Economía marxista para el Siglo XXI

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Pancartas feministas espáñolas por el día de la mujer

Ni_dioslSusanna Martín es una de las organizadoras de Wombastic, miembro de la Asociación de Autoras de Cómic. Dibujante de novela gráfica e ilustradora profesional desde 2009, explica: “A mí me tocó bastante de cerca el tema del aborto, así que quería luchar para que no nos lo quiten. Por cómo te escribe la gente los ‘emails’ ves a quién le ha afectado más y a quién menos… si alguien ha tenido que tomar la decisión, o si ha sido alguien cercano, como es mi caso”. No se esperaba la repercusión que ha tenido el blog: “En un momento dado hasta llegó a ser estresante, porque se nos acumulaban los correos”.

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Feminist Tought A More Comprehnsive Introduction

Rosemarie_Tong

Tong, Rosemarie. Feminist Tought: A More Comprehnsive Introduction, Westview Press, Bulder Colorado, 2009

Oftentimes, a new edition of a book, particularly a third edition, amounts to little more than some added references and updates. But I can assure readers that this new edition of Feminist Thought: A More Comprehensive Introduction, constitutes a major overhaul: eighteen months of drafting and redrafting. Chapters that remain substantially the same are the chapters on liberal feminism, radical feminism, and ecofeminism, though even these have significant revisions. Substantially reformulated chapters are the ones on psychoanalytic feminism and Marxist/socialist feminism. I have reassigned some feminist thinkers I previously classified as postmodern feminists to the psychoanalytic feminist fold, and I have amplified my discussion of socialist feminism in ways that better clarify the differences between it and Marxist feminism. In addition, although Chapter 6, “Multicultural, Global, and Postcolonial Feminism,” includes ideas from the second edition, I have thoroughly revised the section on multicultural feminsm, offering new interpretations of this mode of feminist thinking. Further enhancing this chapter, which is now one of my favorite chapters, is a serious effort to address the differences between multicultural, global, and postcolonial feminism. New or expanded discussions of Susan Okin, Martha Nussbaum, Chila Bulbeck, Linda Martin Alcoff, and Adrian Piper are featured. Another chapter that blends a bit of old material with much new material is Chapter 8, “Postmodern and Third-Wave Feminism.” Among the feminist thinkers now showcased are Hélène Cixous, Judith Butler, Leslie Heywood, Jennifer Drake, and Rebecca Walker. Finally, a new chapter makes its debut in this third edition. Although Chapter 5, “Care-Focused Feminism,” includes previous discussions of Carol Gilligan and Nel Noddings, equally long discussions of Virginia Held and Eva Feder Kittay have been added.

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¿Una presidenta es mejor que un presidente?

La autora y su libro

La autora y su libro

Maciek Wisniewski*
A menudo antes de las elecciones –como las recientes en Chile o las próximas en Honduras– se escucha que mejor votar por las mujeres, ya que éstas son más sensibles y responsables que los hombres, defenderán mejor los derechos de sus compañeras, e incluso que por la condición de su género –objeto de la discriminación– son más progresistas por naturaleza.

La izquierda de buenos deseos o cultural que produce este tipo de pensamiento suele argumentar también que bastaría darles el poder a las mujeres para acabar de una vez con el patriarcado, el machismo, la depredación de la naturaleza, las guerras o con el capitalismo (¡sic!), argumento que ignora las relaciones de poder e intereses reales, o se contradice cuando, por ejemplo, bajo el lema de solidaridad con las mujeres afganas se suma a las guerras imperiales.

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Las mujeres en las luchas populares de América y el mundo

Silvia Federici

Silvia Federici

Gloria Muñoz Ramírez

Publicado: 09/11/2013 12:42

Silvia Federici, feminista y activista italiana, acompañante de procesos comunitarios en diferentes lugares del mundo, se vio obligada a suspender un encuentro con la comunidad de Paquí, Totonicapán, en Guatemala, debido a las amenazas de muerte contra dos de las organizadoras del evento, Jovita y Gladys Tzul, y por el clima de persecución que priva en el país centroamericano. Tal es el contexto de la siguiente entrevista con la practicante de un feminismo popular que lucha por la defensa de lo común.

– ¿Por qué resultó tan “peligroso” para las élites locales el anuncio de tu encuentro con la comunidad de Totonicapán, Guatemala?

Porque yo creo que ante todo la lucha por la defensa de la tierra comunal es una de las más importantes en el mundo. Si la perdemos, perdemos todo, porque hay un esfuerzo enorme y global de las compañías mineras, del agronegocio, del capital internacional, de compañías financieras como el Banco Mundial, para terminar con cualquier forma de propiedad y manejo comunal de la tierra, y sobre todo están determinados a controlar toda la riqueza natural, porque en esta medida pueden imponer los ritmos de explotación que necesitan.

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Suicidios y agresiones sexuales son algunos de los costos internos de las guerras de EUA

Imagen de “Lauren”, protagonista de la nueva serie de WIGS que se transmitirá por YouTube donde se abordará el tema del abuso sexual en el ejército de EEUU.Foto: Kayt Jones / AP

American Curios
Guerra infinita

David Brooks

Los militares y sus jefes civiles están muy preocupados por dos fenómenos en las filas de las fuerzas armadas –incremento significativo en los suicidios y en incidentes de agresión sexual– y nadie entiende las razones, o por lo menos eso dicen.
Durante los últimos 12 años, con dos guerras, más otras acciones militares, se ha incrementado la tasa de suicidios entre militares en activo, con un nuevo récord de 350 casos en 2012, reportó el New York Times. Esta cifra es el doble de hace una década y superior al número de efectivos muertos en Afganistán ese año. En 2002 la tasa de suicidio entre militares fue de 10.3 por cada 100 mil, hoy es de 18 por 100 mil. A pesar de múltiples investigaciones y programas de prevención, los expertos admiten que no tienen claras las causas.
Por otro lado, en lo que algunos califican de epidemia de ataques sexuales, el Pentágono divulgó recientemente que el número de personal militar víctima de agresión sexual y delitos relacionados se ha incrementado 35 por ciento en los últimos dos años. En 2012 se reportaron de manera oficial 3 mil 400 casos de agresión sexual en las fuerzas armadas, sólo una fracción de los más de 26 mil que el Pentágono calcula que ocurrieron.
Peor aún, algunos de los encargados de abordar y resolver la incidencia de ataques sexuales ahora están acusados de eso mismo. Primero, el jefe de prevención de asalto sexual de la fuerza aérea, el coronel Jeffrey Krusinski, fue arrestado acusado de tocar y atacar a una mujer en Virginia. Diez días después, un sargento del ejército encargado de manejar casos de asalto sexual en Texas fue puesto bajo investigación por acusaciones de contacto sexual abusivo y, posiblemente, obligar a una subordinada a la prostitución.
A la vez, aunque en casi cada acto oficial, deportivo y hasta algunos culturales los políticos invitan al público a elogiar y expresar su gratitud a las fuerzas armadas por su sacrificio, el trato a veteranos y sus familias parece contradecir esos sentimientos. El número de solicitudes por discapacidad registradas en la Administración de Asuntos de Veteranos –la principal agencia federal encargada de apoyarlos, sobre todo en cuestiones de salud– que están acumuladas a la espera de pago (son catalogadas así si no se han resuelto por lo menos en 125 días) ya casi llega a 600 mil y crece cada día.
Aunque los fenómenos de suicidio y agresión sexual entre uniformados son asuntos complejos que no tienen una sola causa, no existirían sin el contexto de una superpotencia con capacidad militar sin precedente en la historia, con un gasto militar que representa 41 por ciento del total mundial, según SIPRI, y que vive en algo que ya se asimiló como parte normal de la vida estadunidense: la guerra infinita.
La guerra contra el terrorismo que Estados Unidos declaró después del 11 de septiembre de 2001 es tan solo una parte de la historia bélica de este país, una historia de guerra continua desde sus inicios hasta hoy. Pero, sí parece ser la primera guerra que abiertamente se define como indefinida. La semana pasada, Michael Sheehan, secretario asistente de Defensa para operaciones especiales y conflictos de baja intensidad, fue interrogado en una audiencia en el Senado sobre qué tanto tiempo considera que durará la guerra contra el terrorismo: por lo menos de 10 a 20 años, respondió tranquilamente (sin incluir los 12 años que lleva). No sólo no parece haber un límite de tiempo, sino tampoco límite geográfico para esta guerra, ya que se libra desde ciudades de Estados Unidos hasta pueblos de Medio Oriente y África.
Glenn Greenwald, columnista de The Guardian, comenta que “es difícil resistir la conclusión de que esta guerra no tiene ningún otro propósito que su perpetuación. Esta guerra no es un medio para un fin, sino el fin en sí… También es su propio combustible: es precisamente esta guerra sin fin –justificada en nombre de detener la amenaza del terrorismo– la mayor causa de esa amenaza”.
El historiador y veterano militar Andrew Bacevich acaba de publicar un libro en el que advierte que la trinidad sagrada del poder militar estadunidense, la huella mundial del Pentágono y la disposición estadunidense al intervencionismo hoy día generan una condición de crisis de seguridad nacional permanente. Eso, afirma, establece la justificación para una condición de guerra sin fin. Mientras tanto, el público ya no cuestiona todo esto, critica el experto.
Cuando su hijo, teniente del ejército, murió en combate en Irak en 2007, Bacevich escribió en el Washington Post que los oradores oficiales repiten la línea de que la vida de un soldado no tiene precio. Yo sí sé qué valor asigna el gobierno estadunidense a la vida de un soldado: me han entregado el cheque.
Si te capacitan para ser participante en esta guerra infinita, te dicen que el enemigo es global, que puede estar a la vuelta de tu casa o en unas montañas o desiertos a miles de kilómetros, te enseñan que la violencia es una respuesta legítima y que tienes el derecho y el deber de usarla, y te dicen que hacerlo es heroico, tal vez eso explica algo. Si de repente regresas y no hay empleo, no hay vivienda, y no hay apoyo, ni para las discapacidades que tienes por defender a tu patria, y las guerras en que participaste fueron detonadas por engaños y manipulaciones por los comandantes civiles, tal vez eso también explica algo. Tal vez la guerra y la militarización deshumanizan a todos. Tal vez con la guerra no destruyes sólo al enemigo, sino a ti mismo.
Tal vez esos son los costos de la guerra infinita.
Más información:

Feminismo y Marxismo: más de 30 años de controversias

MARXISMO FEMINISMO

Andrea D’Atri

Desde lo que se ha dado en llamar “la segunda ola” del feminismo, las controversias entre esta corriente y el marxismo estuvieron a la orden del día.

Creemos que no hubiera podido ser de otra manera: si el feminismo de la primera ola tuvo como interlocutor privilegiado al movimiento revolucionario de la burguesía –discutiendo sus parámetros de ciudadanía y derechos del Hombre que no incluían a las mujeres de la clase en ascenso–, el de los años ’70 dialogó –y no siempre en buenos términos– con el marxismo, abordando cuestiones que van desde la relación entre opresión y explotación hasta la reproducción de los valores patriarcales al interior de las organizaciones de izquierda y el fracaso de los llamados “socialismos reales”.

En este período se advierten los esfuerzos teóricos de parte del feminismo de unificar clase y género en el intento de subsumir los análisis sobre las mujeres a las categorías marxistas ortodoxas. “Algunas feministas mantenían que el género era una forma de clase, mientras que otras afirmaban que se podía hablar de las mujeres como clase en virtud de su posición dentro de la red de relaciones de producción ‘afectivo – sexuales’”

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Fuente: http://www.lahaine.org/index.php?p=37693

Conspirando desde la cocina

Marxist-Feminism-01Nicole Cox y Silvia Federici

Este artículo se escribió originalmente en noviembre de 1974 como una respuesta al artículo ‘Women & Pay for Housework’, escrito por Carol Lopate y publicado en la revista Liberation. Nuestra respuesta fue rechazada por los editores de dicha revista. Hemos decidido publicarla porque las ideas de Lopate han calado con más crudeza y facilidad de lo habitual. Y han calado no sólo porqué toma los principios fundamentales de la izquierda, sino porqué entabla una relación específica con el movimiento feminista internacional. Debemos añadir que con la publicación de este panfleto no estamos abriendo un debate estéril con la izquierda sino que lo estamos cerrando.

Desde Marx, ha quedado claro que el capital funciona y se desarrolla a partir de los salarios. Es decir, que la fundación de la sociedad capitalista se basa en los asalariados y en su directa explotación. Lo que todavía no tienen claro ni han asumido las organizaciones del movimiento obrero es que, justamente mediante los salarios tiene lugar la explotación de los que no tienen salarios. Y es justamente la falta de salario lo que esconde una explotación todavía más efectiva…En lo que se refiere a las mujeres, su trabajo se entiendo como un trabajo personal que queda fuera del capital (2).
No es casualidad que en los últimos meses varios periódicos de la izquierda hayan publicado ataques contra “Salarios para las amas de Casa”. No sólo porque cada vez que el movimiento de mujeres toma una posición autónoma la izquierda se sienta amenazada, sino también por que la izquierda considera que esta perspectiva supone implicaciones que van más allá de la “cuestión mujer” y representa una clara ruptura con sus políticas, pasadas y presentes, que tienen que ver con las mujeres y con el resto de la clase trabajadora. Además, el sectarismo que la izquierda ha mostrado tradicionalmente en relación con las luchas de las mujeres, es una consecuencia directa de su visión estrecha de la manera en que el capital funciona, y la dirección que la lucha de clases debe tomar y está tomando para romper su funcionamiento.

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