Economía marxista para el Siglo XXI

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Sobre el marxismo analítico

El jinete insomne: Erik Olin Wright: "La tradición marxista sigue ...

Un bosquejo histórico del marxismo analítico

A Brief History, Scope and Peculiarities of ‘Analytical Marxism’, Review of Radical Political Economics · v. 38(4), diciembre de 2006, pp. 595–618

Fabien Tarrit

“Resumen: Este trabajo pretende describir y evaluar el marxismo analítico, una escuela de pensamiento que ocupa una posición particular en la teoría radical. Se ha presentado como un intento de renovar el marxismo con las herramientas de la filosofía no marxista (filosofía analítica),
epistemología (positivismo lógico) y ciencias sociales (individualismo metodológico). Los autores principales son Gerald A. Cohen, quien defendió el materialismo histórico sobre la base de filosofía analítica, John Roemer, quien reconstruyó la economía marxista con herramientas neoclásicas y Jon Elster quien interpretó el marxismo usando el individualismo metodológico. La Teoría de la Elección Racional juega un papel importante en el marxismo analítico. Este artículo está escrito con base en la idea de que ese marxismo analítico parece haber convertido el marxismo en su opuesto.” (Traducción de AVB).

¿Es marxismo el marxismo analítico?

Michael A. Lebowitz, “Es Marxismo el Marxismo Analítico“, El Trimestre Económico, Vol. 57, No. 225(1) (Enero-Marzo de 1990), pp. 3-26.

Hay un “… elogio de John Gray a esta “poderosa nueva escuela”. Aclamando las primeras críticas austríacas a Marx de parte de Bohm-Bawerk, Von Mises y Hayek (y la de Paul Craig Roberts, economista norteamericano derechista), e inclinándose ante “la prodigiosa virtuosidad del capitalismo” y las maravillas del mercado, Gray distaba mucho de ser un comentarista simpatizante del marxismo (“la primera visión del mundo genuinamente autofrustrante en la historia de la humanidad”) ; su elogio para el marxismo analítico ocurre en el contexto de una extensa polémica antimarxista (“The System of Ruins”).
Por supuesto los practicantes del marxismo analítico no son responsables de lo que otros (como Gray) digan de ellos. Sólo son responsables de sus propias obras. Pero consideremos esas obras. Elster declara (en An Introduction to Karl Marx, su libro más reciente) que en Marx están
“muertos” los siguientes conceptos: “socialismo científico”; “materialis-
mo dialéctico”; teoría económica marxista —en particular sus dos “pila-
res principales”, la teoría del valor-trabajo (“intelectualmente agotada”)
y la teoría de la tasa de ganancia decreciente, y “quizá la parte más
importante del materialismo histórico”, la “teoría de las fuerzas produc-
tivas y las relaciones de producción” (Elster, 1986, pp. 188-194). De
igual modo, en una larga marcha por la economía marxista en su Ana-
lytical Foundations of Marxian Economic Theory
(1981), Roemer dejó
intacta sólo la teoría marxista de la explotación; más tarde (Roemer,
1982) le pareció inadecuado incluso este sobreviviente final. La explo-
tación —nos informa ahora Roemer— es simplemente desigualdad. Pero
¿cuál es entonces la diferencia entre la posición del marxismo analítico
y la de los filósofos no marxistas como Rawls? Roemer contesta que
“no está del todo clara”: “las líneas que separan el marxismo analítico
contemporáneo y la filosofía política izquierdista-liberal contemporánea
son confusas” (Roemer, 1986, pp. 199-200).
No podemos dejar de preguntarnos qué queda realmente del marxis-
mo en el marxismo analítico. En lo que sigue examinaremos algo de esta
obra (en especial la de Elster y la de Roemer) a fin de explorar la
medida en que pueda considerarse “marxista”. La conclusión es que el
marxismo analítico no es marxismo, y que en efecto es en esencia antimar-
xista.

¿Que fue del marxismo analítico?

Lo que sigue es un fragmento de “¿ Antoni Domènech: ¿Que fue del marxismo analítico?” (En la muerte de Gerald Cohen) tomado de una versión ligeramente resumida del texto” que apareció en el No 6 SinPermiso (diciembre de 2009).

El pasado 5 de agosto -2009- murió el filósofo oxoniense Gerald A. Cohen (Montreal, 1941), el animador principal del llamado ―Grupo de Septiembre‖, compuesto por intelectuales de distintas disciplinas (filosofía, politología, teoría económica e historia) que se reunían anualmente en Oxford en los 80 y los 90, dando lugar a una corriente académica conocida como ―marxismo analítico‖.
El significado de ―analítica‖ predicado de la filosofía ha ido desdibujándose cada vez más desde sus orígenes (cuando lo que se pretendía era el análisis lógico del lenguaje, científico o cotidiano), al punto de convertirse paradójicamente en un término vagaroso y polisémico, capaz, en el mejor de los casos, de identificar cierto estilo de escribir y enseñar filosofía propio de una tradición histórica dominante en el mundo académico angloparlante de la segunda mitad del siglo XX. Es lo más probable que si Wittgenstein o Neurath o Reichenbach o Carnap o Russell (o Ryle) levantaran la cabeza, apenas reconocerían a la ―filosofía analítica‖ como tradición vividera ni en el realismo modal extremista de David Lewis (1941-2001) ni en la metafísica teoría causal de la referencia de Saul Kripke, (1940-) por limitarnos a los nombres de dos de sus grandes e indiscutibles representantes en nuestros días.”

Erik Olin Wright: la persistencia de las clases

Erik Olin Wright

Erik Olin Wright

Maciek Wisniewski*
I. Aunque las últimas clases que impartió –ya desde la cama y mediante un blog: bit.ly/2Ddfryl– diferían de sus cursos habituales, transmitían el mismo optimismo y compromiso moral (#EOWtaughtMe). Erik Olin Wright (EOW) (1947-2019) un destacado sociólogo marxista estadunidense fallecido hace dos semanas, una vez radicalizado e introducido a Marx en los 60 (bit.ly/2BjNfKk), siguió fiel a su camino (bit.ly/2ReKdfq). Si bien la huella del marxismo analítico (G. A. Cohen et al.) al que se adjudicó, muchas veces ambiguo y/o estéril, se percibe a lo largo de su obra (bit.ly/2TqFpW9) –al hacerlo, entre otros, desechar la dialéctica y abrazar la explicación científica (sic)–, su compromiso con el ideal emancipatorio, la crítica del capitalismo y la búsqueda de alternativas a éste junto con sus reformulaciones y rescate del concepto de la clase – Class, crisis and the state (1983), Classes (1997), Class counts (1997)– justo cuando otros lo abandonaban por demodé, hacían su postura bastante única. Tratando de reinventar –con M. Burawoy (bit.ly/2HUPxoG)– la sociología como una disciplina marxista, a pesar de la histórica incompatibilidad de ambos enfoques (bit.ly/2UC9Jxd), prefiguró por años el debate sobre desigualdades (Interrogating inequality, 1995).

II. Recentrando la clase en el –igualmente demodé proceso de la explotación (y a contrapelo de la tendencia bourdieana de anteponer la dominación), polemizando en el seno del marxismo con Poulantzas sobre su enfoque de clase que según él carecía de un rigor científico (bit.ly/2CWAYLN), refinó la incompleta formulación marxiana de la clase –siempre relacional no gradacional, entendiendo la estructura de clase como conjunto de relaciones establecidas en función del control de recursos productivos– abriéndola a los enfoques weberiano y durkheimiano (bit.ly/2t3C43J). Su más grande contribución fueron las localizaciones de clase contradictorias (contradictory class locations) en referencia a la clase media, no clase en sí misma, sino una cuyos miembros se sitúan en diferentes clases –en posición explotadora y explotada– resultando esto en sus intereses encontrados (The debate on clases, 1989). Se oponía a ver en el precariado una clase nueva (G. Standing) tratándolo sólo como un segmento de la clase trabajadora (Understanding class, 2015).

III. Anticapitalismo no es sólo una postura moral en contra de la injusticia; se trata de construir alternativas subrayaba en el espíritu de Marx (bit.ly/1WcfpJk). Estudiar las clases –el meollo que convierte al capitalismo en un sistema tan dañino– era entender las condiciones de su transformación. Si bien Marx desarrolló una intelectualmente brillante teoría de la imposibilidad del capitalismo a la larga, sus análisis sobre la sistémica tendencia a las crisis (y el remplazamiento del capitalismo por algún otro sistema) y la necesaria homogenización de su estructura de clase (la proletarianización) resultaron –para EOW– fallidas: el sistema vuelve a encontrar nuevas maneras de reproducirse y la clase media creció (bit.ly/2HTkGcc). Identificando cuatro tipos de estrategias para superar al capitalismo –destrozar, domar, escapar y erosionar– y moviéndose más allá de la vieja dicotomía reforma/revolución, optaba por una combinación de segunda y cuarta (véase su libro póstumo por aparecer: How to be an anti-capitalist for the twenty-first century, 2019).

IV. En tiempos en que el fantasma del socialismo recorre la política estadunidense fortaleciéndose en los márgenes del Partido Demócrata –¡Trump acaba de arremeter en contra de él en su discurso del Estado de la Unión! (bit.ly/2Tzwlyk)– el pensamiento de EOW y su búsqueda de alternativas “con la ‘brújula socialista’ en la mano” (bit.ly/2SjQMBK) parecería más actual que nunca. No obstante –bien apuntaba D. Riley (bit.ly/2CYBYif)– su desdeño a la tradición revolucionaria marxista, su concepto incompleto del socialismo y visión política más cercana a Tocqueville o Durkheim que… al propio Marx –“su proyecto es una suerte del ‘marxismo tocquevililano’” (sic)– junto con una mirada fija al capitalismo (sin ver sus particularidades históricas) y falta de apreciar lo suficientemente su… dinámica de la clase (insistiendo en el aumento del poder social en la búsqueda del socialismo sin especificar qué clase lo estaría ejerciendo…) resultaban problemáticas (bit.ly/2NVNUJi).

V. Ningún proyecto reflejaba tanto el característico entusiasmo de EOW por el futuro mejor –le gustaba repetir, en referencia a Gramsci, que también creía en el optimismo del intelecto– que el de utopías reales (Envisioning real utopías, 2009). Un oxímoron adrede (bit.ly/2UpA7tV) –y al margen de la alergia marxista al pensamiento utópico– fue acuñado para denotar un proyecto de construcción de mecanismos e instituciones reales regidos por principios socialistas (renta básica, etcétera) –siempre en conexión con su análisis de clase– que puestas en práctica empujarían transformaciones intersticiales (a diferencia de las rupturales o simbióticas) –al final el capitalismo emergió en las sociedades que seguían siendo feudales– llenando espacios del capital con potencialidades emancipatorias y acelerando irracionalidades productivas en su seno.

* Periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

Fuente: La Jornada

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