Economía marxista para el Siglo XXI

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Bienestar económico y el Brexit

The latest employment figures out his week for both the US and the UK look great on the surface. In the US, the official unemployment rate is down to 4.5%, not far from the last low at the end of hi-tech boom in 2000 of 3.8%. And the employment to population ratio is picking up, […]

a través de Economic well-being and Brexit — Michael Roberts Blog

La verdadera historia del libre comercio

TLC_laberintoChang, Ha-Joon. “Patada a la escalera: La verdadera historia del libre comercio”. Ensayos de Economía, Num. 42, enero-junio 2013, pp. 27-57

Resumen

Se describe la historia del libre comercio con una perspectiva alternativa a la predominante en el llamado consenso de Washington, según el cual lo mejor que pueden hacer los países para generar riqueza y puestos de trabajo es eliminar las barreras arancelarias y abrirse al mercado mundial. Los países que hoy se consideran desarrollados usaron en épocas pasadas el proteccionismo para defender su industria naciente y solo pasaron a predicar las virtudes del libre comercio cuando se hallaban ya en una situación en la que eran capaces de competir internacionalmente con otros países que habían avanzado antes en el desarrollo industrial. Tanto Gran Bretaña como EE. UU. Tuvieron practicaron el proteccionismo por largos periodos. Como dijo Friedrich List, una vez alcanzada la cima, es una argucia común dar una patada a la escalera por la que se ha subido, privando así a otros de la posibilidad de subir detrás.

Lea el artículo completo en el sitio web de la revista Ensayos de Economía

Chang es un institucionalista para ubicar esta corriente recomendamos:

Institucionalismo y marxismo

por Rolando Astarita, Notas de clase; Desarrollo Económico, noviembre 2006

El institucionalismo como corriente con características propias en la teoría del desarrollo surge como alternativa frente a los enfoques neoclásicos más ortodoxos. Los neoclásicos plantean que para que un país se desarrolle es suficiente que tenga los precios correctos, que los mercados actúen libremente, que se garanticen los derechos de propiedad y que la economía se abra al libre tránsito de mercancías y capitales. Sostienen que existe una función única de producción; que los países atrasados no necesitan estimular la I & D porque la tecnología es una receta que puede copiarse; y que las mercancías intensivas en mano de obra son la ventaja comparativa cuando los salarios son bajos. Los salarios bajos –abundancia de mano de obra- sería entonces la ventaja comparativa de los países atrasados; las empresas de un país con salarios bajos pueden competir exitosamente en el mercado mundial frente a empresas con alta tecnología.

Los institucionalistas afirman que estas recetas –que sintetizó el llamado Consenso de Washington de los noventa- no garantizan el desarrollo. Argumentan que no bastan los precios correctos, y que muchos casos desmienten la tesis neoclásica. Así, los salarios en Japón no eran más bajos que en Gran Bretaña en la década de los treinta, y el triunfo de Japón en textiles, por ejemplo, se dio a través de la tecnología. De la misma forma Corea y Taiwán no pudieron competir en textiles sólo con salarios bajos frente a Japón. En todos los casos el estado tuvo que participar activamente; los institucionalistas sostienen que es un hecho que los estados intervienen en la economía, y que la verdadera cuestión es preguntarse cómo es que lo hacen.

Lea el artículo completo en el blog de Rolando Astarita

Lea también:

Institutionalism versus Marxism:Perspectives for Social Science
A Debate Between Geoffrey Hodgson and Alex Callinicos
On 30 April 2001 a public debate was held in the Fielder Centre at the University of Hertfordshire, between Alex Callinicos of the University of York and Geoffrey Hodgson of the University of Hertfordshire, on the theme ‘Institutionalism versus Marxism’. With the agreement of the two participants in the debate, an edited transcript of the two opening speeches is reproduced here.

Kicillof, inflación y Keynes

Rolando Astarita

Recientemente, en su presentación ante el Congreso del proyecto de presupuesto 2013, el doctor Kicillof explicó que la emisión monetaria en Argentina no es inflacionaria, y citó el caso de EEUU, donde la fuerte expansión monetaria, con la crisis, no provocó una suba de precios importante (a julio de 2012, la inflación anual es del 1,7%). El argumento de Kicillof fue: “Para los que piensan que la emisión es la causa exclusiva del aumento de precios, les recuerdo que vivimos en un laboratorio de expansión monetaria. EEUU cuadruplicó su base monetaria, la Unión Europea la duplicó, y el Banco de Inglaterra la cuadruplicó. ¿Y en estos países hay riesgo de inflación? No, hay riesgo de deflación”. Por eso, en Argentina habría margen para emitir billetes, sin temer consecuencias inflacionarias. De acuerdo a los datos presentados por el doctor Kicillof, el agregado monetario M2 equivale a solo el 20% del PBI, un porcentaje mucho más bajo que en otros países (Brasil, Chile, EEUU, Francia, Corea del Sur). Según Kicillof, pensar que la emisión monetaria genera inflación, es propia de la ortodoxia neoliberal. También explicó que la inflación solo le preocupa a los financieros, ya que el movimiento obrero está en condiciones de actualizar su salario por encima de la tasa inflacionaria, y citó a Keynes como respaldo de su afirmación.

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La era Brics

Raul Zibechi
El sistema creado en Bretton Woods hace siete décadas está a punto de colapsar. No se trata de un hundimiento abrupto, sino de la lenta erosión de su legitimidad y de la capacidad para dirigir los asuntos globales. En su lugar viene pugnando por nacer un nuevo orden cuyos cimientos comenzó a construir la IV Cumbre de los Brics en Nueva Delhi. Vivimos un parteaguas, asegura el historiador Paul Kennedy. “Mientras ocurre, son muy pocos los contemporáneos que se dan cuenta de que han entrado en una nueva era”,  escribió en un articulo titulado, precisamente, “¿Hemos entrado en una nueva era?”, El País, 3 de noviembre de 2011. El historiador  prefiere no abordar los cambios bruscos como las grandes guerras, sino “la lenta acumulación de fuerzas transformadoras, en su mayor parte invisibles, casi siempre impredecibles, que, tarde o temprano, acaban convirtiendo una época en otra distinta”.
En su análisis destaca cuatro “fuerzas transformadoras”. La primera es la erosión constante del dólar que pasó de representar el 85 por ciento de las divisas internacionales para situarse en torno del 60 por ciento. Caminamos hacia un mundo en el que habrá sólo tres grandes divisas de reserva: el dólar, el euro y el yuan. La segunda es la parálisis del proyecto europeo. La tercera es el ascenso de Asia que supone el fin de “500 años de historia” hegemonizada por Occidente. La cuarta es la decrepitud de las Naciones Unidas.La mirada larga del historiador podría ser complementada con el tiempo corto del análisis estratégico, como el que esboza el Laboratorio Europeo de Anticipación Política en el análisis de las tendenciasglobales del último año: “En marzo de 2011 todavía estábamos en el mundo unipolar post 1989. En marzo de 2012 ya estamos en el mundo multipolar post crisis que vacila entre confrontaciones y colaboraciones”. En suma, estamos parados sobre una coyuntura de cambios profundos que dejarán su impronta en el mundo del siglo XXI.

Anwar Shaikh. Contra la promesa neoliberal de un mundo sin pobreza ni desempleo. El verdadero secreto del libre comercio

 

Es una nota publicada por la Revista Sin Permiso, donde Shaikh, realiza un conjunto de comentarios críticos sobre el libre comercio. Muchas de sus afirmaciones son sugerentes como hipótesis de trabajo.

Anward Shaikh. Contra la promesa neoliberal de un mundo sin pobreza ni desempleo. El verdadero secreto del libre comercio

La globalización y el mito del libre comercio

Anwar Shaikh

El mundo hoy está asediado por una pobreza general y una desigualdad persistente. Algunos países en desarrollo han logrado avanzar pese a estos obstáculos, muchos otros no han podido y otros han retrocedido (pnud, 2002, cap. 1). ¿Cómo debemos proceder frente a estos problemas? ¿Qué papel debe cumplir el comercio internacional en todo esto? Es obvio que el acceso a los recursos internacionales puede ser de gran provecho para el desarrollo económico. Pero es igualmente evidente que puede causar muchos “perjuicios colaterales”. ¿Cómo debe proceder entonces una nación para aprovechar los beneficios potenciales al tiempo que evita los peligros potenciales?
La respuesta que hoy predomina en la teoría y la política es la que dio Mike Moore, anterior Director General de la Organización Mundial de Comercio (omc): “la manera más segura para ayudar más a los pobres es continuar la apertura comercial” (Agosin y Tussie, 1993 pág. 9). Así los países poderosos presionan al mundo en desarrollo para que libere totalmente el comercio, sobre la base de que la mejor manera de elevar el nivel de vida global es la maximización del comercio (Rodrik, 2001, pp. 5,10).
Pero ha aparecido una creciente oposición a esta agenda. Desde fuera del “Consenso de Washington” y sus variantes ha surgido un ataque ascendente a sus pretensiones teóricas y empíricas. Se argumenta que la evidencia empírica no respalda la relación entre liberalización comercial y crecimiento más rápido. Se concluye que, por el contrario, casi todas las experiencias exitosas de crecimiento orientado a las exportaciones han sido el resultado de un comercio selectivo y de políticas de industrialización. Hasta tal punto que no “hay ejemplos de países que hayan logrado altas tasas de crecimiento y de exportaciones con las políticas de liberalización general” (Agosin y Tussie, 1993, pág. 26; Rodrik, 2001, pág. 7). Esto es válido no sólo para la última época sino también para el pasado lejano, cuando los países que hoy son ricos estaban ascendiendo por la escala del éxito. Pues recurrieron intensamente a la protección del comercio y a los subsidios, ignoraron las leyes de patentes y de propiedad intelectual y, en general, sólo defendieron el libre comercio cuando les daba ventajas económicas. De hecho, los países ricos mantienen muchas de estas políticas aun hoy en día (Agosin y Tussie, 1993, pág. 25; Rodrik, 2001, pág. 11).
Esos sentimientos han comenzado a manifestarse aun en las principales agencias que impulsan la agenda dominante. La aguda crítica de Joseph Stiglitz a la omc y a las políticas del fmi tiene repercusiones en todo el mundo (Stiglitz, 2002). Y más recientemente, incluso el mismo fmi ha aceptado a regañadientes que, en contra de las predicciones optimistas de sus modelos teóricos, el examen sistemático de la evidencia empírica lleva a la “sobria” conclusión de que “no hay ninguna prueba empírica de que la globalización financiera haya beneficiado el crecimiento económico” en los países en desarrollo (fmi, Prasad, Rogoff, Wei y Kose, 2003, pp. 5-6).
De modo que si la liberalización del comercio global no produce los resultados teóricos, ¿cual es el problema básico? En este ensayo argumento que la deficiencia está en la teoría del libre comercio, en el principio de los costos comparativos en el que se fundamenta. Desde este punto de vista, no es el mundo real el que es “imperfecto” porque no se conforma a la teoría, sino la teoría la que es inadecuada para el mundo que pretende explicar. Argumento que, en realidad, la globalización ha funcionado como se esperaría desde el punto de vista de lo que llamo teoría clásica de las “ventajas competitivas” Es decir, por lo general favorece a los desarrollados frente a los que están en desarrollo y a los ricos frente a los pobres.
La Sección II.1 de este artículo muestra el papel fundamental que ha cumplido la teoría de los costos comparativos en las recientes políticas de liberalización del comercio y discute los diversos problemas empíricos con que tropieza esta teoría. La sección II.2 examina las dos principales ramas que surgieron de la teoría ortodoxa del comercio en reacción a sus debilidades empíricas. La sección II.3 esboza la teoría clásica de las ventajas competitivas como tercera alternativa y explora algunas de sus principales implicaciones.
En la sección III se examina la relación entre la liberalización del comercio y el registro histórico. La Sección III.1 muestra que los países desarrollados no siguieron las mismas políticas que hoy proponen, y en muchos casos no las siguen ni siquiera hoy en día. En la Sección III.2 se argumenta que aun en la época moderna no hay ningún vínculo convincente entre liberalización del comercio y desarrollo económico. La Sección IV resume la evidencia histórica y empírica precedente, y las relaciona con la teoría clásica de las ventajas competitivas.

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