Economía marxista para el Siglo XXI

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Los dias terrenales del marxismo mexicano: José Revueltas

José Revueltas

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Hoy por hoy, Revueltas es la gran referencia en la UNAM, un ídolo para los jóvenes, el intelectual dispuesto a jugarse la vida por lo que creía y, sobre todo, por los demásFoto Archivo
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Escribo por una necesidad de expresión, de comunicación y de servicio: José Revueltas
Elena Poniatowska
En alguna ocasión acompañé a mi queridísima y admirada Margarita García Flores, autora de Cartas marcadas, a entrevistar a José Revueltas en su casa, en la avenida Insurgentes. Hoy por hoy, Revueltas es la gran referencia en la Universidad Nacional Autónoma de México, un ídolo para los jóvenes, estudiantes o no, el personaje más citado, el intelectual dispuesto a jugarse la vida por lo que creía y, sobre todo, por los demás. En el 68, Revueltas vivía a salto de mata y se escondía en una u otra casa. Hasta llegó a dormir durante semanas enteras en uno de los escritorios de la Asociación de Periodistas, en Filomeno Mata. Generoso como él solo, se desprendía de todo. Acompañado por Roberto Escudero, quien nunca lo dejó solo ni le falló, al final de su vida y obra dijo que le hubiera gustado darle a su obra entera el título de Los días terrenales: “A excepción, tal vez, de los cuentos, toda mi novelística se podría agrupar bajo el denominativo común de Los días terrenales, con sus diferentes nombres: El luto humano, Los muros de agua, Los errores. Y tal vez a la postre eso vaya a ser lo que resulte, en cuanto la obra esté terminada o la dé yo por cancelada y decida ya no volver a escribir una novela y me muera y ya no pueda escribirla. Es prematuro hablar de eso, pero mi inclinación sería esa, y esto le recomendaría a la persona que de casualidad esté recopilando mi obra, que la recopile con el nombre de Los días terrenales.

–Pepe, ¿por qué entregó su capacidad creadora, las horas de vida únicas e irremplazables a la política mexicana? ¿Por qué y para qué?

–En cierto sentido obedece a una razón vocacional, pero vocacional no en el sentido de adquirir una profesión, puesto que la política no puede ser una profesión, sino una actividad del hombre: desde muy joven sentí inquietud por encontrar un camino en el cual rendir el mayor servicio posible.

–Pero, ¿por qué no se limitaba simplemente a vivir?

–Probablemente por vanidad y por ambición.

–¡Ah, era usted ambicioso!

–En cuanto a eso, sí.
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