Economía marxista para el Siglo XXI

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Grecia: más elementos para un balance de Syriza — Rolando Astarita [Blog]

Alexis Tsipras y el partido Syriza ganaron las elecciones griegas, en enero de 2015, en medio de una ola de entusiasmo. Habían prometido acabar con las medidas de austeridad, recuperar la economía y permanecer en el euro. Pero en julio Tsipras aceptó un programa de rescate de la Unión Europea, el FMI y el Banco […]

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Todo lo sólido se desvanece en las urnas

Raúl Zibechi

Hace cuatro décadas, el intelectual y militante peruano Alberto Flores Galindo desgranaba su opinión sobre las elecciones, en un breve comentario a propósito de los resultados de las votaciones para la Asamblea Constituyente, en las que el dirigente campesino-indígena Hugo Blanco obtuvo 30 por ciento de los sufragios, en junio de 1978.
“El voto universal, individual y secreto ha sido una invención genial de la burguesía. El día de una votación las clases y grupos sociales se disgregan en una serie de individuos que dejan de pensar colectivamente, como sí ocurre en las huelgas, las manifestaciones o cualquier otro acto de protesta, y en la ‘cámara secreta’ emergen entonces las dudas, los temores, las incertidumbres que llevan a optar por lo establecido, por el pasado y no por el cambio” ( Obras Completas, tomo V, Lima, 1997, p. 89).
Flores Galindo fue uno de los más consecuentes y notables pensadores en los años 70 y 80, cuando el Perú estaba atenazado entre la violencia estatal y la de Sendero Luminoso, en una guerra que tuvo un costo de más de 70 mil muertos. Su investigación Buscando un Inca: identidad y utopía en los Andes, publicada en 1986, obtuvo el Premio Ensayo de Casa de las Américas en Cuba. Fue fundador de SUR, Casa de Estudios del Socialismo, que agrupó a buena parte de la intelectualidad de la época, y militó en el Partido Unificado Mariateguista, al que también pertenecía Hugo Blanco.

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Una izquierda para el siglo XXI

Raúl Zibechi

En los años 60 y 70 quien se incorporaba a la militancia escuchaba a menudo una frase: “Ser como el Che”. Con ella se sintetizaba una ética, una conducta, un modo de asumir la acción colectiva inspirada en el personaje que –con la entrega de su vida– se había convertido en brújula de una generación.

“Ser como el Che” era un lema que no pretendía que los militantes siguieran punto por punto el ejemplo de quien se había convertido en referencia ineludible. Era otra cosa. No un modelo a seguir, sino inspiración ética que implicaba una serie de renuncias, esas sí, a imagen y semejanza de la vida del Che.

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Para recordar a Meiksins Wood (1942-2016): Gran Bretaña y el paradigma burgués (1991)

El pasado 14 de enero murió la historiadora, politóloga y filósofa marxista Ellen Meiksins Wood, una de las personalidades intelectualmente más fértiles y sólidas del pensamiento socialista de las últimas décadas. Nació en Nueva York (1942), en el seno de una familia de emigrantes judío-letones en la tradición socialista del Bund. Casada en primer matrimonio con el historiador y filósofo político Neal Wood (1922-2003), una generación mayor que ella, quedó sin duda influida por la temprana crítica de Wood al neorrepublicanismo académico –centrado exclusivamente en la crítica lingüística de textos y discursos, con casi total ignorancia del contexto histórico y de las fuerzas sociales y políticas reales en acción— de autores como Pocock y Quentin Skinner. Frente a eso, Neal Wood defendió una visión marxista del republicanismo, así como una concepción republicana del marxismo. (más…)

El acervo Raya Dunayevskaya puede consultarse en línea desde ahora

The Raya Dunayevskaya Collection—Marxist-Humanist Archives is now online.

http://rayadunayevskaya.org/

News and Letters Committees is proud to announce that the Archives of the Marxist-Humanist philosopher/revolutionary, Raya Dunayevskaya (1910-1987), are now available online.

The Collection encompasses the body of ideas of Marxist-Humanism developed by Dunayevskaya during a lifetime in the revolutionary movement. Its over 17,000 pages are a resource for students, researchers and activists in fields as diverse as philosophy, women’s studies, social theory, intellectual history and Black studies.

Among the writings, many unavailable in printed form, are pioneering studies on the theory of state-capitalism, English-language translations of the young Marx and Lenin’s Hegel Notebooks, extensive notes on Hegel’s major philosophic works, writings on Black struggles in the U.S. from the 1940s to the 1980s, Political-Philosophic Letters on events spanning the world as they were occurring—from the Cuban Missile Crisis through the Iranian Revolution to the coup in Grenada. A far-reaching Battle of Ideas with other Marxists is found in the comprehensive collection of her columns, which first appeared in the newspaper she founded, News & Letters.
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La teoría marxista hoy : problemas y perspectivas

La teoría marxista hoy : problemas y perspectivas / compilado por
Atilio A. Boron ; Javier Amadeo y Sabrina González – 1a ed. – Buenos
Aires : Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales – CLACSO, 2006.
512 p. ; 23×16 cm.
ISBN 987-1183-52-6

 

Índice del libro

Agradecimientos | 11

Sabrina González Introducción: crónicas marxianas
de una muerte anunciada | 15
Atilio A. Boron Clase inaugural: por el necesario (y demorado)
retorno al marxismo | 35
Javier Amadeo Mapeando el marxismo | 53

Parte Uno Sobre la teoría y su relación con la praxis

Eduardo Grüner Lecturas culpables. Marx(ismos) y la praxis del conocimiento | 105
Marilena Chaui La historia en el pensamiento de Marx | 149
Atilio A. Boron Teoría política marxista o teoría marxista de la política | 175
Francisco Fernández Buey Marx y los marxismos Una reflexión para el siglo XXI | 191
Edgardo Lander  Marxismo, eurocentrismo y colonialismo | 209

Parte Dos Actualidad y renovación de los temas clásicos

Daniel Bensaïd  Una mirada a la historia y la lucha de clases | 247
Alex Callinicos Igualdad y capitalismo | 263
Michael Löwy Marxismo y religión: ¿opio del pueblo? | 281
Adolfo Sánchez Vázquez Ética y marxismo | 297
María Rosa Palazón Mayoral La filosofía de la praxis según Adolfo Sánchez Vázquez | 309

Parte Tres Nuevos temas de reflexión en el capitalismo contemporáneo

Frigga Haug Hacia una teoría de las relaciones de género | 327
Elmar Altvater ¿Existe un marxismo ecológico? | 341
Franz Hinkelammert La globalidad de la tierra y la estrategia de globalización | 365
Perry Anderson Las ideas y la acción política en el cambio histórico | 379

Parte Cuatro Democracia e imperialismo en tiempos de globalización

Ellen Meiksins Wood Estado, democracia y globalización | 395
Pablo González Casanova Colonialismo interno [una redefinición] | 409
François Houtart Los movimientos sociales y la construcción de un nuevo sujeto histórico | 435
John Bellamy Foster El redescubrimiento del imperialismo | 445
Terry Eagleton ¿Un futuro para el socialismo? | 463
Atilio A. Boron Clase de cierre: la cuestión del imperialismo | 473

Descargue el libro completo

Visite la biblioteca virtual del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales de donde se obtiene gratuitamente este libro y otros http://biblioteca.clacso.edu.ar/

La caída del Muro de Berlín: el fin de la dualidad

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Xabier F. Coronado

La caída del comunismo se convirtió
en el colapso de Rusia y de Occidente.
Alexander Zinoviev

En el verano de 1989, un grupo de amigos viajamos desde el País Vasco al este de Europa. En realidad íbamos a “Europa del Este”, término que implicaba un conglomerado de conceptos políticos, económicos y culturales. Antes habíamos gestionado los visados turísticos para poder entrar en Checoslovaquia y Hungría: un par de sellos llamativos que pasaron a ilustrar y dar categoría internacional a nuestros pasaportes. En agosto, después de estar más de una semana disfrutando de Praga –donde se celebraba una convención del partido comunista que tenía la ciudad empapelada de carteles–, cruzamos la frontera con Hungría. Nos llamó la atención el movimiento de gente que encontramos; en ese momento no pudimos saber lo que pasaba, eran otros tiempos en cuestiones de comunicación y, además, estábamos de vacaciones.

En Budapest, esa maravillosa ciudad unida en sus dos partes por el Danubio, se vivía un ambiente de cambio político: en el mes de mayo el gobierno húngaro había decretado la apertura de la frontera con Austria y promovido la rehabilitación pública de Imre Nagy, líder y víctima de la reprimida sublevación antisoviética de 1956. De camino a Sopron, por donde pensábamos salir del país para visitar Viena, nos enteramos de que se había desatado una crisis en la frontera; filas de coches, gente y policías saturaban el paso entre Hungría y Austria.

Entonces nos dimos cuenta de la dimensión del asunto. Algo se estaba moviendo a nivel popular y parecía que iba a ser difícil controlarlo. A pesar de tener esa impresión, nadie podía prever que aquellos acontecimientos culminarían pocos meses después con la caída del Muro de Berlín, símbolo de la guerra fría y frontera entre dos maneras antagónicas de concebir la vida social, política y económica de los pueblos. La crisis de fronteras de aquel verano abrió una fisura en el “telón de acero” por donde se filtró la corriente de cambios que iba a propiciar la demolición del Muro, a transformar la Europa del Este e incluso desmembrar al gigante soviético.

Construcción y desmantelamiento del Muro

Vivíamos en una isla en el corazón de Alemania socialista,
cercados por un muro de cuarenta y cinco kilómetros
que rodeaba la ciudad. Adonde quiera que se iba se erguía el muro.
José María Pérez Gay

Comparada con otras capitales europeas que sobrepasan el milenio de existencia, Berlín es una ciudad relativamente reciente (1237), pero sin duda es la que refleja con más fidelidad la historia contemporánea del viejo continente. En 1945, al término de la segunda guerra mundial, los acuerdos de la Conferencia de Potsdam dividían Alemania en cuatro zonas de ocupación controladas por los vencedores. Berlín, que había quedado en el territorio de dominio ruso, también fue fraccionada en cuatro sectores. En 1948 la ciudad quedó prácticamente dividida en dos partes como consecuencia del bloqueo soviético a la zona administrada por los países occidentales. Este hecho obligó a establecer un puente aéreo desde el oeste de Alemania que durante once meses abasteció Berlín Occidental.

En mayo de1949 la pretensión rusa de una Alemania unida se vino abajo con la fusión de las tres zonas dominadas por las potencias occidentales que formaron la República Federal de Alemania (RFA); en consecuencia, la superficie controlada por la Unión Soviética se convirtió meses después en la República Democrática Alemana (RDA). Un país dividido por una frontera casi infranqueable de mil cuatrocientos kilómetros que recorría de norte a sur el territorio, desde el mar Báltico hasta Baviera. En el sector oriental de Berlín se estableció la capital de la rda y la ciudad era el reflejo de la división mundial en dos bloques: el capitalista y el comunista.

A pesar de todo, en Berlín había cierta permisividad de tránsito, lo que propició un flujo de gente que pasaba al sector occidental. Las cifras eran significativas: entre 1945 y 1961, más de tres millones y medio de personas abandonaron la rda y se calculaba que por lo menos la mitad lo había hecho a través de la ciudad. Esta migración clandestina era facilitada porque decenas de miles pasaban cada día de un lado a otro, sobre todo por motivos laborales. La mayoría eran ciudadanos de Berlín Oriental que trabajaban en la zona oeste, pero también muchos berlineses de la zona internacional cruzaban al este y tanto unos como otros se beneficiaban de las condiciones económicas diferentes que se vivían en cada lado. Ese trasiego de personas, que eran conocidas como los “cruzafronteras” (Grenzgänger), representaba un problema social que estaba afectando la planificada economía de la RDA.

9 de noviembre de 1989, multitud celebrá la apertura de los pasos fronterizos a lo largo del muro de Berlín

Sin previo aviso, la noche del sábado 12 de agosto de 1961, el gobierno de Alemania del Este comenzó la edificación de un muro para separar su capital de la parte occidental de la ciudad. Las autoridades lo denominaron “muro de protección antifascista” (Antifaschistischer Schutzwall) y con su construcción pretendían controlar de manera más eficaz la migración de los trabajadores y profesionales socialistas hacia occidente. A pesar de la creación del Muro de Berlín, los intentos de pasar al otro lado continuaron pero fueron reprimidos de forma violenta. Todavía es incierto el saldo de víctimas mortales durante los veintiocho años que el Muro se mantuvo en pie, pero se calcula alrededor de las doscientas. La estructura divisoria fue evolucionando a lo largo de los años, y en la década de los ochenta había un muro de “cuarta generación”, de 3.60 metros de altura y 45 mil secciones independientes de hormigón.

La tarde del 9 de noviembre de 1989 Günter Schabowski, portavoz del politburó del Partido Socialista (SED), anunció de forma sorpresiva, en conferencia de prensa televisada, la derogación de las limitaciones a los permisos de viaje para los ciudadanos de la rda. Aunque los berlineses no se lo esperaban, esa noche salieron masivamente a la calle; así comenzó el desmantelamiento de un muro que había permanecido en pie durante casi tres décadas.

Consecuencias

Un poder no democrático nos gobierna, los gobiernos
son comisarios políticos del poder económico.
José Saramago

Con la caída del Muro de Berlín, que separaba los dos grandes bloques que regían el destino del planeta, se derrumbaron los gobiernos denominados comunistas, que basaban su visión organizativa del pueblo en ideas marxistas que se habían ido transformado con el ejercicio del poder.

La primera consecuencia fue la ruptura del equilibrio que produce la dualidad, hecho que ha modificado la relación de fuerzas a nivel mundial y el concepto de soberanía. Al no tener contrapeso, la democracia occidental ha ido transformándose en un modelo que, asentado sobre la idea de la globalización, pretende imponerse en todos los continentes como la mejor opción y la única éticamente aceptable. En palabras del filósofo Alexander Zinoviev: “Hoy vivimos en un mundo dominado por una sola fuerza, una ideología, y una de las partes globaliza a las otras.” (“L’Occident est devenu totalitaire”, Le Figaro-Magazine, 24/VII/99.)

Desde entonces la divergencia entre la democracia formal y la real no para de crecer. Los grandes partidos, antes casi antagónicos, han homogeneizado sus propuestas y en la práctica ya no existen diferencias entre unos y otros; no hay verdadera oposición al poder, salvo la de pequeñas minorías. Como consecuencia de esta falta de alternativas, una gran mayoría de electores se abstiene de votar; de esta forma, el sistema democrático se convierte en algo ficticio y totalmente neutralizado, pues no implica participación activa ni pluralismo.

Hace veinticinco años, la desaparición del Muro de Berlín marcó el final de un largo proceso histórico de transformaciones políticas, económicas, laborales e ideológicas. A partir de entonces se desató un poder sin precedentes del capitalismo, que está modificando radicalmente la sociedad. Se produjo una expansión generalizada de la cultura del consumo en todos los ámbitos sociales del planeta, lo que supone una creciente uniformidad en los modos de vida. Actualmente, las conquistas sociales logradas durante el pasado siglo desaparecen sometidas a los conceptos de productividad y rentabilidad.

La política neoliberal impone un totalitarismo económico que está al margen de los procesos de decisión popular y ejerce el poder real por encima de los Estados nacionales que, en la práctica, han perdido soberanía. El poder financiero supranacional ha sometido al poder político, incluso en los países occidentales, y todo parece tender a la formación de un gobierno mundial homogéneo controlado por los líderes del comercio internacional.

El poder global se impone a través de una ideología mercantilista y un discurso humanitario manipulado. Es importante resaltar el papel que ejercen los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en este proceso. Llama la atención la difusión de una cultura alienante que basa la felicidad en el consumo y tiene como ejes fundamentales el dinero, el sexo y la violencia. Todo esto nos convierte en una sociedad heterónoma sometida a un poder ajeno, sostenido por fuerzas impersonales, que nos mantiene controlados y nos impide el libre desarrollo de nuestra naturaleza.

El muro de la globalización

La revolución ya no es posible,
pero la revuelta lo es más que nunca.
En cierto modo, el futuro pertenece a los rebeldes.
Alain de Benoist

La caída del Muro de Berlín supuso el fin de la dualidad que mantenía el equilibrio. Como consecuencia, Estados Unidos y sus aliados se erigieron como potencia hegemónica. Parece que se imponen las tesis más aciagas del neoconservador Francis Fukuyama, que en su controvertido libro El fin de la Historia y el último hombre (1992) anunciaba “el punto final de la historia ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano”.

Desde que se rompió la vieja dualidad política y económica, el poder preponderante actúa sin oposición real a pesar de la aparición de nuevos contrarios –terrorismo internacional, narcotráfico, fundamentalismos, nacionalismos extremos, revueltas, etcétera–, muchas veces estimulados por el propio sistema plutocrático para atemorizar a la población y justificar la imposición de una política alienante y devastadora.

El poder totalitario ejercido por el sistema está construyendo un nuevo muro alrededor de todo el planeta: el muro de la globalización. Una muralla levantada gracias a la mundialización de un neoliberalismo económico voraz que empeora las condiciones de vida de la mayor parte de la humanidad y deteriora de manera irreversible la naturaleza.

Esperemos que, como hace veinticinco años, haya una reacción popular capaz de derribar este muro y terminar con la nueva dictadura que nos atenaza. Hay que ser optimistas y creer que el cambio aún es posible. Lo primero será buscar la fisura que permita destruir esa muralla de la globalización que nos mantiene en un supuesto orden mundial, donde lo único que parece ordenado es el desequilibrio entre pueblo y Estado supranacional, entre humanidad y naturaleza. El desmoronamiento de este mundo desatinado e injusto sólo se podrá lograr a base de rebeldía. Una rebeldía que emergerá, más que por cuestiones políticas, por la reacción popular ante la falta de libertad real y la pobreza generalizada, ante las discriminaciones sociales y la insostenible situación del medio ambiente.

También se necesita un enfoque diferente sobre el verdadero sentido de la vida del hombre sobre la tierra, que sustituya la obsesiva búsqueda de poder económico, social y político que el sistema nos impone. Una visión basada en valores que tiendan al equilibrio con nuestro medio, a la realización personal y comunitaria, a la solidaridad desinteresada, a la autocrítica, a la conciencia de especie y la recuperación de la armonía que los humanos perdimos desde el comienzo de la historia, al tomar un camino equivocado que sólo produjo guerras, destrucción y sufrimiento.

En definitiva, hay que encontrar alternativas que generen cambios reales de los que retoñe algo nuevo, ajeno a la dinámica repetida de vuelta a empezar por caminos ya recorridos que llevan a lo de siempre. Es la única esperanza para una humanidad que está rebasando sus propios límites y marcha forzosamente hacia una crisis final de proporciones desconocidas.

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