Economía marxista para el Siglo XXI

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Sweezy y la crítica de Marx al enfoque subconsumista

Rolando Astarita

El enfoque subconsumista tiene una larga tradición en la izquierda. La idea central es que  los bajos salarios, y la creciente desigualdad en los ingresos, generan un déficit estructural (o de largo plazo) de la demanda, que desemboca en las crisis económicas. Recordemos que también hubo un subconsumismo “de derecha”, encarnado en Malthus. Malthus decía que la baja inclinación al consumo de los capitalistas debilitaba la demanda, y que el remedio era el consumo improductivo de la aristocracia. Sin embargo, el subconsumismo que prevaleció es el de izquierda. En el siglo XIX fueron representativos Sismondi, Rodbertus y Hobson (para un panorama del subconsumismo, puede consultarse Bleaney, 1977). En nuestra opinión, también Keynes tiene un enfoque subconsumista, en la medida en que ubica la razón última de la inversión en el consumo (para un enfoque distinto, véase también Bleaney).

Asimismo, importantes marxistas adhirieron a la tesis subconsumista. Entre ellos, Paul Sweezy, en el influyente Teoría del desarrollo capitalista, publicado en 1942. También fueron subconsumistas Paul Baran, que trabajó y publicó con Sweezy; y marxistas de la corriente de la dependencia (el caso de Marini).

En los 1970 disminuyó la aceptación de la tesis subconsumista entre los marxistas, y el foco se desplazó a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Probablemente se debió a la influencia de Mandel, Shaikh y a la revalorización de Shaikh de la teoría del derrumbe de Grossman. Sin embargo, en los últimos años pareciera haber un cierto renacer del subconsumismo, en especial en relación a la crisis de 2007- 09. Así, Sardoni (2015) sostiene que en los países capitalistas, en el período previo a la crisis, hubo una creciente desigualdad de la riqueza y de los ingresos, y un poder de compra limitado de los sectores más pobres de la población. Sardoni dice que este fenómeno está en el corazón de las crisis capitalistas, y fue la base del crecimiento financiero. Como señala Basu (2016), Sardoni parece acercarse a algunos planteos de Sweezy. 

También Wisman (2013) presenta una explicación subconsumista de la crisis de 2007-09, inspirada en Keynes, tal vez en Marx, y en Minsky en lo que se refiere al aspecto financiero.  Según Wisman, las razones más profundas de la crisis son, en EEUU, el estancamiento de los salarios y la creciente desigualdad en durante los anteriores 35 años. Lo cual generó la caída del consumo y, en consecuencia, la reducción de la inversión productiva. Por eso, los sectores más ricos habrían volcado las plusvalías a los mercados financieros, alimentando la burbuja que desembocó en el estallido de 2007.  

El objetivo de esta nota es pasar revista a la crítica de Marx al subconsumismo, y examinar la tesis subconsumista de Teoría del desarrollo capitalista. Dejo planteado, para una próxima nota, la necesidad de analizar la relación entre las nociones de subconsumo y sobreproducción, que recorren la literatura marxista sobre las crisis.    

La crítica de Marx

La crítica de Marx al subconsumo se basa en su teoría del valor, y de la plusvalía. La razón es sencilla: dado que el poder de compra de que disponen los asalariados es igual al valor de su fuerza de trabajo, las compras de los asalariados solo pueden realizar la parte del valor del producto que equivale al capital variable invertido por el capitalista. En particular, no pueden realizar la plusvalía del capitalista.

Por este motivo Marx rechazó las explicaciones de las crisis por subconsumo: “Decir que las crisis provienen de la falta de un consumo en condiciones de pagar, de la carencia de consumidores solventes, es incurrir en una tautología cabal. (…) Que las mercancías sean invendibles significa únicamente que no se han encontrado compradores capaces de pagar por ellas, y por tanto consumidores (ya que las mercancías, en última instancia, se compran con vistas al consumo productivo o individual). Pero si se quiere dar a esta tautología una apariencia de fundamentación profunda diciendo que la clase obrera recibe una parte demasiado exigua de su propio producto, y que por ende el mal se remediaría no bien recibiera aquélla una fracción mayor de dicho producto, no bien aumentara su salario, pues, bastará con observar que invariablemente las crisis son preparadas por un período en que el salario sube de manera general y la clase obrera obtiene realmente una porción mayor de la parte del producto anual destinada al consumo” (Marx, 1999, p. 502, t. 2).

La crítica se completa con los esquemas de reproducción. Como se recordará, Marx divide a la economía en dos sectores, el que produce bienes de consumo y el que produce medios de producción. La división corresponde a la división fundamental entre capital constante y capital variable.

Siendo k: capital constante; v: capital variable; s: plusvalía; K: producción total de medios de medios de producción; C producción total de medios de consumo; c: consumo capitalista; Δc: aumento del consumo capitalista; ak: acumulación de capital constante; av: acumulación de capital variable. Los subíndices 1 y 2 corresponden al sector productor de medios de producción y al sector productor de medios de consumo (véase Sweezy, pp. 181 y ss.; hemos alterado levemente la notación).

En el caso de la reproducción simple, los capitalistas no acumulan y gastan toda su plusvalía en bienes de consumo. De manera que el esquema es:

  1. k1 + v1 +s1,c = K
  2. k2 + v2 + s2,c = C

La condición de equilibrio entre ambos sectores es v1 +s1,c + v2 + s2,c = k2 + v2 + s2,c

Simplificando, v1 + s1,c = k2

Si se cumple la condición de equilibrio, no hay problemas de demanda. Puede verse, además, que v1 + v2 solo pueden representar una fracción del producto total, K + C. Por eso la realización de este último solo depende muy parcialmente de los salarios (y los trabajadores gastan su ingreso enteramente en bienes de consumo, incluso si se considera lo que ahorran para su retiro).

En el caso de la reproducción ampliada (o sea, cuando una parte de la plusvalía se dedica a acumular medios de producción y fuerza de trabajo), el esquema es:  

  1. k1 + v1 +s1,c + s1, Δc + s1,ak + s1,av = K
  2. k2 + v2 + s2,c + s2, Δc + s2,ak + s2,av = C

La condición de equilibrio es:

v1 +s1,c + s1, Δc+ s1,av + v2 + s2,c + s2, Δc + s2,av = k2 + v2 + s2,c + s2, Δc + s2,ak + s2,av

Simplificando:

v1 +s1,c + s1, Δc+ s1,av = k2 + s2,ak

Puede verse que, de nuevo, si se cumple la condición de equilibrio no hay problemas de falta de demanda. En este respecto, el argumento de Wisman no explica por qué puede ocurrir una crisis por subconsumo.

Sweezy (y Sardoni) sobre los esquemas

En Teoría…, y referido al subconsumo, Sweezy centra gran parte de la discusión en las tesis de Tugan Baranowsky, y presenta una explicación de la posibilidad de subconsumo más elaborada que la tradicional, que se limita a señalar los bajos salarios. A fin de comprender el planteo de Sweezy, recordemos que Tugan sostenía que los esquemas elaborados por Marx probaban que la acumulación del capital no depende del consumo, y que incluso podría continuar por muy bajo que fuera el consumo. Por eso, concluía, las crisis solo podían ocurrir por desproporciones en el crecimiento de las ramas.

En respuesta, Sweezy afirma que los esquemas no constituyen una refutación de la tesis subconsumista. Sostiene que el planteo de Tugan es, en esencia, tautológico, ya que si supone que la acumulación procede según los esquemas, la oferta y la demanda coinciden. Lo cual es la condición de equilibrio de los esquemas. A efectos de la argumentación, Sweezy entonces imagina qué ocurre si el consumo no aumenta. Pues resulta que en ese caso los capitalistas solo acumulan capital constante, y tampoco aumentan su consumo. O sea, s1,Δc, s1,av y s2,av = 0.

Así, la condición de equilibrio se reduce a v1 + s1c = k2 + s2,ac. Sin embargo, la condición de equilibrio de la reproducción simple nos dice que v1 + s1c = k2. De manera que s2,ac debe ser cero. Esto es, los capitalistas del sector II no acumulan, contradiciendo la condición que habíamos puesto, a saber, que los dos sectores acumulan. Una contradicción que no debe extrañar, ya que la condición que se impuso es contradictoria: por un lado, supusimos que en el sector II hay acumulación, por otra  parte supusimos que no aumenta el consumo obrero ni el de los capitalistas; o sea, que no aumenta la demanda de bienes de consumo. El propio Sweezy reconoce que la conclusión a la que llegó “proviene de cierta inflexibilidad en la suposición del esquema de reproducción”, como haber supuesto que ningún capital puede migrar de una rama a la otra. Pero si esto se permite, sigue Sweezy, puede haber una cierta redistribución de capital variable y constante entre ramas (con una elevación de la composición orgánica del capital), y se restablece el equilibrio (véase p.187).

Sweezy no continúa el argumento, pero Sardoni (2015) parece retomarlo. Supone también un esquema de reproducción con los dos sectores, productor de medios de producción y producción de medios de consumo. Los capitalistas no consumen y gastan toda la plusvalía en capital constante en sus sectores; o sea, no aumenta el consumo de los obreros a medida que progresa la acumulación. La condición de equilibrio, en el tiempo t, es v1 = k2 + s2. Tengamos en cuenta que, dadas las condiciones impuestas por Sardoni, s2 = s2,ak (los capitalistas del sector 2 no consumen y acumulan toda la plusvalía en capital constante). Ahora bien, como en el tiempo t+1 v1 debe ser igual a v1 en tiempo t, tenemos que en t+1 toda la plusvalía, s2, debe ser consumida. Sardoni concluye que no es un supuesto plausible, ya que resultó que los capitalistas del sector 1 son frugales, e invierten en capital constante, mientras que los capitalistas del sector II son dilapidan toda la plusvalía en los medios de consumo. Pero el resultado, más que implausible, es contradictorio con las condiciones que impuso Sardoni. En última instancia, es el problema que enfrenta el supuesto de Sweezy, que vimos antes. Es que si se supone que el consumo no aumenta, y se mantiene igual la composición de capital, el aumento de la  producción de bienes de consumo (derivado del aumento del capital constante en 2) no tiene salida. Esto es, para que hubiera equilibrio los capitalistas del sector 2 no deberían acumular capital constante; pero antes se estableció que acumulan capital constante. Además de la condición de que los capitalistas de cada sector solo invierten en su sector; y que no hay transferencias de obreros entre sectores, ni modificación de la composición de capital. No parece que sean los requisitos adecuados para presentar una teoría general de las crisis por subconsumo.

 Agreguemos todavía otra cuestión: Sardoni introduce el factor tiempo. La demanda derivada de v1 en el tiempo t+1 se satisface con la producción de t+1. Pues bien, de hecho también Marx, en su ejemplo numérico de la reproducción ampliada, introduce el factor tiempo, pero de manera distinta a la de Sardoni. Es que cuando los capitalistas, en el tiempo t+1, acumulan y aumenta el capital variable, lógicamente aumenta el consumo. Sin embargo, la demanda de bienes de consumo es satisfecha con la producción del tiempo t, no del tiempo t+1. Lo cual tiene su importancia, ya que si en período tras período el consumo permanece al mismo nivel, ¿para qué los capitalistas del sector 2 acumularán capital constante? No tiene sentido.

Otro argumento de Sweezy

Luego de la discusión planteada más arriba, en pp. 202 y ss., Sweezy propone otro argumento, esta vez partiendo de dos relaciones básicas:

  1. Tasa de aumento del consumo / Tasa de aumento de los medios de producción.
  2. Tasa de aumento de la producción total de artículos de consumo / Tasa de aumento de los bienes de producción.

Sostiene entonces que en el modo de producción capitalista la relación (1) es descendente, y la (2) es constante.

La relación (1) es descendente porque, dice Sweezy, el aumento del consumo de los capitalistas es una proporción decreciente de la plusvalía total. Por otra parte, sostiene que el aumento de los salarios es una proporción decreciente de la acumulación total. El resultado entonces es que la tasa de aumento del consumo desciende con relación a la tasa de aumento de los medios de producción. Si el razonamiento quedara aquí, no habría razón para que hubiera un problema de demanda: la caída relativa de la demanda de bienes de consumo sería compensada por el aumento relativo de la demanda de bienes de producción, destinados a la acumulación capitalista.

Para explicar entonces el subconsumo, Sweezy plantea que la relación (2) es constante. O sea, que la tasa a la que aumenta la producción de bienes de consumo es igual a la tasa a la que aumenta la producción de bienes de producción. Naturalmente, si esto es así, y dado (1), habrá una cantidad de medios de consumo producidos que no encontrarán salida. De ahí la tendencia a la sobreproducción. Por lo tanto, el peso del argumento es la constancia de (2). ¿Y por qué la relación 2 es constante? Sweezy se limita a decir que se trata de una relación “técnica”. Escribe: “Si… consideramos la producción como un proceso técnico natural de creación de valores de uso, vemos que debe existir una relación precisa entre la masa de medios de producción (suponiendo… que sean plenamente utilizados) y la producción de bienes de consumo” (p. 202). Explica también que debe existir una relación precisa entre la inversión en medios de producción y los cambios en la producción total de medios de consumo.

De manera que esas relaciones “son determinadas finalmente por las características técnicas de la producción, y por consiguiente, pueden variar con el desarrollo progresivo de los métodos de producción” (p. 202). Todo esto parece indudable. Si la producción de pan, por ejemplo, crece a una cierta tasa x, la producción de hornos de panadería debe crecer a una tasa y que permita satisfacer la demanda de hornos. Establecida así la relación, sigue sin haber, en principio, problema de falta de demanda de bienes de consumo. Y nada hace suponer que ambas tasas deban coincidir. Después de todo, se trata de un problema técnico.

Sin embargo, en este punto Sweezy establece una relación fundamental: “la proporción de la tasa de aumento en la producción total de artículos de consumo con respecto a la tasa de aumento de los medios de producción permanece inalterable” (p. 189). Esto es, si la tasa a la que aumenta la producción de medios de producción es y, la tasa a la que aumenta la producción de medios de consumo deberá ser también y. Dado que, por (1), la tasa de aumento del consumo es menor que la tasa a la que aumenta la producción de medios de producción (la tasa y en nuestro ejemplo), habrá un excedente de producción de medios de consumo con respecto al aumento del consumo.

Como puede verse, el argumento de Sweezy descansa decisivamente en esa relación (2), de naturaleza técnica. Supone entonces que los capitalistas del sector productor de bienes de consumo amplían la producción a la misma tasa a la que aumenta la producción de los medios de consumo, sin importarles que haya demanda para la misma. No tiene lógica. El mismo supuesto no se sostiene (de manera parecida a lo que vimos más arriba). Puede verse, por otra parte, que se trata de un enfoque subconsumista (Sweezy dice que en el largo plazo el capitalismo tiende al subconsumo), pero planteado desde un enfoque de “desproporción” por el choque entre las relaciones (1) y (2).

Por último, señalemos que Marx fue crítico de las teorías subconsumistas, y consideró que la causa de las crisis es la sobreproducción. Pero… ¿no es la sobreproducción sinónimo de subconsumo? Además, Marx sostuvo que la tendencia a aumentar la producción choca, en la sociedad capitalista, con un consumo que está limitado por las relaciones de clase antagónicas. Sweezy cita estos pasajes, para concluir que Marx defendía una explicación subconsumista de las crisis. ¿Se contradice entonces Marx? En cualquier caso, la idea de que sobreproducción = subconsumo está bastante extendida en el marxismo. Debemos tratar esta cuestión en una próxima entrada.

Textos citados:

Basu, D. (2016): “Underconsumption, capitalist investment and crisis: A reply to Sardoni”, Review of Keynesian Economics, April.

Bleaney, M. (1977): Teorías de las crisis, México, Nuestro Tiempo.

Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

Sardoni, C. (2015): “Is a Marxist explanation of current crisis possible?” The Review of Keynesian Economics, vol. 3, pp. 143-57.  

Sweezy, P. (1973): Teoría del desarrollo capitalista, México, FCE.

Wisman, J. 2013, “Wage stagnation, rising inequality and the financial crisis of 2008”, Cambridge Journal of Economics, vol. 37, pp. 921-945.

Descargar documento: https://docs.google.com/document/d/1MGkgXz76xUMAVkrckRg1l3VOxxZbrw2vpgcjQDdrqbw/edit?usp=sharing

John Bellamy Foster and permanent stagnation — Michael Roberts Blog

Part of the Marxism conference in London that finished last weekend was a panel on: “Are we heading for another slump?” The speakers were myself, Joseph Choonara, author of Unravelling Capitalism and John Bellamy Foster (JBF), the editor of the US Monthly Review a longstanding journal of Marxist thought founded by Marxist economists Paul Sweezy and […]

a través de John Bellamy Foster and permanent stagnation — Michael Roberts Blog

LA TEORÍA DE LA CRISIS EN MARX: SU PROCESO DE FORMACIÓN

Makoto Itoh*

 

 

La teoría de la crisis de Marx, tal como aparece en El Capital, constituye un punto focal de su crítica sistemática de la economía clásica. Para ella, la economía capitalista es un orden natural definitivo de la sociedad humana. A diferencia de los clásicos, la teoría de Marx plantea científicamente la ley del movimiento de la producción capitalista, con sus formas y mecanismos históricos. Sin esta teoría sistemática no podemos esclarecer la necesidad lógica de las crisis cíclicas, las cuales ponen de manifiesto la naturaleza contradictoria de la economía capitalista en todas sus complejas interrelaciones.

 

Al estudiar fenómenos de esta complejidad, el nivel de abstracción y su base empírica cobran particular importancia. La teoría de la crisis que se encuentra en El Capital fue desarrollada para demostrar como un principio básico la inevitabilidad de las crisis cíclicas, y fue erigida sobre la base empírica de las crisis cíclicas más típicas de mediados del siglo XIX, a saber, la base histórica más apropiada para abstraer los fundamentos de dichos fenómenos.

Descargue el artículo completo

 

     * Trabajo publicado en la Revista “Análisis“, número 1, enero-marzo, 1977 (Lima-Perú). Como el original tenía algunos evidentes errores de traducción fue corregido por Vicente Lima. Una segunda revisión  la hizo Mariana Galicia contrastando la traducción de Análisis con Itoh, Makoto, “The Formation of Marx’s Theory of Crisis”, Science & Society, Vol. 42, No. 2 (Summer, 1978), pp. 129-155. Nota de Alejandro Valle Baeza

David Harvey, Piketty y la contradicción central del capitalismo

Michael Roberts

thenextrecession.wordpress.com/
Traducción de Ernesto Rosemberg

David Harvey es un reconocido profesor marxista de Antropología y Geografía en el Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Harvey es bastante crítico del libro de Piketty. Reconoce que Piketty proporciona datos de gran importancia sobre la desigualdad de la riqueza y de los ingresos en las principales economías capitalistas desde que el capitalismo se convirtió en el modo dominante de producción y las relaciones sociales desde 1750. ” Lo que Piketty sí muestra estadísticamente (y deberíamos estar en deuda con él y sus colegas por eso) es que el capital ha tendido a lo largo de su historia a producir cada vez mayores niveles de desigualdad. Esto , para muchos de nosotros, no es noticia. Era, además, exactamente la conclusión teórica de Marx en el Tomo I de su ‘El Capital'”.

Pero, como apunta Harvey, Piketty nada dice sobre las crisis recurrentes de producción y de inversión del capitalismo. Piketty “no nos dice por qué la crisis de 2008 se produjo y por qué está tomando tanto tiempo para tantas personas para salir de debajo de la doble carga del desempleo y de millones de casas perdidas en una prolongada ejecución hipotecaria . No ayuda a entender por qué el crecimiento es actualmente tan lento en EE.UU. en comparación con China, y por qué Europa está bloqueada en una política de austeridad y de una economía de estancamiento”.
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Sismondi, precursor de Marx por Diego Guerrero

sismondi-precursor-de-marx-9788492724277Reseña de Ángelo Narváez León

Diego Guerrero, Sismondi, precursor de Marx. Maia, Madrid, 2011.

El libro, como el mismo título explicita, profundiza en la relación, crítica y deuda de la teoría y estudios económicos de Karl Marx (1818 – 1883) con el trabajo de Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi (1773 – 1842). Explicitando esta relación, Guerrero se mueve entre la historiología del pensamiento económico, la evolución del pensamiento económico marxiano y atisbos de fundamentación filosófica de la relación entre ambos: para realizar esto el autor nos plantea leer la relación en términos críticos, es decir, en relación al lugar que ocupan las crisis económicas en la determinación del pensamiento de Sismondi y Marx. De este modo, la primera parte del libro lleva por título “Sismondi, teórico del valor y la crisis” y, subsecuentemente, la segunda parte es intitulada “Marx y las teorías de la crisis”. (más…)

La crítica “light” al capitalismo en The Guardian

Protesters march for jobs in London in 2011. Photograph: Andy Rain/EPA

Protesters march for jobs in London in 2011. Photograph: Andy Rain/EPA

Austerity? Call it class war – and heed this 1944 warning from a Polish economist

The Guardian, Monday 14 January 2013

The single best guide to what happened in Britain last week was published in 1944. Naturally, its author was a Polish economist. Even economics students may not have heard of Michał Kalecki – but it’s the discipline that got small, rather than his legacy. In his time, Kalecki was recognised as having anticipated some of Keynes’s most important ideas, years before the Master published his General Theory, and he exerted a big influence on such legendary Cambridge thinkers as Joan Robinson and Nicky Kaldor.

His article, Political Aspects of Full Employment, explains with an almost eery prescience why the coalition is attacking our wages, our working terms and conditions and our welfare state.

Michal Kalecki Economist Michał Kalecki.

The tone is exhilaratingly brisk. “A solid majority of economists” agree on how to solve a slump, Kalecki says. The government borrows more and invests the cash either in building schools and hospitals or in providing benefits and tax cuts; this boosts demand and generates employment. Ta-da! Two pages in, and he has both fixed the problem of recessions and despatched most of the arguments against public borrowing that we have heard with such tedious frequency in the past five years.

What if savers become wary of lending to the state? Then, Kalecki says, the Treasury pays higher interest rates – and, since most of its lenders are British (just like now), the money will still flow back into the economy. But he notes that Churchill’s war coalition has run “astronomical budget deficits”, while “the rate of interest has shown no rise since the beginning of 1940”. What if it becomes too costly to keep on top of the national debt? Then ministers should raise more funds, not by taxing ordinary pay or spending, which would slow the economy, but with a levy on idle wealth.

That proposal, by the way, is tossed out in a mere footnote on the second page; and, reader, if you can’t love a man who comes up with a novel way of soaking the rich in one short italicised paragraph, then I fear we’re never going to be friends.

Having rattled through the urgent problems, Kalecki points out that a booming economy and healthy profits would be good for the “leaders of industry”, but that they will never support such government intervention. And in a sentence that sums up post-crash Britain, he identifies one of the principal sources of resistance as “so-called ‘economic experts’ closely connected with banking and finance” along with “big business”.

The opposition posed by this coalition of bosses and financiers is motivated by three factors. First, they want as little government interference in the economy as possible; second, they don’t want the state expanding into new areas and so doing them out of business. But the thing that really keeps the capitalists awake at nights is the boost to workers’ confidence that will be provided by a heathy jobs market. They will demand more pay, better working conditions, perhaps even a say in how their companies are run. Fully employed, well-paid Britons will have more cash to buy things, so a healthy economy supported by the government is better for corporate profits than a sick one. “But ‘discipline in the factories’ and ‘political stability’ are more appreciated by the business leaders than profits”. Rather an insecure and cowed workforce than a confident and boisterous one.

But it’s Kalecki’s “political business cycle” that sums up the world we’re in now. Rather than opting for public investment and a healthy recovery, Britain is stuck in a slump that austerity and a blind trust in private-sector vigour is only deepening. But the parallels don’t stop there. Last week, the day after MPs voted through a bill for real-terms cuts year upon year in benefits for the jobless and the low-paid, newspapers led on government briefings that the butchering of the welfare state would not stop there. Next, the FT reported, winter fuel allowance would be for the chop.

Meanwhile, living standards for those in work are also under attack: through wages that are falling further and further behind inflation and government schemes to sacrifice workplace rights in return for share options. For those slow on the uptake, there is always William Hague, telling Britons to “work harder“.

The rhetoric is also echoed in our media. Last Friday, the Guardian’s librarians went through all the British tabloids and broadsheets since 2007. Up to 2010, they found that Fleet Street was quite restrained in its use of the term “scrounger”: a mere 46 mentions (when discussing benefits or welfare) for all of 2007. In 2010, though, that shot up to 219 mentions, and last year 240 mentions. As for shirkers v strivers, the false opposition du jour, newspapers did not use the phrase at all until 2010. Last year, the total was 10. In the first two weeks of 2013, the press had already racked up 30 mentions.

Whether from politicians or the press, these justifications for austerity are getting more strident even while evidence of austerity’s failure is stacking up. It may be that Britain goes into a third recession this year; it is certainly not going to enjoy a recovery. And what was always evident in the coalition’s spending plans issued back in 2010 – that our welfare state and public realm were going to get shredded – is slowly but surely materialising.

This assault on an entire social contract, says Malcolm Sawyer, a leading expert on Kalecki, is what his subject warned about. “The argument for dealing with budget deficits has provided cover for attacking wages and benefits.” And austerity is just code for the transfer of wealth and power into ever fewer hands.

Fuente: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/jan/14/deepening-mess-words-polish-economist

“La explicación subconsumista de la crisis”: Rolando Astarita

Una explicación, bastante popularizada, de la crisis capitalista, sostiene que la misma se produjo por la caída del consumo. La idea es que la ofensiva neoliberal, desatada a comienzos de los años ochenta, provocó la caída de los salarios. Esta baja de los salarios implicó una caída del consumo. El consumo es la principal fuente de demanda de la economía; por lo tanto, en el mediano o largo plazo debía producirse una crisis de sobreproducción. La crisis iniciada en 2007 sería el resultado entonces de las políticas neoliberales.

En términos de las teorías económicas, se trata de una explicación de la crisis por subconsumo; esto es, porque el consumo es insuficiente para sostener la demanda. Históricamente, existieron dos versiones. Una de ellas, propuesta por Malthus, sostuvo que el problema residía en el bajo consumo de los capitalistas; por eso Malthus proponía estimular el consumo de los sectores aristocráticos. La segunda, hace hincapié en los bajos salarios, y fue defendida primero por Sismondi, también a comienzos del siglo XIX.

Es ésta segunda versión de la tesis subconsumista la que tuvo más aceptación en el sindicalismo y la izquierda reformista. Sismondi consideraba que con una distribución desigual del ingreso, las masas empobrecidas solo adquieren los productos esenciales, y no compran muchos productos industriales. Por eso los industriales, que hubieran tenido un buen mercado para sus productos con una distribución equitativa del ingreso, quedan inactivos. Y con el crecimiento de la industria en gran escala, el mercado interno está contrayéndose. Además, el comercio exterior no es solución a la falta de demanda, porque en todas partes la cantidad de bienes en venta es mayor que poder de compra de la gente. En consecuencia, la distribución desigual del ingreso es la principal causa de crisis (véase Bleaney, 1977).

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