Economía marxista para el Siglo XXI

Wealth inequality

Michael Roberts Blog

I have written before about the fact that, both in advanced and so-called ‘emerging economies’,wealthis significantly more unequally distributed thanincome. Moreover, the pro-capitalist World Economic Forum has reported that:This problem has improved little in recent years, with wealth inequality rising in 49 economies.”

The usual index used for measuring inequality in an economy is the gini index. A Gini coefficient of zero expresses perfect equality, where all values are the same (for example, where everyone has the same income). A Gini coefficient of one (or 100%) expresses maximal inequality among values (e.g., for a large number of people where only one person has all the income or consumption and all others have none, the Gini coefficient will be nearly one).

For the US, the current gini index for income is 37.8 (pretty high by international levels), but the gini index for wealth distribution is 85.9! Or take supposedly…

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Rolando Astarita

El enfoque subconsumista tiene una larga tradición en la izquierda. La idea central es que  los bajos salarios, y la creciente desigualdad en los ingresos, generan un déficit estructural (o de largo plazo) de la demanda, que desemboca en las crisis económicas. Recordemos que también hubo un subconsumismo “de derecha”, encarnado en Malthus. Malthus decía que la baja inclinación al consumo de los capitalistas debilitaba la demanda, y que el remedio era el consumo improductivo de la aristocracia. Sin embargo, el subconsumismo que prevaleció es el de izquierda. En el siglo XIX fueron representativos Sismondi, Rodbertus y Hobson (para un panorama del subconsumismo, puede consultarse Bleaney, 1977). En nuestra opinión, también Keynes tiene un enfoque subconsumista, en la medida en que ubica la razón última de la inversión en el consumo (para un enfoque distinto, véase también Bleaney).

Asimismo, importantes marxistas adhirieron a la tesis subconsumista. Entre ellos, Paul Sweezy, en el influyente Teoría del desarrollo capitalista, publicado en 1942. También fueron subconsumistas Paul Baran, que trabajó y publicó con Sweezy; y marxistas de la corriente de la dependencia (el caso de Marini).

En los 1970 disminuyó la aceptación de la tesis subconsumista entre los marxistas, y el foco se desplazó a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Probablemente se debió a la influencia de Mandel, Shaikh y a la revalorización de Shaikh de la teoría del derrumbe de Grossman. Sin embargo, en los últimos años pareciera haber un cierto renacer del subconsumismo, en especial en relación a la crisis de 2007- 09. Así, Sardoni (2015) sostiene que en los países capitalistas, en el período previo a la crisis, hubo una creciente desigualdad de la riqueza y de los ingresos, y un poder de compra limitado de los sectores más pobres de la población. Sardoni dice que este fenómeno está en el corazón de las crisis capitalistas, y fue la base del crecimiento financiero. Como señala Basu (2016), Sardoni parece acercarse a algunos planteos de Sweezy. 

También Wisman (2013) presenta una explicación subconsumista de la crisis de 2007-09, inspirada en Keynes, tal vez en Marx, y en Minsky en lo que se refiere al aspecto financiero.  Según Wisman, las razones más profundas de la crisis son, en EEUU, el estancamiento de los salarios y la creciente desigualdad en durante los anteriores 35 años. Lo cual generó la caída del consumo y, en consecuencia, la reducción de la inversión productiva. Por eso, los sectores más ricos habrían volcado las plusvalías a los mercados financieros, alimentando la burbuja que desembocó en el estallido de 2007.  

El objetivo de esta nota es pasar revista a la crítica de Marx al subconsumismo, y examinar la tesis subconsumista de Teoría del desarrollo capitalista. Dejo planteado, para una próxima nota, la necesidad de analizar la relación entre las nociones de subconsumo y sobreproducción, que recorren la literatura marxista sobre las crisis.    

La crítica de Marx

La crítica de Marx al subconsumo se basa en su teoría del valor, y de la plusvalía. La razón es sencilla: dado que el poder de compra de que disponen los asalariados es igual al valor de su fuerza de trabajo, las compras de los asalariados solo pueden realizar la parte del valor del producto que equivale al capital variable invertido por el capitalista. En particular, no pueden realizar la plusvalía del capitalista.

Por este motivo Marx rechazó las explicaciones de las crisis por subconsumo: “Decir que las crisis provienen de la falta de un consumo en condiciones de pagar, de la carencia de consumidores solventes, es incurrir en una tautología cabal. (…) Que las mercancías sean invendibles significa únicamente que no se han encontrado compradores capaces de pagar por ellas, y por tanto consumidores (ya que las mercancías, en última instancia, se compran con vistas al consumo productivo o individual). Pero si se quiere dar a esta tautología una apariencia de fundamentación profunda diciendo que la clase obrera recibe una parte demasiado exigua de su propio producto, y que por ende el mal se remediaría no bien recibiera aquélla una fracción mayor de dicho producto, no bien aumentara su salario, pues, bastará con observar que invariablemente las crisis son preparadas por un período en que el salario sube de manera general y la clase obrera obtiene realmente una porción mayor de la parte del producto anual destinada al consumo” (Marx, 1999, p. 502, t. 2).

La crítica se completa con los esquemas de reproducción. Como se recordará, Marx divide a la economía en dos sectores, el que produce bienes de consumo y el que produce medios de producción. La división corresponde a la división fundamental entre capital constante y capital variable.

Siendo k: capital constante; v: capital variable; s: plusvalía; K: producción total de medios de medios de producción; C producción total de medios de consumo; c: consumo capitalista; Δc: aumento del consumo capitalista; ak: acumulación de capital constante; av: acumulación de capital variable. Los subíndices 1 y 2 corresponden al sector productor de medios de producción y al sector productor de medios de consumo (véase Sweezy, pp. 181 y ss.; hemos alterado levemente la notación).

En el caso de la reproducción simple, los capitalistas no acumulan y gastan toda su plusvalía en bienes de consumo. De manera que el esquema es:

  1. k1 + v1 +s1,c = K
  2. k2 + v2 + s2,c = C

La condición de equilibrio entre ambos sectores es v1 +s1,c + v2 + s2,c = k2 + v2 + s2,c

Simplificando, v1 + s1,c = k2

Si se cumple la condición de equilibrio, no hay problemas de demanda. Puede verse, además, que v1 + v2 solo pueden representar una fracción del producto total, K + C. Por eso la realización de este último solo depende muy parcialmente de los salarios (y los trabajadores gastan su ingreso enteramente en bienes de consumo, incluso si se considera lo que ahorran para su retiro).

En el caso de la reproducción ampliada (o sea, cuando una parte de la plusvalía se dedica a acumular medios de producción y fuerza de trabajo), el esquema es:  

  1. k1 + v1 +s1,c + s1, Δc + s1,ak + s1,av = K
  2. k2 + v2 + s2,c + s2, Δc + s2,ak + s2,av = C

La condición de equilibrio es:

v1 +s1,c + s1, Δc+ s1,av + v2 + s2,c + s2, Δc + s2,av = k2 + v2 + s2,c + s2, Δc + s2,ak + s2,av

Simplificando:

v1 +s1,c + s1, Δc+ s1,av = k2 + s2,ak

Puede verse que, de nuevo, si se cumple la condición de equilibrio no hay problemas de falta de demanda. En este respecto, el argumento de Wisman no explica por qué puede ocurrir una crisis por subconsumo.

Sweezy (y Sardoni) sobre los esquemas

En Teoría…, y referido al subconsumo, Sweezy centra gran parte de la discusión en las tesis de Tugan Baranowsky, y presenta una explicación de la posibilidad de subconsumo más elaborada que la tradicional, que se limita a señalar los bajos salarios. A fin de comprender el planteo de Sweezy, recordemos que Tugan sostenía que los esquemas elaborados por Marx probaban que la acumulación del capital no depende del consumo, y que incluso podría continuar por muy bajo que fuera el consumo. Por eso, concluía, las crisis solo podían ocurrir por desproporciones en el crecimiento de las ramas.

En respuesta, Sweezy afirma que los esquemas no constituyen una refutación de la tesis subconsumista. Sostiene que el planteo de Tugan es, en esencia, tautológico, ya que si supone que la acumulación procede según los esquemas, la oferta y la demanda coinciden. Lo cual es la condición de equilibrio de los esquemas. A efectos de la argumentación, Sweezy entonces imagina qué ocurre si el consumo no aumenta. Pues resulta que en ese caso los capitalistas solo acumulan capital constante, y tampoco aumentan su consumo. O sea, s1,Δc, s1,av y s2,av = 0.

Así, la condición de equilibrio se reduce a v1 + s1c = k2 + s2,ac. Sin embargo, la condición de equilibrio de la reproducción simple nos dice que v1 + s1c = k2. De manera que s2,ac debe ser cero. Esto es, los capitalistas del sector II no acumulan, contradiciendo la condición que habíamos puesto, a saber, que los dos sectores acumulan. Una contradicción que no debe extrañar, ya que la condición que se impuso es contradictoria: por un lado, supusimos que en el sector II hay acumulación, por otra  parte supusimos que no aumenta el consumo obrero ni el de los capitalistas; o sea, que no aumenta la demanda de bienes de consumo. El propio Sweezy reconoce que la conclusión a la que llegó “proviene de cierta inflexibilidad en la suposición del esquema de reproducción”, como haber supuesto que ningún capital puede migrar de una rama a la otra. Pero si esto se permite, sigue Sweezy, puede haber una cierta redistribución de capital variable y constante entre ramas (con una elevación de la composición orgánica del capital), y se restablece el equilibrio (véase p.187).

Sweezy no continúa el argumento, pero Sardoni (2015) parece retomarlo. Supone también un esquema de reproducción con los dos sectores, productor de medios de producción y producción de medios de consumo. Los capitalistas no consumen y gastan toda la plusvalía en capital constante en sus sectores; o sea, no aumenta el consumo de los obreros a medida que progresa la acumulación. La condición de equilibrio, en el tiempo t, es v1 = k2 + s2. Tengamos en cuenta que, dadas las condiciones impuestas por Sardoni, s2 = s2,ak (los capitalistas del sector 2 no consumen y acumulan toda la plusvalía en capital constante). Ahora bien, como en el tiempo t+1 v1 debe ser igual a v1 en tiempo t, tenemos que en t+1 toda la plusvalía, s2, debe ser consumida. Sardoni concluye que no es un supuesto plausible, ya que resultó que los capitalistas del sector 1 son frugales, e invierten en capital constante, mientras que los capitalistas del sector II son dilapidan toda la plusvalía en los medios de consumo. Pero el resultado, más que implausible, es contradictorio con las condiciones que impuso Sardoni. En última instancia, es el problema que enfrenta el supuesto de Sweezy, que vimos antes. Es que si se supone que el consumo no aumenta, y se mantiene igual la composición de capital, el aumento de la  producción de bienes de consumo (derivado del aumento del capital constante en 2) no tiene salida. Esto es, para que hubiera equilibrio los capitalistas del sector 2 no deberían acumular capital constante; pero antes se estableció que acumulan capital constante. Además de la condición de que los capitalistas de cada sector solo invierten en su sector; y que no hay transferencias de obreros entre sectores, ni modificación de la composición de capital. No parece que sean los requisitos adecuados para presentar una teoría general de las crisis por subconsumo.

 Agreguemos todavía otra cuestión: Sardoni introduce el factor tiempo. La demanda derivada de v1 en el tiempo t+1 se satisface con la producción de t+1. Pues bien, de hecho también Marx, en su ejemplo numérico de la reproducción ampliada, introduce el factor tiempo, pero de manera distinta a la de Sardoni. Es que cuando los capitalistas, en el tiempo t+1, acumulan y aumenta el capital variable, lógicamente aumenta el consumo. Sin embargo, la demanda de bienes de consumo es satisfecha con la producción del tiempo t, no del tiempo t+1. Lo cual tiene su importancia, ya que si en período tras período el consumo permanece al mismo nivel, ¿para qué los capitalistas del sector 2 acumularán capital constante? No tiene sentido.

Otro argumento de Sweezy

Luego de la discusión planteada más arriba, en pp. 202 y ss., Sweezy propone otro argumento, esta vez partiendo de dos relaciones básicas:

  1. Tasa de aumento del consumo / Tasa de aumento de los medios de producción.
  2. Tasa de aumento de la producción total de artículos de consumo / Tasa de aumento de los bienes de producción.

Sostiene entonces que en el modo de producción capitalista la relación (1) es descendente, y la (2) es constante.

La relación (1) es descendente porque, dice Sweezy, el aumento del consumo de los capitalistas es una proporción decreciente de la plusvalía total. Por otra parte, sostiene que el aumento de los salarios es una proporción decreciente de la acumulación total. El resultado entonces es que la tasa de aumento del consumo desciende con relación a la tasa de aumento de los medios de producción. Si el razonamiento quedara aquí, no habría razón para que hubiera un problema de demanda: la caída relativa de la demanda de bienes de consumo sería compensada por el aumento relativo de la demanda de bienes de producción, destinados a la acumulación capitalista.

Para explicar entonces el subconsumo, Sweezy plantea que la relación (2) es constante. O sea, que la tasa a la que aumenta la producción de bienes de consumo es igual a la tasa a la que aumenta la producción de bienes de producción. Naturalmente, si esto es así, y dado (1), habrá una cantidad de medios de consumo producidos que no encontrarán salida. De ahí la tendencia a la sobreproducción. Por lo tanto, el peso del argumento es la constancia de (2). ¿Y por qué la relación 2 es constante? Sweezy se limita a decir que se trata de una relación “técnica”. Escribe: “Si… consideramos la producción como un proceso técnico natural de creación de valores de uso, vemos que debe existir una relación precisa entre la masa de medios de producción (suponiendo… que sean plenamente utilizados) y la producción de bienes de consumo” (p. 202). Explica también que debe existir una relación precisa entre la inversión en medios de producción y los cambios en la producción total de medios de consumo.

De manera que esas relaciones “son determinadas finalmente por las características técnicas de la producción, y por consiguiente, pueden variar con el desarrollo progresivo de los métodos de producción” (p. 202). Todo esto parece indudable. Si la producción de pan, por ejemplo, crece a una cierta tasa x, la producción de hornos de panadería debe crecer a una tasa y que permita satisfacer la demanda de hornos. Establecida así la relación, sigue sin haber, en principio, problema de falta de demanda de bienes de consumo. Y nada hace suponer que ambas tasas deban coincidir. Después de todo, se trata de un problema técnico.

Sin embargo, en este punto Sweezy establece una relación fundamental: “la proporción de la tasa de aumento en la producción total de artículos de consumo con respecto a la tasa de aumento de los medios de producción permanece inalterable” (p. 189). Esto es, si la tasa a la que aumenta la producción de medios de producción es y, la tasa a la que aumenta la producción de medios de consumo deberá ser también y. Dado que, por (1), la tasa de aumento del consumo es menor que la tasa a la que aumenta la producción de medios de producción (la tasa y en nuestro ejemplo), habrá un excedente de producción de medios de consumo con respecto al aumento del consumo.

Como puede verse, el argumento de Sweezy descansa decisivamente en esa relación (2), de naturaleza técnica. Supone entonces que los capitalistas del sector productor de bienes de consumo amplían la producción a la misma tasa a la que aumenta la producción de los medios de consumo, sin importarles que haya demanda para la misma. No tiene lógica. El mismo supuesto no se sostiene (de manera parecida a lo que vimos más arriba). Puede verse, por otra parte, que se trata de un enfoque subconsumista (Sweezy dice que en el largo plazo el capitalismo tiende al subconsumo), pero planteado desde un enfoque de “desproporción” por el choque entre las relaciones (1) y (2).

Por último, señalemos que Marx fue crítico de las teorías subconsumistas, y consideró que la causa de las crisis es la sobreproducción. Pero… ¿no es la sobreproducción sinónimo de subconsumo? Además, Marx sostuvo que la tendencia a aumentar la producción choca, en la sociedad capitalista, con un consumo que está limitado por las relaciones de clase antagónicas. Sweezy cita estos pasajes, para concluir que Marx defendía una explicación subconsumista de las crisis. ¿Se contradice entonces Marx? En cualquier caso, la idea de que sobreproducción = subconsumo está bastante extendida en el marxismo. Debemos tratar esta cuestión en una próxima entrada.

Textos citados:

Basu, D. (2016): “Underconsumption, capitalist investment and crisis: A reply to Sardoni”, Review of Keynesian Economics, April.

Bleaney, M. (1977): Teorías de las crisis, México, Nuestro Tiempo.

Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

Sardoni, C. (2015): “Is a Marxist explanation of current crisis possible?” The Review of Keynesian Economics, vol. 3, pp. 143-57.  

Sweezy, P. (1973): Teoría del desarrollo capitalista, México, FCE.

Wisman, J. 2013, “Wage stagnation, rising inequality and the financial crisis of 2008”, Cambridge Journal of Economics, vol. 37, pp. 921-945.

Descargar documento: https://docs.google.com/document/d/1MGkgXz76xUMAVkrckRg1l3VOxxZbrw2vpgcjQDdrqbw/edit?usp=sharing

By Rida Vaquas

March 26, 2021 — Links International Journal of Socialist Renewal reposted from Prometheus Journal — If you ever went to an anti-austerity protest in the United Kingdom in the last decade, you may well have seen the ubiquitous placards demanding a ‘General Strike Now’. In the US ‘General Strike 2020’ briefly trended on Twitter in March 2020, spurred on by popular writers like Naomi Klein and Bree Newsom Bass. Most tellingly, shortly after this, multiple articles appeared explaining what exactly a general strike is. Of course, no socialist would be against a general strike were it to occur. But raising the demand for a general strike, through placards on demonstrations, or by popular tweets, suggests a decline in our ability to think about what mass strikes are, why they happen, and what can be achieved with them.

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Curso on line

Redacción VS 26 marzo 2021 | Formación, , Historia¡Viva la Comuna!Curso Viva la Comuna – viento sur – Bellaterra

Esta primavera se conmemora el 150 aniversario de la Comuna de Paris. Una insurrección obrera que transformó durante 72 días de la primavera de 1871 la ciudad de París en una comuna autónoma y emprendió la revolución más importante del convulso siglo XIX. Una experiencia excepcional e intempestiva, de la que la historia no tiene otro ejemplo de semejante grandeza, un acontecimiento único, dramático y singular, quizá el más extraordinario de este tipo en la historia urbana del capitalismo. Y es que lo más importante de la Comuna, mucho más que cualquiera de las medidas o las leyes que consiguió aprobar, fue simplemente según Marx “su propia existencia”. El valor político de la Comuna es su transcendencia mas allá de sus medidas concretas universalizando su ejemplo como la primera revolución eminentemente obrera que enseñó al proletariado europeo a plantear en forma concreta las tareas de la revolución socialista.

“El cadáver está en tierra, pero la idea está en pie” Esa fue la respuesta que obtuvieron las tropas de Versalles tras la Semana Sangrienta y la matanza posterior que acabo con la experiencia revolucionaria parisina. La Comuna pasara a partir de entonces a pervivir como un mito para las clases populares, superior al de la Revolución de 1789. La experiencia comunal fue un acontecimiento que marco los debates de la Primera Internacional y mas allá de su ruptura, entre marxistas y anarquistas, lo que seguirá uniendo a ambas corrientes será la reivindicación de la Comuna como “símbolo y ejemplo” de otra democracia a construir y del horizonte emancipatorio alternativo para el “género humano” al que aspiran. Porque el impacto de la Comuna sobrevivió a la generación que la protagonizó y sus debates, lecciones y derrota han sido fuente de inspiración en el imaginario revolucionario y el movimiento socialista internacional.

Desde la Revista Viento Sur y Bellaterra Edicions hemos decidido lanzar un curso de cuatro sesiones que tendrá como base el libro ¡Viva la Comuna¡ 72 días que estremecieron a Europa para repensar la Comuna, sus experiencias, sus victorias y sus errores no como un ejercicio ni académico ni de nostalgia, sino militante. Porque como decía Walter Benjamín, debemos recuperar el arte de narrar la historia de tal manera que nos permita encender en el pasado la chispa de la esperanza en el presente. Así, el conocimiento de las experiencias de lucha pasadas se puede convertir en un instrumento inspirador para nuestro conflicto presente.

El curso contara con cuatro sesiones que se desarrollaran los domingos del 25 de Abril al 16 de Mayo comenzando a las 18h y con dos horas de duración. El precio del curso es de 22 euros, que incluye la compra del libro ¡Viva la Comuna! [envío por mensajería]. Las sesiones serán impartidas por las autoras y autores del libro y se repartirán de esta forma:

Sesión Inaugural:

25 de abril – 18h

El Hilo rojo de la Comuna de Paris y sus principales debates dentro de la izquierda (Jaime Pastor y Miguel Urbán)

Segunda Sesión:

2 de mayo – 18h

Autogestión y organización social (Monserrat Galceran); La Banca y la deuda en la Comuna Paris (Eric Toussaint)

Tercera Sesión:

9 de mayo – 18h

Mujeres de la Comuna: de la emancipación a la revolución (Ludivine Bantigny); Después de la Comuna: controversias estratégicas (Stathis Kouvelakis)

Cuarta Sesión:

16 de mayo – 18h

La Comuna: Un salto de Tigre al pasado (Michael Lowy); Los Ecos de la Comuna en el Estado español (Jeanne Moisand)

Inscripción al Curso on line

Ciclo económico y movimientos de precios El análisis en Salario, precio y ganancia de la relación entre movimientos de salarios y precios es complejo. Más importante, no existe la relación lineal “suba (baja) de salarios, suba (baja) de precios” que acostumbra postular la Economía vulgar. Ya hemos mencionado, entre otros elementos que afectan esa relación, […]

Precios y ley económica en “Salario, precio y ganancia” (final) — Rolando Astarita [Blog]

In my view, there are two great scientific discoveries made by Marx and Engels: the materialist conception of history and the law of value under capitalism; in particular, the existence of surplus value in capitalist accumulation.  The materialist conception of history asserts that the material conditions of a society’s mode of production and the social […]

The rise of capitalism and the productivity of labour — Michael Roberts Blog

Negaciones y paradojas


Maciek Wisniewski


Esto es una paradoja. Aquí hay ley y, en situaciones así, está de nuestro lado. No somos una república bananera”, dijo el líder de un país X, que ya va por sus cuartas elecciones generales en dos años (y bien podría ir a quintas: nadie tiene una mayoría). Un país que tiene dos primeros ministros, supuestamente rotándose o más bien haciéndose tropezar (siendo él, uno de ellos). Una nación que, a pesar de ufanarse de ser una democracia fuerte -incluso la única en Medio Oriente (sic)-, es en realidad, como dictaminó uno de sus más prestigiosos organismos de derechos humanos, “un régimen de apartheid” (hasta aquí los sueños sobre la democracia). Una nación cuya ocupación del país Y no es temporal ni externa, sino perpetua y transversal para todas sus instituciones. Y central para el imperante sistema de opresión y exclusión racial en el propio país y en los territorios ocupados. Un país que se ufana de tener el ejército más moral del mundo (sic), pero que en realidad ha cometido incontables masacres de civiles. Y que al final ni siquiera es un Estado, sino un ejército con un Estado adjuntado (véase: Haim Bresheeth-Zabner, An army like no other, Verso, 2020). Uno que está supeditado y depende totalmente en su presupuesto militar de una potencia Z, responsable, de hecho, por extender la “frontera bananera” en América Central (aunque por el peculiar carácter de esta dependencia a veces parece que la potencia está… sujetada al apéndice). Y finalmente uno cuya economía depende casi exclusivamente de la exportación de un solo bien: la violencia-armas y tecnologías militares (véase: Jeff Halper, War Against the People, Pluto, 2015).

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Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales

 Este libro consta de una serie de ensayos cuyo objetivo es plantear problemas de investigación en Historia. No es un recetario metodológico, sino más bien se trata de plantear cómo algunos historiadores han encarado su labor y elaborado diversas formas de aproximación que les permitieran respuestas. Ninguno de los autores y autoras de este volumen pertenece a la misma “escuela histórica”, y de hecho son pocas las coincidencias en cuanto a enfoques teóricos y perspectivas historiográficas. Son estos contrastes, a partir de sus prácticas como investigadores, los que creemos tienen utilidad. Se trata de plantearles problemas y sugerencias a los futuros historiadores para que éstos, abriendo sus mentes y flexibilizando sus prácticas, puedan encontrar, cada uno, su propio método para “hacer historia”. 
 Descargar el libro

Por Meagan Day

07.09.2018

La comercialización progresiva ha creado incentivos perversos para los investigadores, amenazando la corrupción total de la ciencia misma.

La universidad existía antes del capitalismo, y a veces se ha resistido a la obediencia a los dictados del mercado capitalista, persiguiendo no el beneficio sino la verdad y el conocimiento. Pero el capitalismo devora lo que puede y, a medida que extiende su dominio, no es de extrañar que la universidad moderna se someta cada vez más a lo que Ellen Meiksins Wood llama “los dictados del mercado capitalista – sus imperativos de competencia, acumulación, maximización de los beneficios y aumento de la productividad laboral”.

En el mundo académico, ese imperativo se manifiesta de manera visible: publicar o perecer, financiamiento o hambruna.

Sin inversión pública, las universidades se ven obligadas a jugar según las reglas del sector privado, es decir, a funcionar como empresas. Las empresas, por supuesto, tienen que ver con el resultado final, y la salud del resultado final depende de la maximización de los beneficios, que a su vez depende de una evaluación cuidadosa y constante de los insumos y los productos. El resultado para la ciencia académica, según los investigadores Marc A. Edwards y Siddhartha Roy en su documento “Academic Research in the 21st Century: Maintaining Scientific Integrity in a Climate of Perverse Incentives and Hypercompetition”, ha sido la introducción de un nuevo régimen de medición cuantitativa del rendimiento, que rige casi todo lo que hacen los investigadores científicos y tiene repercusiones observables en sus prácticas de trabajo.

Estas métricas y puntos de referencia incluyen “el recuento de publicaciones, citas, recuentos combinados de citas y publicaciones (por ejemplo, el índice h), factores de impacto de las revistas (JIF), el total de dólares de investigación y el total de patentes”. Edwards y Roy observan que “estas métricas cuantitativas dominan ahora la toma de decisiones en la contratación, promoción y permanencia en la facultad, los premios y la financiación”. Como resultado, los científicos académicos están cada vez más impulsados por un deseo frenético de conseguir que sus investigaciones sean financiadas, publicadas y citadas. “La producción científica medida por el trabajo citado se ha duplicado cada 9 años desde la Segunda Guerra Mundial”, señalan Edwards y Roy.

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