: la de la lucha (The class struggles…, en: Surveys from exile, p. 42).

He aquí un déjà vu: el otro día a los manifestantes que en las calles de París demandan el retiro de la ley laboral, el primer ministro Valls les dice: ¡La democracia no es la calle! ¡La democracia es el voto!(Libération, 9/6/16).

¡Vaya ironía!

Lo dice el mismo político que –frente a la resistencia en las filas de su propio Partido Socialista (cuyo nombre sin embargo ya no engaña a nadie…)– no se anima a poner dicha propuesta a un debate parlamentario y sujetarla a la votación, como debería ser, sino opta por pasarla por decreto (¡sic!), un mecanismo antidemocrático por excelencia.

Y él mismo, cuya (im)popularidad –73 por ciento de desaprobación vs 18 por ciento de aprobación– contrasta con la opinión de 72 por ciento de los franceses que rechazan la nueva ley (Le Figaro, 2/6/16). Pero por supuesto,hay que esperar el voto y todo lo contrario sería una usurpación, dirán los defensores de la democracia procedural contagiados del virus delcretinismo parlamentario que aún no se extinguió en las Europas (y hasta se propagó por el mundo). Esperar, esperar, esperar… mientras las clases dominantes pasan por debajo de la mesa reformas antipopulares sin posibilidad de ser aprobadas ni siquiera en los parlamentos controlados por su propio bloque de poder.

Se mire como se mire en 2016, igualito que en los tiempos de Marx, el único tipo de usurpación que la burguesía permite a la clase trabajadora es la de la lucha.

En efecto: ¡bienvenidos de vuelta al siglo XIX!

* Periodista polaco

Twitter: @periodistapl

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/06/17/opinion/016a2pol

Lea más: Huelga de trenes en Francia altera transporte ferroviario de todo el país

Sobre las luchas en Francia contra la #LoiTravail / Pedro A. García Bilbao — Sociología crítica

La Ley de relaciones laborales francesa o #LoiTravail representa la aplicación en ese país del plan de demoliciones neoliberal que funciona en toda Europa. En España el proceso está mucho más avanzado y la degradación del sindicalismo de clase que sufrimos empezó su pendiente con los pactos de la Moncloa y vive sus momentos más […]

a través de Sobre las luchas en Francia contra la #LoiTravail / Pedro A. García Bilbao — Sociología crítica

El horizonte del salario visto desde México

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Lara Sánchez et al

Según el gobierno federal, el tema del salario de los trabajadores es un asunto de “expertos”. Así lo manifestaron las autoridades laborales en un encuentro reciente convocado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) y la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI).

En ese evento, realizado el 10 y 11 de marzo del presente año -2016, denominado “Encuentro de especialistas sobre salario mínimo”, les dio voz a representantes del Banco de México (Banxico), del Banco Mundial (BM), del CONEVAL, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y por supuesto estuvieron presentes voceros empresariales como el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP). No hubo representantes de los trabajadores.

Esta ha sido la tendencia de muchos años: lo que es un tema obrero-patronal, ahora las autoridades laborales de nuestro país lo quieren hacer pasar como un tema que sólo pueden abordar especialistas u organismos representantes de la oligarquía como el BM.

La opinión de quienes escribimos este folleto, es que el tema del salario debe ser abordado fundamentalmente por los trabajadores mexicanos por la simple y llana razón de que el salario es el precio de la fuerza de trabajo del proletariado. Por esa razón es que publicamos este trabajo, que tiene el objetivo de debatir y desmentir los mitos que durante muchos años la clase patronal y el Estado mexicano han difundido entre la población para tratar de justificar el empobrecimiento de los trabajadores: mitos como el de los “incrementos salariales generan inflación”, o que según ellos “hay una recuperación salarial en nuestro país”; o mentiras de la CONASAMI, que año con año, al fijar los incrementos salariales miserables a los mínimos, afirman “que ya casi nadie gana un salario mínimo”, cuando los datos del INEGI, a diciembre de 2015 dicen lo contrario: 7 millones 600 mil personas ganan diariamente hasta un salario mínimo.

Descargue completo el documento,  Lara Sánchez, M.A. et al. El horizonte del salario desde cinco puntos cardinales. Grupo de Investigación Sobre el Salario y el Empleo, México, 2016

 

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